Gaitas y tambores para despedir a Erundina Fernández, dama del folclore

Familiares y amigos de Erundina Fernández acudieron a su funeral en la iglesia de San Lorenzo. / JOAQUÍN PAÑEDA
Familiares y amigos de Erundina Fernández acudieron a su funeral en la iglesia de San Lorenzo. / JOAQUÍN PAÑEDA

«Era una mujer alegre, con ella siempre acababas bailando el xiringüelu o cantando asturianaes», rememora Germán Heredia

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

La música que la hizo feliz durante toda su vida, la de la gaita y el tambor, sirvió ayer a sus familiares y allegados para dar un emotivo último adiós a Erundina Fernández (Gijón, 1929). Más de un centenar de amigos de la incansable bailarina de danzas regionales acudieron a mediodía de ayer a darle su último adiós en la iglesia de San Lorenzo. Pero más que lágrimas, el recuerdo de la siempre alegre Erundina, que falleció el domingo a los 88 años, despertaba una sonrisa al pensar en lo mucho que les aportó conocerla.

El párroco de Granda, que ofició la ceremonia, destacó la dedicación de Erundina al folclore, «que tantas veces valoramos poco». También agradeció «el bien que hizo a tanta gente, a tantos chavales y a nuestra ciudad». «La música y la danza educan casi más que cualquier libro y Erundina educó en ellas a muchos niños», remarcó antes de bendecir el féretro.

Después tomó la palabra Germán Heredia, presidente de la Unión de Comerciantes, cuya familia estuvo muy ligada a Erundina. «Se nos fue 'Erun'», lamentó, «aunque su familia y sus amigos la llevaremos en el pensamiento y en el corazón». «Ella siempre formó parte de nuestras vidas. 'Erun' compartió con nosotros sus penas, sus alegrías y cómo no, su pasión: el baile con mayúsculas», rememoró Heredia. «Decir baile es decir Erundina y gracias a ella muchas generaciones conocieron y conocen nuestros bailes regionales». Memorables eran también los festivales de fin de curso de los colegios en los que dio clase, los recuerdos que traía de sus viajes o los bailes que improvisaba en cualquier espicha-«con ella siempre acababas bailando el xiringüelu o cantando asturianaes»-.

«A la hora de la juerga, siempre era la primera que arrancaba a bailar», comentó Ángel Salas, compañero del grupo Jovellanos. «Le gastábamos bromas infinitas que con su carácter afable e ingenuo siempre perdonaba».

Tomás, hermano de la fallecida, recordaba ayer sus trajes siempre impecables, cuando bailó para el Rey o aquella vez que, mientras paseaban, Erundina le dejó tirado repentinamente al ver un grupo de baile en el paseo de Begoña. «Era terrible, siempre enseñando a bailar».

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