Un gallo rojo apodado Churruca

Jesús Montes Estrada y Pablo Batalla Cueto sujetan el libro sobre la vida de Churruca, en la plaza de San Miguel. / DAMIÁN ARIENZA
Jesús Montes Estrada y Pablo Batalla Cueto sujetan el libro sobre la vida de Churruca, en la plaza de San Miguel. / DAMIÁN ARIENZA

Pablo Batalla Cueto presenta un libro basado en la vida de Jesús Montes Estrada | El autor utiliza la historia del exconcejal de IU como hilo conductor para repasar los hitos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX

PALOMA LAMADRID GIJÓN.

Recuerda Jesús Montes Estrada que conoció a Horacio Fernández Inguanzo en 1965 en una reunión clandestina organizada en San Martín del Rey Aurelio. Churruca, que por aquel entonces tenía quince años, quedó asombrado con la capacidad de oratoria del histórico dirigente comunista. «Pregunté quién era y me dijeron: 'un paisano'», señala. No fue hasta varios años después cuando se enteró de que no era uno, sino 'El Paisano'. Así rememora Montes sus primeros contactos con la lucha sindical y la política, que le llevaron a vivir algunos momentos cruciales en la historia moderna de Gijón, Asturias y el resto del país. Nacido en La Güeria Carrocera, a escasos kilómetros de El Entrego, la mina supuso pan (y también muerte) para las generaciones anteriores.

El 18 de julio de 1968 -justo el día que se cumplían 32 años del golpe militar contra el gobierno de la Segunda República- se trasladó a Gijón con su familia en busca de una manera de labrarse el futuro fuera de los pozos. Una historia similar a la de numerosos vecinos de las cuencas que fijaron su residencia en la villa de Jovellanos tras haber dedicado años a extraer carbón de las entrañas de Asturias. Un historia, la de Churruca, que se enmarca en los acontecimientos sociales más importantes de finales del siglo XX, por lo que sirve como excusa narrativa para relatar esos hitos. Así lo consideró Pablo Batalla Cueto, el autor de 'Si cantara el gallo rojo', la biografía social de quien fuera durante dos décadas concejal de IU en el Ayuntamiento de Gijón. «Podíamos contar varias épocas a través de su propia vida como hilo conductor para contar aquellas luchas», explica el historiador gijonés. La idea surgió a raíz de una entrevista a Churruca, pero el proceso de documentación y redacción supuso dos años. El fruto de ese trabajo lo presentará el lunes, a las siete de la tarde, en la Biblioteca Pública Jovellanos, Jesús Iglesias.

Un 'gochín' en El Molinón

El volumen, de más de cuatrocientas páginas, se divide en períodos temporales que conjugan fases de la vida de Churruca con acontecimientos históricos, como militancia en la clandestinidad, la legalización del Partido Comunista y el desmantelamiento industrial. Batalla Cueto remarca que esta biografía, precisamente por su carácter social, no supone un mero «anecdotario», aunque hay episodios vividos por Churruca muy valiosos y con diferente cariz. Algunos con visos trágicos, como la represión sufrida en su concejo natal, «donde había una ocupación militar y los falangistas masacraban a quien fuera».

Otros con tintes cómicos: «A mediados de los ochenta, soltamos un 'gochín' en El Molinón cuando jugaba el Madrid para protestar por la situación de los astilleros. Lo embadurnamos de aceite y salió Quini a perseguirlo. Se lo llevaron al vestuario y fui a reclamarlo porque de allí no marchaba sin el gochu». Pocos años después, en 1991, pasó de la lucha sindical en el sector naval a ocupar un puesto de concejal en el Consistorio, que no abandonaría hasta 2011. «En esos años, atravesamos situaciones muy difíciles, como en el 99, cuando el PSOE tenía una mayoría aplastante con 17 de los 27 concejales de la Corporación y en IU éramos dos», indica. En el primer mandato de Paz Fernández Felgueroso, «la tendencia de los socialistas fue tirarse a la bartola y empezar a hacer algunos experimentos, como congelar impuestos durante esos cuatro años, una decisión que seguimos pagando ahora». En 2003, «el PSOE sufrió un varapalo tremendo y decidimos, casi por unanimidad, entrar en el gobierno municipal». Destaca de este período los planes de fachadas y de ascensores, «que significaron dignificar a los ciudadanos». Churruca asegura que no le quedan espinitas clavadas de su etapa como edil, aunque echa de menos un tranvía «que permitiría colocarse en cualquier zona de la ciudad», uno de los proyectos que más ambicionaba IU años atrás.

Ahora no ocupa un cargo orgánico dentro del partido, aunque sigue activo en el apoyo de actos de protesta (fue uno de 'los nueve del Jovellanos'). Lejos de los puestos de responsabilidad, «si alguien me pide una opinión se la doy. Si no, no la doy salvo en los chigres y con gente de confianza, desde luego procurando no manifestarla públicamente». Entre reivindicaciones, tiene tiempo para «beber sidra, ir a la compra y cocinar», además de para atender a los tres gatos que su hija ha dejado a su cuidado.

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