'Gandul', 1.300 kilos de nobleza

'Gandul', Ainhoa y su madre, Marta Vega. / FOTOS: AURELIO FLÓREZ

La feria del campo combina cuatrocientos expositores de reses y productos de la huerta con concursos de frisona y arrastre de bueyes | Una niña con síndrome de Rett y su toro visibilizan la enfermedad en Agropec

GLORIA POMARADA GIJÓN.

Vacas frisonas, gallinas, ovejas, bueyes y una amplia variedad de productos de la huerta asturiana hacen del recinto ferial Luis Adaro un microcosmos del medio rural asturiano. La primera jornada de Agropec sirvió ayer para instalar a los animales en unos pabellones reconvertidos en establos y desplegar la cosecha de manzanas, patatas o nueces por los cuatrocientos expositores que integran la gran cita del campo y las industrias agrícolas. «Agropec tiene una cosa fundamental, que es traer el mundo rural al urbanita, donde a veces se pierde la perspectiva», destacó Álvaro Muñiz, director del recinto ferial.

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Para deleite de visitantes y estímulo de solidarios llega este año el gozoniego 'Gandul'. En su redil, el imponente toro de 1.300 kilos se transforma en un dócil compañero con las caricias de la pequeña Ainhoa. La niña, de 5 años, padece síndrome de Rett, una enfermedad rara que afecta al desarrollo neurológico. «Después de que Ainhoa empezase en la terapia ecuestre de Las Mestas, como yo soy ganadera y 'Gandul' es muy noble, empezó a ayudarme a cepillarlo. Se crió con él y tienen una relación muy especial», cuenta la madre de la pequeña, Marta Vega. Aprovechando «la visibilidad» que da el curioso vínculo entre niña y toro, los visitantes pueden acercarse al redil y colaborar en la lucha contra la enfermedad. «Los fondos se destinarán a la investigación», explica Vega. Con menos valentía que Ainhoa, pero con la misma atracción por el medio rural se acercaron los escolares a las reses que pueblan el recinto. «En naturales estamos estudiando los animales. Me encanta la naturaleza pero no estoy en contacto con ella. Me gustaría estarlo más porque da mucha tranquilidad», cuenta Sara Alonso, alumna de 5º de Primaria del colegio Montedeva. Desde sus carritos, una treintena de niños de entre cero y tres años de la guardería El Patio de Mi Casa contemplaron admirados las vacas de raza frisona. «Es la primera vez que las ven. Les encantan todos los bichos y así los conocen un poco más», explica Arantxa Fernández, educadora del centro.

«Feminidad» de la frisona

El pabellón central, establo de las 211 frisonas que participan en el concurso nacional Conafe, fue ayer uno de los puntos más ajetreados del recinto. Los ganaderos de las 47 explotaciones nacionales e internacionales participantes cepillaron con mimo a sus ejemplares de cara a la trigésimo octava edición de la competición que hoy se celebra. «Es importante que tengan hueso lechero, que muestren feminidad e isquiones bien puestos para parir con facilidad», apunta sobre la frisona ideal Pol Collell, miembro del jurado. «La vaca que gane aquí tiene que ser la mejor para ordeñarla en el día a día».

Otra de las pruebas que hoy acoge el recinto es la de arrastre de bueyes, con piedras que van de los 800 a los 1.800 kilos. «Están entrenando todo el verano», indica José Manuel Vega sobre sus diez reses. «Poco a poco se les va poniendo más peso, no se pueden cargar mucho al principio porque no saben arrastrar», explica Luis Camuño, carreterero desde hace cuarenta años. «Los bueyes son mi afición. Mi abuelo y mis tíos vivieron de ello y yo sigo», destaca Germán Albuene, con seis ejemplares a competición.

La artesanía está también presente en Agropec, con veteranos del oficio como el luarquín Vicente Alba. «Estoy recuperando los cestos de pesca que se hacían antiguamente», explica mientras trabaja la madera. La muestra agrícola se completa con estands de venta al público de productos de la huerta y de la industria agroalimentaria asturiana, como quesos, embutidos, miel o conservas.

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