«La gente quiere ganar. Yo me lo pasaba bien jugando»

Manuel Pazos, 'Grupista Ejemplar 2017'. / PURIFICACIÓN CITOULA
Manuel Pazos, 'Grupista Ejemplar 2017'. / PURIFICACIÓN CITOULA

Manuel Pazos, 'Grupista Ejemplar', se hizo socio para jugar a pala en el frontón de Emilio Tuya, el único que había en Gijón

E. C. GIJÓN.

Asegura que tiene poco de ejemplar y que otros muchos acumulan méritos mayores que él para obtener el reconocimiento oficial del Grupo, ya que autocalifica como «vulgar» su trayectoria en una sociedad en la que está a punto de cumplir sesenta años y que este ejercicio lo sitúa como modelo a seguir para nada menos que 39.000 socios. Manuel Pazos, 77 años, reconoce que se hizo socio del Grupo exclusivamente para poder jugar a pala, pues en sus instalaciones se encontraba el único frontón que hace algo más de medio siglo había en Gijón. «Los entonces más veteranos -recuerda- nos miraban a los jóvenes como a bichos raros, pero pronto nos integramos con personas como Mercurio o Revuelta y empezamos a valorar el ambiente de camaradería que todavía conservamos. Yo comprendo que ahora el Grupo, con casi 40.000 socios que somos, es otra cosa, y no seré yo quien diga que evoluciona a peor, porque no pretendo que ahora piensen como nosotros. Pero eso no impide que eche de menos y valore el Grupo de antes».

Un cura navarro del Corazón de María tuvo la culpa, al parecer, de que Manuel Pazos se 'enganchara' al deporte vasco por excelencia, con la salvedad de que «a mano no me hacía mucha gracia».

El caso es que esa «vulgaridad» de la que habla Pazos parece haber sido valor determinante para su designación como ejemplar, aunque sea en una sociedad deportiva que el 8 de septiembre le hará compartir escenario y honores con los grupistas que obtuvieron medallas en competiciones nacionales o internacionales.

Pelota perdida

Pazos tiene y no oculta una concepción poco competitiva del deporte, y lo expresa claramente con la afirmación de que «a la gente le gusta ganar, pero yo me lo pasaba bien jugando y, si ganaba, que también ocurrió, pues mejor». Tan es así que Pazos, al referir alguna anécdota de sus inicios en el Grupo, no recuerda una partida épica, sino que el día que él y otros compañeros estrenaron palas en el frontón de la actual calle de Emilio Tuya fueron incapaces de encontrar una pelota lanzada fuera de los límites previstos, «que en aquellos tiempos no era poca pérdida, porque costaba una pasta».

No es una competitividad escasa lo único que diferencia al grupista ejemplar de 2017 del común de los deportistas. Su fe en los beneficios de algunas especialidades es más que limitada. «El deporte es bueno para la cabeza -explica Pazos-, pero no para el cuerpo. Alguno, como el frontón, te deja hecho una ruina». Y apostilla: «A mí me encantó la pala, pero si llevas mucho tiempo practicándola, es fácil que el traumatólogo te recomiende dejarla. Es un ejercicio asimétrico y tanto la espalda como la columna, el codo y los hombros sufren mucho. No digo que alguien que programa muy bien determinados ejercicios en el gimnasio no pueda ganar físicamente, pero yo empecé con la pala, pasé al ténis, a correr, y ahora un grupo de veteranos intentamos reparar los males sufridos en el gimnasio de mantenimiento».

Pazos fue tentado, hace mucho tiempo, a formar parte de la directiva grupista, pero asegura que ni tan siquiera lo pensó: «El Grupo, para mí, siempre significó diversión. Es verdad que alguien tiene que ser presidente, pero no le arriendo la ganancia. Y menos ahora, que hay tensiones, como ya hubo en algún otro momento. Al Grupo lo tenemos que regir los socios y evitar la politización. No sé si existe. Yo no la percibo, pero eso no quiere decir que no exista».

El número de socios

Manuel Pazos añora un Grupo que es historia, pero sigue gustándole el actual. «Yo aquí me encuentro de puta madre, valga la expresión. ¿Que está saturado? Pues sí. 39.000 socios es una salvajada, pero con menos sería muy caro».

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