GIJÓN ESTÁ DE FIESTA

Conciertos en diferentes puntos de la ciudad, novillada en El Bibio... Y mientras tanto, decenas de personas trabajan para que todo salga bien mientras la ciudad apura la 'Semanona'

Azahara Villacorta
AZAHARA VILLACORTAGijón

Esto es un no parar», advierte, de mano, el subinspector de la Policía Local de Gijón Pedro Maujo mientras que su móvil echa humo porque, al otro lado de la línea, sus compañeros le reclaman instrucciones para bregar con «el jaleo que se monta» día sí y día también en los accesos a la Feria de Muestras.

El subinspector de la Policía Local de Gijón Pedro Maujo. / J. PAÑEDA

Maujo es solo uno de los cientos de protagonistas en la sombra de esta Semana Grande, esos que no suelen aparecer en la foto, pero que resultan imprescindibles para que todo salga a la perfección en la 'Semanona', la 'fiestona' de las fiestas, que saca a toda la ciudad y a parte del extranjero a la calle: de los conciertos a la seguridad pasando por la limpieza o las actividades de todo tipo y para todo público que se concentran en «unos días de locura». El subinspector sabe bien de lo que habla, porque lleva más de veinte 'Semanonas' velando porque no haya incidentes. Concretamente, desde aquellos tiempos en los que salía a patrullar con camisa, pantalón de pinzas y gorra de plato, recuerda enfundado en un moderno uniforme que ha sustituido el tergal por un tejido técnico.

Lo que no ha cambiado -apunta- es que esta sigue siendo «una de las semanas más complicadas del año», con un punto caliente por excelencia: «La Noche de los Fuegos, cuando se refuerzan los turnos y la mitad de la plantilla está en la playa».

Pero, de momento, por aquello de abrir boca, este año ya han tenido que enfrentarse a situaciones «caóticas» como «la que se montó a la salida del concierto de The Offspring», que se suman a las habituales («niños perdidos, gente desorientada e incluso un chaval que iba bebido y que cayó desde el Muro a la arena de San Lorenzo sin que hubiese que lamentar daños graves») y a potenciales enfrentamientos de nuevo cuño como la manifestación de los antitaurinos a las puertas de El Bibio, prevista para hoy mismo.

En la plaza lleva desde mediados de julio la cuadrilla que se ocupa de que, «cuando el toro salga por la puerta de chiqueros todo esté en perfecto estado de revista, de las plantas del callejón a las líneas que se pintan en la arena», cuenta Juan Carlos Rodríguez 'Cali', uno de los más veteranos de «la tropa», como se autodenominan, entre cuyas misiones se encuentra lidiar con los diestros, cosa no siempre fácil.

Alfredo López, Federico de la Vega, Julio de Llanos, Daniel Alija, Juan Carlos Rodríguez y Juan Pedro García, la cuadrilla de El Bibio, ante la puerta de chiqueros. / P. CITOULA

«Los toreros son casi todos muy raros porque están sometidos a mucha presión», asegura este tordesillano al que los astados le han «perdonado la vida tres o cuatro veces», porque él es quien se encarga de conducir a los animales hacia las entrañas del coso gijonés, donde los animalistas les llaman «de todo» y les mentan «a las madres».

«Parecen que no tienen nada mejor que hacer cuando yo creo que hay problemas mucho más importantes que resolver y que somos muchas personas las que vivimos de esto», alega en su defensa. «Y es verdad que estamos en un país democrático y que cada uno puede protestar por lo que quiera, pero no hace falta insultar a nadie», espeta.

Y si 'Cali' y el resto de la cuadrilla van viajando de feria taurina en feria taurina jugándose el tipo sin aplausos, arrimándose a su manera, la que no se mueve de su puesto en la taquilla del Jovellanos es Carmen Fariñas, que ha visto muy de cerca a decenas de monstruos de las tablas y a algún que otro divo metido a cantante: «Me sorprendió muchísimo Luis Miguel, que entre sus requisitos puso el de no encontrarse a ninguna mujer en el trayecto que iba del camerino al escenario».

Carmen Fariñas, en la taquilla del Jovellanos.Carmen Fariñas, en la taquilla del Jovellanos. / JOAQUÍN PAÑEDA

Pero la cosa se le complica estos días, en los que «las obras son mucho más comerciales y acude mucha gente que no suele ir normalmente al teatro». Así que «hay que explicarlo todo mucho más».

«Por ejemplo, el público de Arturo Fernández es un público bastante mayor y todos quieren lo mismo: una butaca centrada y cerca, porque el que no ve mal oye peor». Así que a Carmen Fariñas le toca tirar de paciencia y de sonrisa incluso cuando los espectadores le piden que sea ella la que decida la ubicación de sus asientos. «Porque, al fin y al cabo, lo que estás vendiendo es ocio, que la gente se lo pase bien, y eso es algo muy gratificante».

Sonrisa permanente como la que exhibe Laura Otero, que recibe a los visitantes del Jardín Botánico sin importarle nada no poder coger vacaciones hasta septiembre.

Laura Otero atiende a una visitante en el Botánico. / JOAQUÍN PAÑEDA

«Estamos a tope y muy contentos, porque la gente viene y alucina», explica esta gijonesa que pone un ejemplo de la fidelidad de los visitantes: «Una pareja llegó con entradas para la actuación de Rodrigo Cuevas en nuestra Terraza, pero se equivocaron porque el concierto había sido la noche anterior y se les había pasado». Pues bien: «Les dio igual. Compraron otras para el concierto que había ese día».

Miguel Cortés, peón de Emulsa, que, aunque empieza a tener faena extra a partir de las fogueras de San Xuan, no se estresa por más que haya quien compare el vehículo eléctrico que conduce «con el carrito del helado», quien intente ayudarle a baldear a altas horas de la madrugada o quien le coja el cepillo y el carro «por hacer la gracia». Pero si hay una escena que se repite noche tras noche, Miguel Cortés destaca una: «Hay mucha gente que quiere emular a Carmen Maura en aquella película de Almodóvar y que me pide que les riegue, pero no se dan cuenta de la presión tan grande que tiene el agua».

Miguel Cortés, a bordo del vehículo eléctrico en el que trabaja / JORGE PETEIRO

Y, como la realidad casi siempre supera a la ficción, Boby García, al frente de Pronorte, la empresa que se ocupa de que los conciertos de la plaza Mayor sean «conciertazos», con 32 años de oficio a sus espaldas en los que ha trabajado con los más grandes (de B. B. King a Plácido Domingo pasando por Oasis), nunca pudo imaginarse que «una actuación del Dúo Dinámico provocase tal 'petazo' en el paseo de Begoña que obligase a trasladar las actuaciones a la explanada del Náutico. Y que, una vez allí, un día llegasen Los Chunguitos y aquello fuese el colapso, con las carreteras cortadas, la Policía desviando el tráfico...». Lo que finalmente motivó que los recitales de más empaque se llevasen a Poniente, reservando la plaza Mayor para los más íntimos.

Roberto Alperi, José Ramón Gutiérrez, Carlos Domínguez, Basi Borrego, Jorge Cueto, Rné Fernández y Boby García conforman el equipo de Pronorte al mando del escenario de la plaza Mayor / JORGE PETEIRO

O que, «antes del concierto de la Filarmónica de Nueva York en la plaza de toros, sus integrantes decidieran irse a la playa en vez de a probar sonido». Ni siquiera que «echaría más horas que nadie» sin queja: «Trabajar para que el resto se divierta es casi vocacional»

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