Gijón suena a playa y tortilla

Javier Suárez Quirós, René de Coupaud y Zaida Hernández, en el Antiguo Instituto, escuchan los sonidos de la ciudad previamente grabados por los vecinos. / JOAQUÍN PAÑEDA

La EPI y el Taller de Músicos quieren convertir el Día de la Escucha y su mapa sonoro en un fijo en el calendario estival

CHELO TUYA GIJÓN.

De repente, se oye la megafonía de la playa. Tal alta y diáfana como, si en lugar de en el patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, el oyente estuviera tumbado en la toalla en la Escalerona. «Es una información del equipo de salvamento», dice la voz. Inmediatamente, comienza el claro batir de huevos, rítmico, rotundo, que apunta a una gran tortilla. Y el ruido de unos congeladores de un centro comercial. Y llega el rugir de las llamaradas necesarias para hacer volar un globo con pasajeros. Y un agricultor de Caldones que llama, con un sonido tan sobrenatural como irreproducible a las abejas a hacer su enjambre...

Así hasta sesenta sonidos. Los aportados por otros tantos gijoneses que han participado en la iniciativa #EscuchandoGijón, la puesta en marcha por el grupo 13G de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón (EPI) con el apoyo del Taller de Músicos de la Fundación Municipal de Cultura. La idea era celebrar el Día de la Escucha, que el mundo conmemora cada 18 de julio, con un mapa sonoro de la ciudad. Y se pidió a los gijoneses que, hasta el pasado 3 de julio, enviaran una grabación con su sonido de Gijón.

En contra de lo esperado, no es el de la mar el sonido protagonista. Ni tampoco la sidra escanciada como antesala de fiesta o las cafeteras a pleno rendimiento que anuncian un desayuno con pincho y periódico. «Tenemos mucha música, porque en la ciudad hay muchos acontecimientos musicales. Nos han enviado actuaciones de la Banda de Gaitas, conciertos en hoteles o el Festival de Música Antigua, pero también los motores de los congeladores de un supermercado, el batir de huevos o los pájaros del Parque de Isabel la Católica», aseguró René de Coupaud.

El director del Taller de Músicos presentó ayer, junto al profesor Javier Suárez Quirós y la musicóloga Zaida Hernández el resultado de la colaboración espontánea de los gijoneses «que nos ha dado poca edición: salvo limpiar los ruidos de la grabación, ensamblarlos fue muy sencillo», aseguró. Desde las once de la mañana y hasta las siete de la tarde, el resultado de esa mezcolanza sonó de forma continuada en el Antiguo Instituto.

Peticiones de Berlín

Tras el estreno, «lo que vamos a hacer es publicarlo en la web en los próximos días», explicó Javier Suárez, quien tiene claro que «queremos dar continuidad a esta iniciativa. Así o parecida, pero estamos muy contentos con el resultado. Pretendemos que el Día de la Escucha se convierta en una de las fechas singulares del verano gijonés».

Lo será porque muchos han hecho saber su interés en participar. «Tuvimos peticiones desde Berlín, de gijoneses que estaban allí», explicó Zaida Hernández, quien destacó, entre todos, «el agricultor de Caldones. Su llamada a las abejas es impresionante».

Una iniciativa que apunta, también, soluciones a los conflictos que genera el sonido en su aspecto desagradable: el ruido. «Hay que impulsar el patrimonio que supone el sonido. Si lo hacemos, tendremos más posibilidades de minimizar sus molestias», sentenció Suárez.

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