Greenpeace apoya en El Musel cambiar el carbón por energías renovables

Tatiana Nuño, en El Musel, con el barco de Greenpeace 'Esperanza' de fondo. / PURIFICACIÓN CITOULA
Tatiana Nuño, en El Musel, con el barco de Greenpeace 'Esperanza' de fondo. / PURIFICACIÓN CITOULA

«Europa dio muchas subvenciones para crear alternativas sostenibles de empleo, pero no hay ejemplos de que se haya logrado», asegura

E. C. GIJÓN.

Greenpeace, una de las organizaciones ecologistas con más veteranía y prestigio internacional, desembarcó ayer en El Musel, principal puerto carbonero de España, para defender la sustitución de las centrales térmicas por fuentes de energía renovables. Lo hizo dentro de una campaña contra el cambio climático que coordina Tatiana Nuño. Consciente de que no es fácil proponer en Asturias el cierre de las minas, Nuño explicó que es imprescindible «acelerar la transformación hacia energías cien por cien renovables» porque «cuanto más tardemos, más sufriremos los efectos del cambio climático». Apuntó que la Unión Europea concedió «muchas subvenciones para crear alternativas sostenibles de empleo», pero lamentó que «no hay ejemplos de que se haya logrado». En todo caso, citó también que «la mayoría» del carbón que se quema en las térmicas «es de importación».

Greenpeace asegura que la quema de carbón es el principal «motor» del cambio climático, que se está notando ya con la elevación de la temperatura global (1,1 grados en 2016), la elevación del nivel del mar, de la intensidad de los temporales y la sequía. En Galicia y Asturias hay siete centrales térmicas, precisó Nuño, y «este es un año clave porque se están negociando políticas energéticas tanto a nivel local como europeo y hace falta sustituir plantas de energía sucia por energías cien por cien renovables. Vamos tarde, pero estamos a tiempo. Hay que atajar la quema de carbón, pero, por supuesto, con políticas de transición justas».

Respecto a la actitud de ciudadanos y administraciones ante el problema, Tatiana Nuño aseguró que las personas se sienten exclusivamente «clientes» de las compañías eléctricas, que a menudo relacionan con «puertas giratorias» y casos de corrupción, cuando pueden jugar un papel de mayor protagonismo en «un sistema energético basado en las energías renovables y en manos de las personas». En cuando a las instituciones, la representante de Greenpeace censuró que «el Gobierno está jugando un papel para nada innovador», que no permite prever una «renovación del sistema». Eso hace que a veces la organización ecologista opte por la protesta pública de sus activistas, como ocurrió anteayer con la terminal carbonera de La Coruña como escenario. Y es que, planteó Nuño, «luchar contra el cambio climático tiene dificultades porque están implicados grandes intereses, pero desde los acuerdos de París la ciudadanía está más movilizada y debe ser capaz de gestionar la propia energía».

Sobre si las energías renovables obligan a renunciar a algo propio de la sociedad actual, Nuño aseguró que los estudios de Greenpeace, en colaboración con varias universidades y grandes expertos, demuestran que «es posible satisfacer el sistema energético con renovables y debería tenerse en cuenta para planificar un abandono ordenado de las energías sucias». «Hay que seguir construyendo, pero para las personas y con el medio ambiente en el centro».

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