El Grupo Covadonga, los hunos y los hotros

CARLOS PRIETOGIJÓN.

El Grupo afronta mañana una asamblea que marcará su rumbo los próximos años, al vincular el presidente de la entidad, Antonio Corripio, su continuidad a la aprobación del presupuesto. Tras el ‘revolcón’ sufrido en el cónclave de abril, cuando sus cuentas, la subida de cuotas y el plan de inversiones fueron rechazados, y con la amenaza de una moción de censura, Corripio, en una decisión sin precedentes, ha hecho de la asamblea de mañana una moción de confianza. «Por responsabilidad y por coherencia», defiende cuando se le pregunta por tan arriesgada decisión. «Nuestros cargos están al servicio del club, y entendemos que sin presupuesto no se puede funcionar». Pueden entenderse o no sus explicaciones, pero lo que no puede ponerse en duda es su valentía, la confianza que tiene en su proyecto y, también, que no quiere convertirse en el chivo expiatorio de una guerra en la que le han metido. La realidad es que el Grupo vive una auténtica guerra civil, por una lucha de intereses contrapuestos que ha unido a los Hunos y a los Hotros, como diría Unamuno, contra la junta directiva de Corripio, en una campaña de desprestigio sin precedentes en las últimas décadas y que en el fondo a quien está dañando es a la propia entidad. Soy socio desde los tres años. Nieto, hijo, esposo y padre de socios. La mayoría de mis recuerdos de juventud giran alrededor del Grupo. En él desarrollé mi personalidad y forjé los principios del deporte y la convivencia. Y creo que no me ha ido mal en la vida, por lo que me enorgullece ver a mis dos hijas crecer con los valores grupistas que aprendí de niño. Sin embargo, he de confesarles también mi hartazgo, cansancio e indignación ante la sucesión de despropósitos que vienen aconteciendo en la sociedad en la última década y que creo que, ante la trascendental cita de mañana, merece la pena recordar como reflexión al socio. En julio de 2010 asistí en el Juzgado de Primera Instancia número 3 de Gijón al juicio por la demanda del Centro Asturiano contra el Grupo por no ejecutar la absorción pactada por sus directivas en 2006. En sede judicial, el secretario de la junta directiva que entonces presidía Ángel Cuesta reconoció que no se levantaban actas de los acuerdos para la fusión entre el Grupo y el Centro Asturiano. Es decir, de la mayor operación que afrontó el Grupo en su historia desde el traslado desde la calle del Molino a Las Mestas, la directiva de entonces no levantaba actas. A partir de ahí, es fácil explicar la sucesión de chapuzas que condujeron a la judicialización de la entidad, con las gravosas consecuencias que tuvo para su economía, además, y quizás más importante, de la división social. Pero si pensamos que cuando todo va mal, las cosas puenden ir incluso peor, cumpliéndose la Ley de Murphy, siete años después de los hechos anteriormente recordados, y ya bajo la presidencia de Enrique Tamargo, el Tribunal Supremo anuló todos los acuerdos de las asambleas generales del Grupo desde el 30 de junio de 2011, así como las elecciones celebradas el 24 de marzo de 2012. Es decir, todo un mandato, en una decisión sin precedentes en una entidad deportiva de la categoría del Grupo Covadonga. Comprenderán por tanto que yo, que soy un solitario, como decía el sabio salmantino, ni de los Hunos ni de los Hotros, esté harto de tanto sinsentido, de escuchar tantas descalificaciones, de ver tantos intereses personales, tantas guerras fratricidas. No sé lo que pasará mañana, pero intuyo que si los presupuestos son rechazados y nos adentramos en un nuevo proceso electoral, las consecuencias para el Grupo serán peores que las que tiene por delante la actual directiva, ya que los opositores a la gestión de Corripio tampoco forman un movimiento unitario, es más, me atrevería a decir que entre estos grupos opositores hay enormes diferencias y la entidad se vería abocada a un callejón sin salida de imprevisibles consecuencias. Por tanto, creo que los grupistas solitarios como yo debemos acudir a votar mañana para frenar la sinrazón, olvidar rencores y poner en valor a nuestro querido Grupo, al que le auguro un futuro esplendoroso si es capaz de aparcar sus divisiones internas. Y van a permitirme acabar recordando unas palabras sobre el Grupo Covadonga de Francisco Carantoña con motivo del 50 aniversario de la entidad y que, como tantos escritos de él, su vigencia sigue intacta. «El mejor elogio que se puede hacer del Grupo es que él mismo desarrolla con elocuencia extraordinaria cuando se sobrevuela, deletreando visualmente sus instalaciones, y cuando se baja a ras de tierra y se entra en contacto con naturaleza absoluta con quienes le dan vida usándolas a diario. Se puede ir de ese modo definiendo, mirada a mirada, paso a paso, palabra a palabra, el talante de una sociedad que no es solo cemento, ni organización, ni escenario, sino que es sobre todo tradición y espíritu, es decir, que refleja en su configuración, en su estructura, en su forma de practicar la convivencia, la manera de ser gijonesa, el alma de una colectividad aparentemente inclinada hacia lo informal, y que parece constituida no por un conjunto articulado de ciudadanos, sino por la yuxtaposición de ácratas, pero que luego, sin grandilocuencia ni vanagloria sabe hacer grandes cosas, utilizando como materiales el tesón, la continuidad, la coodinación de esfuerzos, la lucidez». Este magnífico texto lo escribía Francisco Carantoña hace casi tres décadas. Mañana, el mismo día en que EL COMERCIO cumple 139 años, pido que la lucidez de la que él hablaba acabe con tantas tinieblas. Por el Grupo, por sus socios, porque formamos la mejor sociedad deportiva de España.

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