Un grupo de encapuchados ataca a los clientes de un bar de Gijón

La calle Óscar Olavarría, donde se encuentra el bar en el que la noche del sábado se produjeron los hechos. / PALOMA UCHA
La calle Óscar Olavarría, donde se encuentra el bar en el que la noche del sábado se produjeron los hechos. / PALOMA UCHA

Aficionados y directivos del Ceares celebraban una fiesta en el local, donde una decena de violentos la emprendió a golpes e hirió a varias personas

AIDA COLLADO GIJÓN.

Fue un brutal ataque, con barras de hierro y, al menos, un martillo. Pasaba ya de la una y media de la madrugada cuando un grupo de unos diez encapuchados irrumpió en un bar de Cimavilla, en la calle Óscar Olavarría, donde disfrutaban de la noche, la música y los amigos cerca de medio centenar de personas. De repente, asistieron atónitos a cómo los agresores, que ya entraron al establecimiento con el rostro cubierto, la emprendían a golpes con todo aquel que se les ponía delante. Según narran varios testigos, gracias a una rápida reacción, algunos de los clientes del bar consiguieron arrinconarlos cerca de la puerta y, cuando los agresores se percataron de que avisaban a la Policía emprendieron una rápida huida. De hecho, no llegó a haber intervención policial porque, para cuando llegaron los agentes ya se habían marchado.

Por lo violento de la agresión cabría esperar más heridos de gravedad. Hubo varios, pero ayer solo se tenía conocimiento de la denuncia interpuesta por un joven, quien resultó entre los peor parados y precisó de atención médica -y varias grapas-, tras recibir un fuerte golpe en la cabeza con uno de los objetos contundentes que portaban los atacantes.

Muchos de los que se encontraban en el bar no creen que el ataque fuera casual. Justo la noche del sábado, aficionados de la Unión Club Ceares celebraban una fiesta en el local. Como cada año, decidieron celebrar la visita de los hinchas del inglés Stockport County, un equipo del sur de Mánchester cuya afición está hermanada con la del club gijonés. Pinchaban, esa noche, dos de sus directivos -uno de ellos, el presidente- y un socio. Por todo ello, creen que los atacantes tenían a los aficionados del equipo en su punto de mira. Sin embargo, otros clientes precisaron que la fiesta estaba abierta para todo tipo de público y aseguraron que cuando el grupo violento empezó a repartir golpes «no preguntaron a nadie quién era ni discriminaron: intentaron pegar a todo aquel al que podían».

La denuncia presentada en la Comisaría gijonesa aclara que la agresión comenzó «sin mediar palabra». También recoge, siempre según la versión de los denunciantes -al menos cinco personas firman el documento, entre ellas, el herido-, que cuando los allí presentes intentaron echar fuera del local a los agresores, «en un momento dado y debido a que hay dos puertas de acceso, la primera cerrada y la segunda abierta, quedaron atrapados en dicho espacio» y fue entonces cuando uno de los atacantes golpea al joven «con un objeto metálico». Consta también en la denuncia que el chaval pudo reconocer «sin género de dudas a su agresor, ya que lo había visto más veces en la zona de Cimavilla».

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Cuando el grupo fue expulsado del bar a la fuerza, continuó aporreando la puerta con objetos contundentes. Ese momento es, precisamente, el que quedó grabado en la retina de una de los testigos. «Cuando vimos lo que ocurría, mis amigas y yo pudimos protegernos tras la barra. El sonido del martillo y la barra contra la puerta, cuando intentaban volver a entrar, es algo que no olvidaré».

Cabe destacar que los denunciantes aportaron un vídeo en el que puede verse con claridad a alguno de los atacantes. La de los clientes del bar no fue la única llamada que recibió ayer la Policía. Otros ciudadanos les advirtieron de un grupo de unas diez personas que iba de un local a otro buscando pelea. Sin embargo, en ningún lado se habían registrado incidentes de gravedad.

Fuentes de la dirección del Ceares reconocen que el incidente mantiene preocupados a algunos de sus aficionados y consideran que, ahora, es de vital importancia que la Policía actúe con contundencia y el grupo agresor sienta «la presión» por lo acontecido. Será el único modo, lamentan, de dejar de ser su objetivo.

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