La Guardia Civil advierte a las tiendas de las multas por vender patatas a granel

Mónica Iglesias, regente de La Esquina de Gijón. /  DAMIÁN ARIENZA
Mónica Iglesias, regente de La Esquina de Gijón. / DAMIÁN ARIENZA

Las sanciones en las zonas infestadas por la polilla guatemalteca, entre ellas Gijón, «van desde 3.000 a 300.000 euros», insiste la Consejería

LAURA CASTRO GIJÓN.

Las tiendas de Gijón tienen prohibido vender patatas a granel. La Guardia Civil lleva desde la semana pasada recordando esta medida a los establecimientos de la ciudad. Forma parte de la resolución aprobada en marzo de 2017 por la Consejería de Desarrollo Rural y Recursos Naturales para luchar contra la plaga de la polilla guatemalteca en las zonas infestadas y su incumplimiento puede acarrear sanciones desde 3.000 hasta 300.000 euros.

Únicamente se pueden comercializar patatas para el consumo directo y deben estar embolsadas en las llamadas mallas mosquiteras. Además, está prohibido vender aquellas que se hayan producido en alguno de los concejos infestados, entre los que se encuentra el de Gijón.

La normativa ha desatado el descontento de los tenderos que la califican como «absurda». Así se expresó Mónica Iglesias, regente de La Esquina de Gijón. Compraban las patatas a una producción que inicialmente estaba ubicada en Taramundi y que cuando comenzó la plaga se trasladó a Foz para evitar problemas. «La obligatoriedad de embolsarlas no servirá para frenar la plaga de las polillas, pues el mayor problema está en los agricultores particulares que comercializan con ellas libremente», criticó Iglesias.

Además, advirtió, esta medida supone «un coste extra para todos, pues los productores deberán invertir en maquinaria para mallar las patatas y las venderán más caras. Los tenderos también incrementarán el precio para compensar y, en último término, el consumidor también notará su encarecimiento». Iglesias centró el foco del problema en «la economía sumergida y en los grandes almacenes, donde estos insectos perviven en los palés en los que se almacena el producto».

Las medidas se están aplicando a todas las patatas, procedan o no de Asturias. Y esto tampoco convence a los tenderos. «No nos queda otra que adaptarnos a la normativa aunque nuestro producto no provenga de esta región», reconoció Mery Caiza, del Centro Comercial Rodera.

Por su parte, Álvaro Peón, consejero delegado de la cadena de fruterías El Arco, asegura que «lo lógico era que se hubiera controlado primero la producción en las zonas infestadas en lugar de centrarse ahora en los comerciantes». Asimismo, destaca que siguió todo el problema de esta plaga a través de los medios y critíca la falta de información por parte del Ayuntamiento. «Todavía estamos esperando. A excepción de la visita del Seprona (Servicio de Protección de la Naturaleza) de la semana pasada, nadie más contactó con nosotros por este asunto», concretó.

Clientes «preocupados»

Los clientes también se han mostrado «preocupados» por la polilla guatemalteca. «Al principio, cuando empezó a hablarse de la plaga preguntaban de dónde procedían las patatas. Al ser un problema de salud alimentaria, toda preocupación es poca. Ahora, la cosa está más tranquila», aseguró la encargada de Coalla Ultramarinos.

No obstante, los consumidores tampoco se muestran partidarios de comprar las patatas en mallas, tal y como afirmó Luis Manuel Rodríguez, propietario de Alimentación El Sella. «Esta medida nos perjudica, pues la mayoría de clientes son personas mayores que viven solas y quieren comprarlas sueltas», comentó.

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