«Nos gusta tirar de lo asturiano, apostar por lo desconocido»

MG Lab, El Cruce, Muñó y Coalla Gourmet han conseguido abrir mercados aunando innovación y tradición | Distinguidos por Gijón con Calidad, comenzaron como negocios al uso que transformaron con imaginación y empeño

G. POMARADA GIJÓN.

En comer un cachopo, beber un culín, organizar un festival gastronómico o vender buen vino no está todo escrito. Así lo demuestran los cuatro negocios gijoneses galardonados esta semana con los distintivos Gijón con Calidad, que apostaron por innovar y emprender antes incluso de que los términos se convirtiesen en manidas tendencias empresariales. La historia de MG Lab, Coalla Gourmet, sidrería Muñó y el merendero El Cruce parte de similares orígenes: tiendas, chigres y empresas de eventos como tantos otros del mercado, pero liderados por personas que vieron la necesidad de apartarse del camino fácil.

En 1955, José Suárez Coalla fundaba una tienda de ultramarinos en la calle Uría en la que pronto apostó por «la fruta de mejor calibre o la última hornada», cuenta el actual gerente, Pablo García. Cuando el hijo del fundador, el «inquieto» Ramón, tomó las riendas de Coalla sumó otra tienda especializada en «vinos de la vieja Europa». El negocio familiar es hoy un colorido establecimiento en la calle San Antonio, en la que frutas, latas de conservas, mermeladas y quesos comparten protagonismo con los caldos. «Por cuatro euros puedes comprar un vino gourmet. De ahí en adelante, hasta los cuatro mil euros», cuenta García.

Enclavado en un cruce de caminos, el de las carreteras a Villaviciosa y Deva, el merendero del mismo nombre inició su andadura también en 1955. Hace veintiocho años, Luis Meana y Charo Ballina, entonces unos «niños», se convirtieron en «lo que ahora llaman emprendedores, que antes era ser atrevidos» al hacerse cargo del popular negocio de Cabueñes. «Aquí jugó medio Gijón, quién no ha estado en El Cruce», señala Luis Meana, distinguido como mejor gestor por la Asociación para la Calidad Turística. «Hay clientes que vienen desde que abrimos. Presta porque hay familias que siempre se reúnen aquí». La tortilla, los escalopines y las croquetas conviven en la carta con la invariable sidra Piñera y «alguna cosa nueva, porque a la gente le gusta probar, pero sin perder el equilibrio con la tradición».

Sabores nuevos con mezcla de cocina clásica explora también la sidrería Muñó. Un cachopo de foie de pato, dulce de manzana y jamón ibérico ideado por la gerente y cocinera, Inés Meana, es el producto estrella. «Mamé la cocina desde pequeña, aquí nos gusta tirar de lo asturiano, apostar por lo menos conocido», explica. En su cruzada gastronómica por recuperar «lo nuestro» Meana ha incluido en su carta boroña, emberzao o fariñas. No obstante, el último premio que pasa a compartir vitrina con el de mejor cachopo no llega de los fogones, sino de la accesibilidad. Su local de 480 metros cuadrados es de los pocos del sector que cuenta con dos baños específicos para personas con discapacidad. «No es algo obligatorio, pero apostamos fuerte por ello».

Tintas ecológicas

En el caso de MG Lab la apuesta fue por la sostenibilidad en la organización de eventos. «En todos ellos defendemos la sostenibilidad, desde la impresión con tintas ecológicas a materiales reciclados, decorados reutilizados, catering kilómetro cero o proveedores de la economía local», destaca Ana Rellán, directora del departamento de eventos. La compañía creada en 2003 cuenta actualmente con 17 empleados y un volumen de negocio fuera de Asturias del 60%. «Nos decían que teníamos que tener sede en Madrid, pero convencimos a nuestros clientes que se pueden hacer las cosas desde aquí», sostiene Rellán.

MG Lab se encuentra ahora inmersa en la planificación de su «niño pequeño», la segunda edición de 'Gijón se Come'. «Al organizarlo nosotros todo, llevamos la sostenibilidad al máximo, es un escaparate para las acciones sotenibles».

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