«Que nuestros hijos no sufran lo que sufrimos nosotros»

Cabeza de la concentración, de camino a la plaza Mayor. / ARNALDO GARCÍA
Cabeza de la concentración, de camino a la plaza Mayor. / ARNALDO GARCÍA

Más de 200 personas formaron una cadena humana en el Muro para celebrar el Día Internacional contra el Racismo y la Xenofobia

PABLO SUÁREZ GIJÓN.

Espoleados por lo recientemente sucedido en Madrid con un mantero senegalés y decididos a mostrar su rechazo ante cualquier acto de racismo o xenofobia. Esta era la actitud de las más de 200 personas que iniciaron ayer en la Escalerona una cadena humana cuyo destino final fue la plaza Mayor, que llegaron a rodear por dos veces. «Hoy nos toca a nosotros salir a la calle y visibilizar que estamos juntos. A veces vivimos situaciones muy complicadas», afirmaba Bocar, un senegalés que lleva cinco años en España y se ha mudado recientemente a Gijón junto a su pareja. Describe el panorama que se encuentran los inmigrantes al llegar a España como «realmente difícil» y asegura que para las personas provenientes del continente africano es, si cabe, peor. «Tenemos muy complicado conseguir los papeles para residir aquí legalmente, y tener trabajo es prácticamente imposible», cuenta a la vez que asegura entender que muchos de sus compatriotas se hayan visto abocados a ejercer la venta en la calle. «Muchos de ellos no tienen otra opción para comer», constata.

Sin embargo, no solo las personas de raza negra están expuestas a sufrir situaciones xenófobas en su día a día. Otro de los colectivos que también aprovechó el Día Internacional contra el Racismo para pedir una mejora de su situación social fue el gitano, cuyos representantes demandaron una mayor igualdad en todos los ámbitos de la vida y una pérdida de los prejuicios que «por desgracia» rigen muchas veces la sociedad actual.

Fue precisamente una mujer de raza gitana la que puso voz a esta reivindicación a través de la canción 'Gelem, gelem', himno internacional del pueblo gitano compuesto en su día por prisioneros en los campos de concentración nazis que se revelaban contra el maltrato del que eran objeto.

La celebración continuó en el salón de recepciones del Ayuntamiento, donde todos los asistentes escucharon el discurso de Tarek, un árbitro de fútbol de raza negra que puso sobre la mesa el racismo que sigue existiendo a día de hoy en el mundo del deporte. «Todos los seres humanos nacemos libres, independientemente de cuál sea nuestro color de piel. Compartimos los mismos derechos y tenemos las mismas obligaciones», afirmó a la vez que rogaba a todos los clubes de fútbol que apliquen medidas contra los actos de racismo que se dan dentro de los recintos deportivos tanto con jugadores como con árbitros (como él mismo sufrió) y espectadores. El acto, presidido por los grupos municipales, también contó con la presencia simbólica del Real Sporting, que quiso hacer constar, por voz del propio Tarek, su compromiso de erradicar este tipo de comportamientos del mundo del deporte.

«Los hijos e hijas de inmigrantes no deben sufrir las injusticias que en muchas ocasiones han sufrido sus padres», concluyó Tarek dando paso a un rotundo aplauso. «En todos los sitios hay gente muy buena. Yo en Gijón estoy muy contento y tengo muchos amigos de aquí al igual que de otros países», decía Bocar, quien se mostró muy satisfecho con la respuesta de la concentración.

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