«La Historia ya ha absuelto a Fidel»

Omar Fernández Cañizares, ayer, en la plaza de Jovellanos, en Cimavilla. / P. CITOULA
Omar Fernández Cañizares - Exministro de Transporte cubano y amigo del Che

«El ciclón 'Irma' acaba de desbaratar toda la costa norte de Cuba. Fue terrible. Necesitamos mucha ayuda española»

A. VILLACORTA GIJÓN.

Omar Fernández Cañizares (Santiago de Cuba, 1930) formó parte de la primera expedición cubana tras el triunfo de la Revolución. Un viaje entre el 12 de junio y el 9 de septiembre de 1959 por distintos países de Asia, Europa y África en el que consolidó su amistad con el Che, «hombre alegre, honesto, sereno y sin apego a lo material». Fernández Cañizares, el número dos de aquella delegación, había comenzado su vida revolucionaria en 1956 como dirigente estudiantil en un instituto de Santiago, actividad que continuó durante sus estudios de Medicina antes de unirse a la lucha armada contra Batista. Combatiente en Sierra Maestra, ocupó puestos relevantes en el Gobierno cubano como el Ministerio del Transporte. Estos días está en Gijón para presentar su último libro, el primer volumen de su 'Trilogía rebelde'.

-Algunos han pintado al Che como un personaje sanguinario.

-Él jamás firmó una pena de muerte porque nunca estuvo en los tribunales de justicia ni en un fusilamiento. Lo que pasa es que siempre se ha querido tergiversar su figura. Era muy cordial, muy familiar, muy simpático y muy ameno. Siempre estaba haciendo chistes. Y también estaba muy interesado por la historia cubana. Allá en la Sierra Maestra llevaba dos libros: uno de Martí y otro de Maceo.

-¿Qué sintió un revolucionario como usted el día que murió Fidel?

-Yo lloré. Hacía tiempo que no lloraba, desde que murió mi madre, y lloré porque él me hizo creer en cosas en las que yo antes no creía: en la Revolución, en la humanidad, en la gente pobre, en cómo había que trabajar para que todo el mundo tuviera educación, sanidad, un pedazo de pan, una yuca, un ñame, un poco de arroz para comer, porque en Cuba había gente que no comía... Eso yo lo vi, lo palpé. La Historia lo ha absuelto ya.

-¿Cómo ve a Cuba sin su comandante en jefe?

-Cuba sin Fidel es la misma, porque él dejó sembrados todos los principios por los que tenemos que luchar y trabajar. Ahora estamos trabajando mucho porque, además, el ciclón 'Irma' acaba de desbaratar toda la costa norte de la isla. Fue terrible. Necesitamos mucha ayuda de pueblos como el español, que siempre han estado prestos a ayudar a Cuba.

-Nicolás Maduro acaba de viajar a La Habana con ayuda humanitaria.

- Sí. Acaba de entregar materiales de construcción, que nos hacen mucha falta, porque han quedado dañadas muchas infraestructuras turísticas. Pero para el 15 de noviembre el ministro de Turismo calcula que estaremos listos para recibir a cualquier turista en Holguín o en Varadero.

-Las últimas noticias hablan de que se ha reducido el petróleo venezolano. ¿Le preocupa?

-No. La relación con Venezuela es magnífica.

-¿Cómo asiste a la deriva del régimen chavista?

-La Constituyente fue un éxito. La gente fue a votar y hay un diálogo con la oposición, que es lo que debería llamar la atención al mundo. Hay que conversar, caballero. Es lo mismo que en Corea del Norte. Los americanos deben dialogar con los coreanos para evitar la guerra. Aunque yo estoy convencido de que la guerra no es lo que va a terminar con el planeta. Yo soy de los que creen que lo que va a acabar con él es el cambio climático. Y hay gente en el mundo que todavía no cree en él. Fíjese en lo que está pasando en México, en los ciclones, uno detrás de otro...

-Tras el deshielo con Obama, ¿llegó Donald Trump y mandó a parar?

-Nosotros estamos en disposición de conversar siempre que respeten nuestro criterio, nuestros principios y nuestra soberanía. Nosotros respetamos los de otras ciudadanías. Yo no vengo a España a hablar mal de España ni a inmiscuirme en los problemas de España porque no vivo aquí. Yo vivo en Cuba. Y Trump, el 16 de junio, dijo veinte barbaridades en Miami. Acusaciones muy serias contra Cuba. Allí se reunió con todos los batistianos. Todos los viejos que estaban a su alrededor eran batistianos.

-«No queremos que los dólares estadounidenses apuntalen al régimen castrista», dijo. Tienen pendiente la unificación monetaria.

-Eso se está estudiando y creo que pronto se resolverá el problema.

-¿Asistiremos al fin del bloqueo?

-El bloqueo es lo que nos tiene fastidiados. Si los americanos, un día, aprobaran que no hubiera bloqueo, eso sería nuestra felicidad, porque podríamos comerciar con todo el mundo y el dólar podría circular.

-¿Las reformas que piden muchos cubanos están paralizadas?

-No. Vamos sin prisa, pero sin pausa. La iniciativa privada, por ejemplo, está abierta a todo el mundo. Lo que pasa es que había gente que tenía cinco y seis negocios y nada más que pagaba los impuestos de uno. Pero pronto va a salir la nueva ley.

-¿Hay presos políticos en la isla, como denuncian los opositores?

-En Cuba están presos los que quieren interrumpir el orden institucional. Los corruptos, los bandoleros, los ladrones tienen que estar presos. Por motivos políticos no hay nadie en la cárcel. Ahora bien, tienes que ir a las cárceles cubanas para que tú veas cómo viven esos presos.

-Raúl Castro ha dicho que abandonará el poder en 2018. ¿Qué pasará entonces?

-Si Raúl lo ha dicho, lo cumplirá y no ocurrirá nada, porque más sincero y más honesto que él no lo hay. Él es hermano de su hermano, que cuando decía una cosa la hacía.

-Hay quien asegura que la muerte de Camilo Cienfuegos fue intencionada y que el Che se marchó traicionado por Fidel.

-¡Eso es una infamia! Yo despedí a Camilo cuando se fue para Camagüey. Fui al aeropuerto y después se cayó el avión. Perdimos a un gran jefe militar que no pudo disfrutar de la Revolución ni nosotros pudimos disfrutar más de él. Y en el caso del Che, él quería la Revolución en América Latina y en África. Por eso se fue al Congo. En aquel viaje que hicimos juntos íbamos a ir a China, pero me dijo: «Omar, no vamos a ir a China porque no lo hemos consultando con Fidel. Y Fidel es nuestro jefe». Él murió creyendo en Fidel, su jefe y su guía.

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