Cabueñes y sus 100.000 retoños

Equipo del servicio de ginecología y obstetricia de Cabueñes en la sala de reuniones situada en la segunda planta de hospitalitazación. Ángel Manuel Martínez (sentado, en el centro) es el responsable del área desde agosto del pasado año. / FOTOS: DAMIÁN ARIENZA

Arrancó hace cinco décadas solo con los partos, luego llegarían los demás servicios | En este medio siglo «el cambio ha sido brutal» | El centro se prepara para empezar a utilizar gas de la risa entre las parturientas y abre una consulta para embarazos de alto riesgo

LAURA FONSECA GIJÓN.

Cincuenta años dan para mucho y en Cabueñes han valido para traer al mundo a más de 100.000 bebés. Es la estimación que hacen en el servicio de ginecología del hospital gijonés, el primero en iniciar su actividad en la antigua residencia, aunque de aquella, en agosto de 1968, lo hiciera bajo un epígrafe algo más modesto: «Nos conocían como 'las de los partos'». Los 100.000 retoños «no son una cifra exacta», admite la supervisora Inmaculada Fernández. Y no lo son porque antes de 1977, «no había registros oficiales. Dicen que era tal la cantidad de partos que a veces tenían que derivarlos al Sanatorio del Carmen». Macu muestra uno de los libros en los que se apuntaba a mano y con buena caligrafía cada nacimiento. Entre 1977 y 1980, las ajadas páginas del registro dan cuenta de 9.714 alumbramientos, muchos de ellos de mujeres jovencísimas, entre las que hay, incluso, alguna adolescente. Eran tiempos en los que nacían al año unos 2.600 niños, mil más que ahora. «Entre 1977 y 2017 tenemos apuntados 86.384 partos», el cálculo hasta 100.000 bebés es «una estimación» en función de la actividad promedio sumando los primeros años.

Lo cierto es que en estas cinco décadas «los cambios han sido brutales», opina Aida García Barranco, auxiliar de enfermería que en diciembre de 1976 participó en la mudanza de consultas externas a la segunda planta de hospitalización. De aquélla no había muchos de los adelantos actuales. Ni anestesia epidural ni ecógrafos y monitorización «para ver cómo iba la cosa». Había que echar mano del ojo clínico. «A veces cuento cosas a los residentes y no me creen», dice Aida entre risas.

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La llegada de la epidural

Venir al mundo en la vieja residencia no era igual que ahora. Los partos y las madres han cambiado, indica el nuevo jefe de servicio, Ángel Manuel Martínez Martín (Madrid, 1966). Este especialista, criado y formado en Valencia, y que hizo la especialidad en el Hospital Río Hortega, de Valladolid, centro del que procede, lleva las riendas del ginecología de Cabueñes desde agosto de 2017. Martínez sustituye a una figura histórica como fue el anterior responsable, José Solís, jubilado de la sanidad pública en mayo de 2016 al cumplir 65 años. Cabueñes sacó la plaza a concurso y Ángel Martínez pensó que era una buena oportunidad profesional. «Tras un cónclave familiar con mi mujer y mis hijos me lie la manta la cabeza y me presenté», rememora.

El área de ginecología, con unos 1.600 partos anuales, tiene en marcha varios proyectos innovadores, muchos de los cuales intentan atender al hecho de que «las mujeres y sus parejas exigen participar cada vez más». El hospital, señala, intenta «adaptar los planes de parto de cada una de las embarazadas, respetando su voluntad y opinión en la medida de lo posible». La introducción de la epidural, que el hospital suministra ya al 80% de las embarazadas, «supuso un antes y un después», relata Inmaculada Fernández.

Fue el primer hospital público de Asturias que en 2002 la implantó «sin restricciones, las 24 horas. En otros hospitales se facilitaba solo de ocho a tres». Eso hizo que «hubiera cola para parir en Cabueñes», rememoran Aida y Macu. Ahora, el centro gijonés se dispone a dar otro paso igual de innovador con la utilización de óxido nitroso, más conocido como gas de la risa. Se trata del primer analgésico inhalado que se empleó en la medicina, explica Martínez, y que «vale para llevar mejor las primeras fases del parto». Su uso ya ha sido autorizado por la comisión de farmacia, por lo que «en un par de semanas» ya estará disponible en los paritorios de Cabueñes. «Es una medicación autoadministrada a través de una pipeta. En Europa se emplea mucho aunque en España se introdujo más tarde», abunda este especialista, quien aclara que «es una ayuda y se suministra a mujeres que o no quieren o no pueden recibir este tipo de anestesia». En el Río Hortega «se emplea con éxito desde hace años».

Otra de las novedades es la apertura de la consulta de fisiopatología fetal para atender y controlar embarazos de alto riesgo, unos 180 cada año en el Área V. «Aunque no es una novedad en el resto del país, es la primera de la sanidad pública asturiana», confirma el jefe de sección de Obstetricia, Javier Arenas. Atenderá a embarazadas con patología previa o trastornos graves derivados de la propia gestación. Funcionará también como hospital de día.

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