El hospital gijonés pide autorización al Sespa para implantar válvulas aórticas

Es una técnica que no requiere cirugía y que solo lleva a cabo el HUCA. Está aconsejada para pacientes mayores o personas que no pueden ser operadas

L. FONSECA GIJÓN.

El implante de válvulas aórticas, una técnica que evita que el paciente entre en quirófano, es cada vez más empleado por los cardiólogos. Lo que hace diez años empezó siendo algo experimental, ha ido ganando peso y seguridad hasta convertirse en el 50% de los procedimientos practicados a enfermos que sufren estrechamiento de su válvula aórtica. En la región, solo el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) dispone de autorización para realizar este tipo de tratamiento, que inició de forma pionera hace una década.

Cabueñes quiere sumarse a esta técnica y ha solicitado autorización para implantar las llamadas TAVI (válvulas aórticas percutáneas). El abordaje, sin cirugía, está aconsejado para pacientes sobre todo mayores «que no pueden someterse a una operación porque el riesgo no es asumible», indica Eduardo Segovia. «Actualmente solo se implantan en el HUCA y el número de pacientes con indicación es cada vez mayor. Se ha convertido en un procedimiento reglado y seguro. Los últimos estudios demuestran que la supervivencia a la técnica no es dependiente de que el centro hospitalario disponga de cirugía cardíaca sino de la selección cuidadosa del caso, la pericia del equipo implantador, dotación de unidad coronaria, cuidados intensivos y cirugía vascular, todos ellos disponibles en Cabueñes», abunda el jefe de Cardiología.

La estenosis aórtica (estrechamiento de las válvulas) «se ha convertido en una epidemia, puesto que va vinculado a la edad de la población». A mayor envejecimiento, «más casos». Son las que se conocen como «válvulas de porcelana». El grueso de los enfermos tiene más de ochenta años.

Otra de las novedades en Cardiología es la autorización recibida en 2017 para poner desfibriladores automáticos, unos aparatos diminutos que se colocan junto al corazón del paciente. Está aconsejado para personas con riesgo de sufrir cuadros de muerte súbita. El desfibrilador (un pequeño generador) analiza las arritmias y en caso necesario lanza un descarga para que el corazón recupere la frecuencia normal de latidos.

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