La huella del padre Cuesta

La iglesia de San Martín de Torres, llena durante la despedida al padre Ángel Cuesta, 'Pachi'. / I. F.
La iglesia de San Martín de Torres, llena durante la despedida al padre Ángel Cuesta, 'Pachi'. / I. F.

Unos 80 exalumnos viajan a San Martín de Torres, en León, para darle el último adiós en su pueblo natal

E. C. GIJÓN.

La huella indeleble que el padre Ángel Cuesta, 'Pachi', dejó entre sus alumnos del Colegio de la Inmaculada quedó ayer patente en la cariñosa despedida que recibieron sus cenizas en San Martín de Torres (León), pueblo natal del cura. Una semana después del funeral en el templo colegial, cerca de ocho decenas de exalumnos desafiaron a la nieve y cruzaron la cordillera para estar también presentes cuando los restos mortales del carismático cura-profesor-entrenador fueron depositados junto a los de sus padres y dos hermanos ya fallecidos.

Fue una fiesta de cariño, admiración y agradecimiento que tuvo puntos de añoranza en la interpretación de las canciones que otrora acompañaban los campamentos dirigidos por Ángel Cuesta.

Como hace años, viajaron juntos, rezaron juntos, cantaron juntos y comieron juntos, todo en memoria del desaparecido referente y, sin duda alguna, como a él le hubiera gustado que ocurriera. La única diferencia es que en esta ocasión la reunión fue en torno a los familiares del cura, que recibieron inequívoco testimonio del pesar que provocó en Gijón el fallecimiento de Ángel Cuesta.

Junto a los ya no tan jóvenes alumnos, Tomás Nistal, inseparable colaborador del 'Padre Pachi', y José Manuel Peco, actual responsable del templo colegial, recibieron también el afecto de los participantes en los actos para conmemorar el retorno de Ángel Cuesta a su tierra. Una frase lo resumía: «Bienvenido a casa».

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