Los imprescindibles de Mercaplana

Taller de cocina. En el estand de Alimerka, los niños cocinan roscón de Reyes, burritos y batidos de fruta. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA
Taller de cocina. En el estand de Alimerka, los niños cocinan roscón de Reyes, burritos y batidos de fruta. / FOTOS: ARNALDO GARCÍA

Las camas elásticas y los talleres de cerámica y cocina se llenan de niños | El tren del recinto es también uno de los atractivos de esta edición del salón de infancia, que triunfa entre los más pequeños

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

Año tras año, las hermanas Salma y Nur, de 5 y 9 años, «esperan ansiosas a que llegue la Navidad para ir a Mercaplana». Es una cita ineludible para los niños gijoneses y para los padres, que como Lara Amer, madre de las pequeñas, se alegran «al verles jugando felices». Como ellas, muchas familias aprovechan el día 25 para visitar el paraíso infantil sin aglomeraciones.

Y es que el día de Navidad «siempre hay menos gente... y menos colas, que con niños son complicadas», comenta Lara, mientras las niñas hacen una fuente de cerámica en el taller de Artistas y Emprendedores, en el pabellón 3 del recinto ferial Luis Adaro. Esta actividad es una de las más exitosas del Salón de la Infancia y la Juventud, que este año celebra su 45 edición. «Desde las cinco de la tarde estamos completos», confirma Sara Infestas, monitora de la actividad, que explica que a los pequeños «les encanta diseñar su figura de cerámica, pero sobre todo mancharse con el barro». «Yo siempre venía a Mercaplana de pequeña, y lo que me más me gustaba era este taller y las camas elásticas», rememora la joven. En el pabellón cinco, Alicia Trabanco, de cinco años, espera nerviosa su turno para subirse a una de las cuatro camas elásticas. «Es la primera vez que me atrevo, pero tengo muchas ganas», afirma, mientras observa boquiabierta las piruetas de los más experimentados. Su madre, Miriam Heredia, recuerda «echar aquí tardes y tardes» durante su infancia, y cuenta que hace ya tres años que volvió a pisar Mercaplana con su hija mayor. Ya tienen claro que después de pegar unos cuantos saltos irán a pintarse la cara y al taller de cocina, otro de los estands más concurrridos. En él, los pequeños se divierten aprendiendo a configurar un menú saludable, probando alimentos en la cata a ciegas y sobre todo, cocinando «de todo: batidos, roscón de Reyes, burritos...», enumera Cristina Llaca, profesora del taller.

Afónica tras explicar fundamentos de la alimentación a «unos 160 niños al día», dice que «lo de cocinar les gusta mucho, y se van felices a casa con su delantal». Alejandra Junco, de diez años, es una de las habituales. «Vengo todos los años», cuenta, acompañada por su abuelo, José María de la Cruz, que tampoco es nuevo en el salón de la Infancia. «Viendo disfrutar a los niños, disfrutamos los mayores... Aunque a veces se haga pesada la espera», bromea.

Pero algunas de las atracciones resultan atractivas también para los adultos que esperan. Es el caso del taller de robótica, que llegó a la feria hace unos cuatro años. «Más de una vez se nos han 'colado' padres. Es una actividad muy vistosa para todos», dice Enrique Alvargonzález, coordinador del estand. «Para el 80% de los que vienen, éste es su primer contacto con la programación, explica. «Cuando llegan no saben programar, pero lo cogen rápidamente y la mayoría repite».

Clásicos que no fallan

Un clásico que entusiasma a niños y mayores es el tren de Mercaplana, que recorre el recinto ferial acercando a los visitantes a los distintos pabellones. Hay dos y Ana Álvarez conduce uno de ellos desde el año 2009. «Es una de las atracciones que más ilusión hace a todos: niños, padres y abuelos», opina, y desvela que «ha habido bastante peleas por subirse». Además, recuerda que hay un día en que el convoy traspasa el recinto para dar una vuelta por la ciudad: «El 5 de enero, salimos a la cabalgata de Reyes».

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