La Inmaculada despide a su maestro

El templo, abarrotado para despedir al religioso. / PALOMA UCHA

«Trascenderá tiempo y espacio, más allá de Gijón y de su colegio», destacó el padre Peco en las exequias concelebradas con el nuevo abad de Covadonga El funeral del padre Cifuentes, referente educativo, congrega a alumnos y amigos

G. POMARADA GIJÓN.

La iglesia de la Inmaculada se quedó ayer pequeña para despedir al padre Cifuentes. Más de trescientas personas abarrotaron el interior del templo y otro medio centenar presenció el funeral desde el exterior, en una atmósfera de sentido pesar por la pérdida del que tanto comunidad educativa como religiosa consideraban «un amigo». No en vano, cultivó toda su vida «la amistad como uno de sus grandes tesoros», destacaba el párroco José Manuel Peco, que concelebró las exequias junto a sacerdotes de la comunidad jesuita y el recién nombrado abad de Covadonga, Adolfo Mariño.

Pedro Menéndez Cifuentes, nacido en la calle Celestino Junquera hace setenta y siete años, fue «un jesuita atípico». Ordenado sacerdote en 1968, regresó solo un año después al colegio de su infancia. «Los jesuitas estamos llamados a ir de un sitio a otro, pero él estuvo toda su vida en la misma ciudad y en la misma obra», destacó el padre Peco. La semilla de sus cuatro décadas de ministerio y docencia en el colegio floreció ayer entre las paredes del templo: familiares, religiosos, profesores y, sobre todo, estudiantes de diversas promociones rendían homenaje «a un maestro que enseñó a vivir y a pensar sacando lo mejor de sus alumnos» en sus clases de filosofía y música. Hasta el último momento dio muestras de «su fuerte personalidad», al tomar la decisión de someterse a una intervención quirúrgica «sabiendo lo que podía suceder».

'El Chifu', como le conocían sus alumnos, «trascenderá tiempo y espacio, más allá de Gijón y la Inmaculada», encomió el párroco. Ante su féretro, las voces del coro de padres que fundó y dirigió, entonaron la melodía de despedida: el himno de la Inmaculada desde sus dos primeras estrofas, recuperadas por el jesuita.

Sus restos mortales fueron sepultados a continua ción en el cementerio de Ceares.

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