«Los jabalíes van a meterse en casa»

Emilio Meana y María Cristina Suárez posan delante de su huerta
Emilio Meana y María Cristina Suárez posan delante de su huerta / Citoula

Recién recogidas patatas y cebollas, están ahora plantadas les fabes. «Ha llovido lo necesario. Creo que se van a lograr este año»

JESSICA M. PUGAGijón

Emilio Meana lleva teniendo huerta toda la vida. Él elige qué plantar, compra los productos y los utensilios de labranza y se dedica a cuidarla «día sí y día también». Lo hace con mimo y cuidado, poniendo un ojo en el cielo y otro, en los animales que tratan de llevarse a escondidas lo que a él le cuesta tanto tiempo y esfuerzo labrar.

«Me gusta tener un poco de tierra y plantar cuatro coses porque me entretiene y me sirve para llenar la nevera», explica Meana desde su casa de Deva. La patata y la cebolla han sido los últimos vegetales que le han tenido entretenido. «Las acabo de arrancar porque la fecha idónea para hacerlo es a principios de agosto», cuenta el agricultor, quien reconoce que este año venido «un poco malo». La niebla «que enferma la planta» y la falta de sol han tenido la culpa, cuenta este agricultor al que el paso de los años le ha hecho profesional, al igual que a su mujer, María Cristina Suárez.

Mucho mejor está siendo la temporada para les fabes de labranza, que es lo que el matrimonio gijonés está trabajando en estos momentos. «Ha llovido lo que tiene que llover a esta altura de agosto, así que creo que se van a lograr», explica Meana, aunque para ver los resultados habrá que esperar aún bastante tiempo, porque la cosecha se recoge en octubre. Eso es lo que pasa cuando se depende, ni más ni menos, que de la naturaleza, que puede venir caprichosa y truncar todos los planes hechos a corto plazo. Aún así, Emilio Meana prefiere verlas venir que optar por utilizar sulfatos y demás productos químicos que aseguren una producción más o menos constante. «Lo que salga, salió, y sino, ya saldrá el año que viene», sentencia sin dudar.

No es la sequía o la abundancia de lluvia lo único que puede estropear el trabajo de varias semanas. Los animales salvajes terminan siendo, en muchas ocasiones, responsables de que la huerta aparezca un día desvalijada como si un grupo de forajidos hubiera decidido acampar en las inmediaciones. Emilio Meana lo sabe y su mejor solución es «estar siempre al tanto». «A los pájaros, los gorriones, en concreto, les gusta meterse entre les fabes para comerlas, así que, al final, terminas siempre con un ojo puesto en la huerta, no vaya a ser que se te cuelen y logren su objetivo», cuenta.

Si bien las aves no son los únicos animales que preocupa al agricultor, que está viendo como los jabalíes se convierten cada vez más en una molestia. «Es increíble lo que está pasando con ellos, que cada vez hay más y, como hay mucho monte y no se pueden cazar por aquí, pues campan a sus anchas», asegura Meana, a quien estos ya le destrozaron el prau en más de una ocasión. «Si la cosa sigue así van a terminar metiéndose con nosotros a casa», asegura. Por eso, antes de llegar a esta situación, decidió ponerle solución: «Coloqué un pastor eléctrico alrededor de la finca y, al menos de momento, no han vuelto a colarse».

Las cosas en el mundo de la agricultura casera no han cambiado mucho en los últimos. «Vale que ahora haya más productos y utensilios más modernos, pero nada del otro mundo», asegura quien lleva más de media vida dedicado a la huerta y ha visto cómo han variado las cosechas y cómo, a veces, un bicho puede ocasionar años de barbecho obligado, como pasó en el Occidente con la patata.

Ahora que la vida se hace, principalmente, en las ciudades, «no es complicado» querer romper la tendencia y preferir el medio rural al ajetreo urbano. «Cada vez que necesito algo voy a los Viveros Runza, en Quintueles, y ahí encuentro de todo», sentencia. Y sabe de lo que habla.

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