Una jira que no para de crecer

Cientos de personas se dieron la mano para bailar en la multitudinaria 'Danza prima' del Día de Asturias en Gijón. / JORGE PETEIRO

Decenas de manteles y mesas llenas fueron la excusa perfecta para «comer, pasarlo bien y celebrar el Día de Asturias» en la ciudad

L. BARBÓN / O. SUÁREZ GIJÓN.

Numerosos grupos de más de veinte personas ocupaban el cerro de Santa Catalina durante una jira campestre multitudinaria y entrañable, donde se dieron cita miembros de hasta tres generaciones de una misma familia. Este espacio se convirtió un año más en la mejor ubicación para la jira campestre que cada año reúne a grupos folclóricos, a gijoneses y a visitantes dispuestos a celebrar la tradicional romería del Día de Asturias en Gijón. El nordeste contribuyó a que los peores augurios no se cumpliesen y mantuvo alejadas a las nubes para que los romeros bailasen, comiesen y disfrutasen del domingo de agosto a los pies del 'Elogio'.

En esta edición fueron doce los grupos y bandas de gaitas que participaron en el desfile, que arrancó a las doce del mediodía desde la plaza Mayor y discurrió hasta la Atalaya, seguido por un numeroso público entusiasmado con la jornada folclórica. Los encargados de dar color y música a la jira fueron los integrantes de la sección de coros y danzas del Grupo Covadonga, así como los grupos 'El Xolgoriu', 'Excelsior', 'Flor de Xaranzaina', 'Jovellanos', 'La Alegría', 'Los Xustos', 'Trebeyu', 'Xiringüelu', 'Na Senardá', 'Noega' y 'Villa de Xixón'.

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Una vez arriba, en medio de un ambiente campestre en pleno Gijón, dos centenares de personas juntaron sus meñiques para bailar la 'Danza prima', en la pista polideportiva. Pequeños y mayores bailaron al son de la gaita y el tambor, antes de dar cuenta de la sidra, las empanadas y las tortillas, que no podían faltar en la jira popular.

Para María López, vecina del barrio de El Coto y asidua a la cita, este año era muy especial. «El verano pasado vine embarazada y hoy vengo ya con la cría vestida de asturiana, hay que ir empapándola de las tradiciones», comentaba con su pequeña Valentina, de cinco meses, en brazos. Como ella, fueron muchos los que quisieron disfrutar de la jornada organizada por el Ayuntamiento y que cada edición cuenta con más adeptos. El buen tiempo contribuyó a que prácticamente en todo el Cerro se viesen manteles, mesas y viandas rodeadas por grupos de romeros. Las barracas corrieron a cargo de las comisiones de festejos de los Remedios y la Soledad, de Cimavilla, una forma de recaudar fondos.

El césped de Santa Catalina se convirtió en el mejor escenario para ubicar las decenas de mesas y manteles sobre los que se exhibió todo un espectáculo gastronómico donde lo tradicional y autóctono tiene premio. «Nosotros venimos todos los años y siempre intentamos hacernos con el mismo sitio», dijo María José Colunga mientras se afanaba en repartir trozos de tortilla y empanada entre los más de veinticinco comensales sentados en la hierba, alrededor de los manteles. «Aquí tenemos tres generaciones de la familia. Los más pequeños fueron los encargados de montar esta cesta tan curiosa con los productos típicos de la cocina asturiana», explicó Colunga, mientras señalaba la obra de arte de Alejandro y Mauro, dos niños que se llevaron el primer premio a la 'Mejor presentación de comida en el prau'. Sentados al lado de la cesta, los pequeños mostraban con orgullo las manzanas, los filetes empanados, el arroz con leche o la fabada con que consiguieron el reconocimiento del jurado.

«Panzada asegurada»

Un grupo de mujeres se quedó sin premio en el concurso de 'Presentación de comida en el prau', pero no les supuso ningún impedimento para disfrutar de la jira. «Nosotras también participamos a ver si conseguíamos algún premio y no nos cayó ninguno. Eso sí, la fartura que vamos a pillar no nos la quita nadie. Tenemos la panzada asegurada», bromearon unas mujeres de la 'Banda del Tiroliro'. «Llevamos aquí desde las once de la mañana y, aunque ahora mismo somos seis, hemos venido más de veinte personas. Las que estamos aquí somos las más yeyés», dijeron con una sonrisa mientras se pasaban, unas a otras, una empanada de pollo con champiñones y los bollos preñaos.

El viento sopló con fuerza durante la jornada de ayer, algo que agradecieron los miembros de los grupos folclóricos, vestidos con los trajes tradicionales de asturiano. «Para mí es mucho mejor que haya aire y que no pegue el sol de pleno, porque no se aguantaría el calor», dijo Laura Arredondas, quien estaba acompañada por una veintena de personas. «Somos del grupo de Coros y Danzas Jovellanos y hace más de diez años que venimos a la jira a comer, pasarlo bien y celebrar el Día de Asturias en Gijón», dijo. Junto a ellos, unos niños aprovechaban la fuerza y dirección del viento para volar unas cometas mientras los mayores aprovechaban para recordar anécdotas, comer, beber y bailar.

Un grupo más reducido, media docena de chavales, danzaban sobre el prau acompañados de música de gaita. «Venimos de la zona del oriente porque una amiga está trabajando en Gijón y nos ha invitado a pasar el día en el Cerro. Así que preparamos un par de tortillas y nos pusimos en marcha», explicó Kique Roces, quien dejó de bailar para recuperar el aliento y escanciar un culín de sidra. «Yo fui quien los convencí para que vinieran. No fue difícil, pues la clave está en decir que 'está todo pagado'», bromeó Laura, antes de seguir con la danza. «No pertenezco a ningún grupo folclórico, pero siempre me gustaron los bailes tradicionales y aunque no conocía a quienes tenía al lado durante la 'Danza prima', me lo pasé la mar de bien», celebró la joven.

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