Santaclara, hijo adoptivo de Gijón

Santaclara, hijo adoptivo de Gijón
José Antonio García Santaclara, en Gijón. / JORGE PETEIRO

Fundador de Siloé, ha destacado por su trabajo en favor de los más necesitados

Iván Villar
IVÁN VILLARGijón

«Es tiempo de audacia. Otro mundo es posible. Hagámoslo». Fue la arenga que, entre críticas a una sociedad «capitalista, ultraneoliberal y burocrática que rescata bancos antes que náufragos», lanzó hace tres años el sacerdote José Antonio García Santaclara (Morcín, 1943) desde la tarima del Teatro Jovellanos. Lo hizo durante su discurso de agradecimiento por la concesión de la Medalla de Plata de Gijón a la Fundación Siloé, una de sus obras sociales más destacadas. El próximo 29 de junio, festividad de San Pedro, volverá a subirse al mismo escenario para recoger, en esta ocasión a título particular, la máxima distinción que otorga el Ayuntamiento a «quienes se hayan destacado de forma extraordinaria por cualidades o méritos personales o por servicios prestados en beneficio u honor de Gijón».

La Alcaldía, atendiendo a una petición realizada por la Sociedad Humanitarios de San Martín de Moreda de Aller, anunció ayer que propondrá el nombramiento de García Santaclara como Hijo Adoptivo de Gijón. «Creemos que es un justo reconocimiento, tanto por su carismático espíritu como por ser un portavoz persistente, durante toda su vida, de las personas más vulnerables de Gijón», destacó la alcaldesa, Carmen Moriyón. La concesión de este título debe ser ratificada ahora por el Pleno con el apoyo de al menos dos terceras partes de sus miembros (18 de los 27 ediles), si bien la reconocida trayectoria de este religioso no deja duda de que logrará el respaldo unánime a la inclusión de su nombre en el cuadro de honor del Consistorio.

José Antonio García Santaclara nació en Peñerudes en 1943. Estudió en La Salle de Mieres y con los Misioneros de los Sagrados Corazones en Valladolid y ya siendo adolescente intentó entrar en el Seminario de Oviedo, si bien aún pasarían unos años hasta lograrlo. Antes hizo vida monástica en órdenes como los trapenses y los hermanos de San Juan de Dios, periodo durante el cual empezó a trabajar con enfermos mentales. Cuando finalmente comenzó su formación como sacerdote, compaginó esos estudios con su trabajo en el antiguo Hospital Psiquiátrico de Oviedo. También colaboró en sus primeros años con el Teléfono de la Esperanza.

Tras su ordenación, se incorporó como coadjutor a una parroquia de Avilés, desde la que se fue a Francia para trabajar con los emigrantes españoles de los barrios obreros de París. En 1981 regresó a Asturias y empezó a colaborar como voluntario con grupos de jóvenes internos en la cárcel de El Coto, algunos de los cuales habían pasado antes por instituciones de menores y de reforma.

'Chavales en libertad'

Esa realidad le llevó a acercarse a la asociación 'Chavales en libertad', fundada en 1978 por el sacerdote Laureano López, que ofrecía como alternativa a la institucionalización un 'hogar funcional', que les ofrecía una atención más personalizada como instrumento para una inserción social eficaz. Santaclara le dio un impulso que se tradujo en la contratación de profesionales sociales, la incorporación de técnicas de intervención social y la articulación de proyectos educativos. Ya bajo el nombre únicamente de 'Chavales', llegó a contar con cinco hogares funcionales, una granja escuela y dos locales para distintas actividades.

A finales de los años 80, cuando en la región empezaron a multiplicarse los casos de sida, especialmente en las prisiones, Santaclara planteó a la administración regional la necesidad de buscar fórmulas para que los internos enfermos pudieran pasar los últimos días de sus vidas fuera de la cárcel, en un ambiente de libertad. Creó para ello la asociación Siloé, que en 1990 abrió una casa de acogida para personas con VIH-sida en fase terminal y en situación de abandono y extrema necesidad. En 1995, Siloé absorbió a 'Chavales', cuyos recursos pasaron a ser un programa más de la nueva asociación, y en 1999 se constituyó como fundación.

En 2001, la entidad empezó a trabajar con personas con discapacidad intelectual a través de su acogida en los hogares Jaipur y El Alfar, para el desarrollo de su autonomía personal y su integración social. Y en 2007 sumó el programa Prometeo, con diez viviendas tuteladas que permiten un proyecto independiente a personas con enfermedades mentales.

Tras el fallecimiento de Quini, Gijón solo tiene cinco hijos adoptivos en vida: Felipe VI, José Luis Garci, Margarita Salas, Juan Cueto y Marcelo Palacios. Y un único Hijo Predilecto, Arturo Fernández, después de que en enero también perdiera la vida el exministro Aurelio Menéndez.

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