«La juventud solo viene a pernoctar»

Fredesvinda León, junto a la alcaldesa, durante la cena celebrada en Granda. /  PALOMA UCHA
Fredesvinda León, junto a la alcaldesa, durante la cena celebrada en Granda. / PALOMA UCHA

«En Serín, desde que nos pusieron la autopista y cambiaron la vía del tren tienes que dar voces para hablar de casa al hórreo» Fredesvinda León protagoniza un multitudinario homenaje a la mujer rural

IVÁN VILLAR GIJÓN.

«Serín ye muy grande y estamos muy separados unos de otros. Hoy no conocemos más que a los que tenemos en las casas más cercanas y a los que son viejos como nosotros, porque la juventud aquí no para más que a pernoctar. Antes nos conocíamos todos. Y con una voz pequeña que dieras ya te escuchaba cualquier vecino. Ahora con todo lo que nos metieron, que si la autopista, que si la vía del tren que cambiaron, si estás a cinco o seis metros, uno en la casa y otro debajo del hórreo, ya tienes que hablar a voces». Son anécdotas de vida de Fredesvinda León, testigo durante 88 años del día a día de Serín, donde nació y donde vivió junto a su marido «de la labranza», hasta que llegó la jubilación, los animales se quedaron «en cuatro gallines y poco más» y la tierra quedó «en un huertín para entretenerse, pero ahora ni nos dejan poner patatas».

Ayer Fredesvinda fue la protagonista de la cena de homenaje a la mujer rural que desde hace ya dos décadas organizan cada año las vocalías de la mujer de las parroquias rurales. La de Serín, a la que le correspondía elegir este año proponer un nombre de entre sus vecinas, optó por ella «porque desde el minuto cero ha participado en todas las actividades que promovemos y, salvo cuando se lo impide la salud, no se pierde nada». «Es una mujer que siempre vivió en la parroquia, plantando en la huerta con su marido, y que pese a que en la época que le tocó no tuvo la opción de estudiar, siempre ha tenido mucha altura de miras y no se conformó con quedarse encerrada en casa», explica Ángeles González, que no duda que reúne «todas las cualidades para recibir el premio». Por más que Fredesvinda insistiera en que «no he hecho nada fuera de lugar». Sus vecinos bromean con ella por su afición a «la maquinita», una pequeña videoconsola portátil que le regaló su hijo y con la que se entretiene «a menudo» con juegos orientados al refuerzo de la memoria o el desarrollo cognitivo. «La naturaleza necesita pasatiempos». De los múltiples cursillos en los que participa en la vocalía, destaca los de manualidades, y especialmente los de pintura.

Ayer, en una cena en La Carbayera de Granda en la que participaron trescientas mujeres de las parroquias rurales y que contó con la presencia de la alcaldesa, recibió como detalle por toda una vida dedicada al campo unos pendientes y un collar.

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