La Laboral cambia de estrategia

El artista Alberto Valverde trabaja en una de sus piezas./
El artista Alberto Valverde trabaja en una de sus piezas.

El centro gijonés se centra en las residencias de artistas y en su labor educativa para paliar la falta de grandes exposiciones

AZAHARA VILLACORTA

Una placa en la que figuran los nombres del expresidente Vicente Álvarez Areces, la exministra Carmen Calvo y la excaldesa Paz Felgueroso recuerda la inauguración, el 30 de marzo de 2007, de la «joya de la corona» del entonces nuevo plan de usos de la Laboral: su Centro de Arte y Creación Industrial, un edificio en el que el aislamiento acústico había permitido rebajar la reverberación desde 14 a 1,5 decibelios, con una fachada de gres porcelánico mejorado y un hall de entrada rematado en voladizo. En total, 14.000 metros cuadrados distribuidos en varios espacios con techos de más de diez metros de altura. Pero lo más alucinante de aquel gigantesco cubo blanco no era su continente, sino su contenido, que pretendía hacer de Asturias una punta de lanza de la vanguardia artística abrazada a la tecnología.

Desde entonces, han llovido once años y, en 2017, el de su décimo aniversario, fue necesario aplicar un torniquete de emergencia para contener una sangría financiera que se tradujo en un plan de viabilidad -hasta 2019- que incluía medidas como decretar el cierre de sus instalaciones durante tres días a la semana y tres meses al año. Un plan que, en una suerte de pescadilla que se muerde la cola, contribuyó a que Laboral haya llegado a nuestros días con la cifra de visitantes (12.088) y usuarios (26.214) más baja de su historia y que incluía también la prohibición de contratar personal tras el despido de varios 'falsos autónomos', además de un proyecto de captación de recursos ante la fuga de patronos y otro de eficiencia energética.

Con todo y unas facturas mensuales de calefacción que llegaron a sumar 9.700 euros, en Laboral sigue haciendo calor, como cualquier visitante puede comprobar una desapacible y lluviosa mañana cualquiera de inicios de primavera.

Lo que sí ha cambiado es que su plantilla ha quedado reducida a nueve personas, además de una deuda que ha ido creciendo hasta elevarse a 1,7 millones de euros, lo que ha obligado al Principado a aprobar una partida extraordinaria por la que destinará 360.000 euros al centro de arte gijonés, de los que 60.000 irán a la gestora de arte actual, mientras que otros 300.000 servirán para afrontar el pago de parte de lo adeudado.

Pero, si el visitante es mínimamente observador, también podrá comprobar que en el equipamiento de Cabueñes ya no es tiempo de grandes exposiciones. Y eso que sus muestras más extraordinarias se organizaron en periodo de crisis absoluta. Una, en colaboración con Francesca Thyssen, que presentó por primera vez en España su suntuosa colección de arte visual, estando todavía Rosina Gómez Baeza -artífice intelectual del complejo- al frente de la dirección, y otra con el Centro Georges Pompidou, que repartió por las salas del centro una selección de sus fondos audiovisuales. Las dos citas fueron la demostración palpable de que la intención era no recortar objetivos.

Ahora el rumbo ha virado, pero la actividad no se detiene y Laboral se ha replegado en la producción y la actividad educativa, como explica su directora artística, Karin Ohlenschläger, que opina que la cuestión en este momento no es si se venden o no entradas, sino que «se trata de mirar a largo plazo, no de lo que es rentable de hoy para mañana. ¿Que pasamos por una situación complicada? Pues sí. Nos pasa a todos tanto en lo profesional como en lo personal. Pero, por eso, no dejamos de vivir ni de trabajar. Incluso convertimos los problemas en retos que nos permiten crecer y avanzar. Hay que verlo desde este perspectiva positiva, porque la negatividad no ayuda».

«Hartos de la dictadura de los números», en palabras del viceconsejero Vicente Domínguez, los responsables de Laboral recuerdan que están teniendo «una media de 400 personas semanales entre usuarios de talleres, programas educativos o de residencia, grupos de música o teatro, artistas visuales o emprendedores del sector creativo y cultural». Que, «en los últimos cinco años, más de 11.000 personas entre profesorado y alumnado de ochenta centros educativos de toda Asturias han pasado por Laboral dentro del programa AuLab». O que, «en la actualidad, hay cuatro colegios e institutos de Asturias participando en el proyecto europeo Fab@Lab School, que los llevará a varios países». Y eso, para Ohlenschläger, «es lo que importa» esta mañana en la que Laboral ha sido colonizada por un ejército de nativos digitales.

Son los estudiantes de 3ºB de Primaria del Colegio Público Cabueñes, que, guiados por el equipo educativo del centro, andan fascinados porque es la primera vez que asisten a un taller en el que han fabricado sus propias marionetas y han entrado en un plató colosal, donde también han visto una película «en alemán subtitulada», precisa uno de los chavales. Y su tutora, Yolanda Fernández Hortal, asimismo encantada porque ha podido trabajar con ellos «desde la creatividad y la puesta en escena hasta una parte más emocional. Muy completo».

Y del alemán al inglés, porque la segunda tanda de esta jornada matinal está reservada a un grupo de estudiantes de Bachillerato de la Nichols School de Buffalo (EE UU) y Alberta (Canadá) que estos días están de intercambio en los institutos Jimena y Jovellanos. O, mejor dicho, al castellano, porque han pedido que el taller en el que van a participar utilizando la técnica de animación 'stop motion' para crear una pieza de vídeo-arte se imparta en la lengua que han venido a perfeccionar a Asturias.

Su profesor, Ben Gerhard, cuenta que en la Nichols School dan «una gran importancia a la cuestión artística desde hace dos décadas. De hecho, es una materia obligatoria y el centro cuenta con cuatro docentes de arte a tiempo completo y con una profesora de danza con la que crean sus propias coreografías, además de utilizar las enseñanzas artísticas de forma transversal» en todas las asignaturas. «El planteamiento allí es muy distinto que en España y se intenta sacar el máximo partido a centros como Laboral», confirma su homóloga gijonesa, Ana García, del IES Jovellanos.

Y, mientras que los alumnos de la Nichols recorren las instalaciones sin perder detalle, a pocos metros trabaja con impresoras 3D y soldaduras Alberto Valverde, uno de los residentes que -en palabras de Ohlenschläger- «han podido desarrollar su potencial en el exterior junto con su compañera María Castellanos». Dos artistas que, con la Laboral cediéndoles el espacio y los materiales, «están haciendo cosas maravillosas en países como Suecia o Dinamarca», además de firmar una de las muestras que estos días se exponen en el centro, 'Next Things_Next Starts', para la que crearon un 'vestido inteligente' que reacciona ante parámetros como el ruido o los rayos ultravioletas.

Valverde, que trabaja en un proyecto europeo que lo llevará en breve al parisino Centro Pompidou y que nos permitirá «sentir a las plantas», no tiene duda: «Nos valoran más fuera que aquí. Además, consideran que quienes han pasado por Laboral son muy buenos artistas. Nosotros viajamos muchísimo fuera y este centro de arte es un referente internacional. Todo el mundo sabe dónde está y dónde está Gijón». Aunque también se explica que no tenga más visibilidad: «Laboral hace una labor tremenda, pero, como no tiene dinero para organizar grandes exposiciones, funciona como una entidad que gestiona un montón de proyectos creativos y culturales. El problema es que eso no se ve». A lo que se suma que «una parte de los artistas, más tradicionales, prefieren que el presupuesto vaya a parar a museos como el Bellas Artes y la boicotean».

Una posible solución la aporta la arquitecta gijonesa Eve Blanco, que desarrolla una vivienda esencial (60 metros cuadrados) construida con materiales ecológicos y con un consumo mínimo de calefacción. Un proyecto también autofinanciado, pero que disfruta de una residencia Laboral Impulsa: «Esto es un lujo. Nos estamos peleando por buscar usos culturales para edificios como Tabacalera cuando tenemos esta maravilla que da para todos y donde sobra espacio. A ver si el Principado y el Ayuntamiento lo poner en funcionamiento definitivamente y a ver si la gente de Gijón empieza a verlo como algo cercano porque hay un problema de escala: parece que está en el fin del mundo y solo hay que coger un autobús o una bicicleta». Laboral, hoy redimensionada, no se detiene.

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