Los ladrones pasan del 'bumping' a la rotura del bombillo

Intento de robo frustrado en un bombillo de seguridad.

Dos viviendas de Pumarín sufrieron el lunes robos en los que se utilizó esta técnica, ya detectada en más casos el último mes

G. POMARADA GIJÓN.

Si el verano pasado fue el del 'bumping', una técnica empleada por los cacos en la mayor parte de robos cometidos en viviendas de Gijón durante 2016, este los delincuentes vuelven a los métodos tradicionales. En los hurtos perpetrados en las últimas semanas, los vecinos víctimas de los ladrones se encontraron con una desagradable sorpresa: un vacío en el lugar que antes ocupaba el bombín. En el barrio del Polígono de Pumarín, ocurrió esta misma semana. El lunes, los ladrones entraron en dos pisos situados en la misma planta de un edificio de la calle Severo Ochoa. Solo dos semanas antes, otra cerradura de una vivienda de Contrueces fue forzada del mismo modo.

La rotura del bombillo, como es conocida en el argot de los cerrajeros, es una vieja conocida del sector. Hasta la irrupción del 'bumping' como procedimiento habitual de las bandas organizadas, hace poco más de una década, la mayor parte de las cerraduras de viviendas y locales comerciales se forzaban de este modo.

«Los bombillos rompen fácil porque son de latón, solo los de gama alta tienen una barra de acero anti rotura. Los ladrones cogen una llave inglesa o un alicate de presión que enganche el bombillo y lo rompen en menos de un minuto», explica Jonathan Solares, distribuidor de sistemas de seguridad que trabaja con cerrajeros de toda Asturias. Al contrario que en el 'bumping', los robos cometidos con esta técnica pueden prevenirse cerrando con llave. «Si tenemos un bombillo adecuado y echamos la llave, casi garantizamos que el ladrón no va a poder entrar», indica Solares.

Con la llegada del verano, cuenta, el sector ya ha experimentado el tradicional aumento de casos, «aunque no es el boom del año pasado». El distribuidor recuerda que los ladrones suelen cometer los robos entre las diez de la mañana y la una de la tarde, aprovechando que los inquilinos se encuentran fuera de la casa. «Solo en viviendas unifamiliares entran con gente dentro, en el caso de los pisos cuando se dan cuenta de que hay alguien, se marchan». En sus veinte años de profesión, recuerda, los patrones de los delincuentes han cambiado. «Antes aprovechaban zonas con fácil acceso a la autopista para huir. También preferían primeros y últimos pisos, pero ahora ya se ven casos en cualquier sitio y en cualquier altura».

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