Llorca insta a abaratar los servicios para que Balearia llegue a Gijón

José Llorca. / P. UCHA

«Buscamos un escenario en el que, en tres o cuatro años, las líneas puedan vivir por sí mismas en condiciones de mercado», advierte

E. C. GIJÓN.

El presidente de Puertos del Estado, José Llorca, advierte, con vistas a la recuperación de la autopista del mar Gijón-Saint Nazaire, que «hemos visto que seguramente hay que trabajar algo más el tema de los costes de los servicios portuarios» para atraer a una naviera, en este caso Balearia.

Los costes portuarios fueron presentados por Llorca como principal escollo para la recuperación de la línea marítima, frente al abaratamiento del precio del combustible y de los contratos de alquiler de barcos, en relación al periodo en el que ya funcionó la autopista del mar asturiana.

Dichas valoraciones forman parte, dijo el presidente de Puertos del Estado, del estudio de la consultoría que analizó el proyecto, con todos los aspectos «perfectamente definidos para saber dónde pueden estar los cuellos de botella para que la línea sea absolutamente rentable».

Llorca admitió por primera vez desde la interrupción del servicio la posibilidad de conceder subvenciones del Estado para reanudar la autopista del mar Gijón-Saint Nazaire durante su reciente visita oficial a Asturias, con «un marco de ayudas que sea asumible por las tres administraciones de una forma cooperativa» y con las autorizaciones pertinentes de Europa. No obstante, advirtió de que «buscamos un escenario en el que, en un plazo de tres o cuatro años, las líneas puedan vivir por sí mismas en condiciones de mercado», porque «no podemos trabajar con líneas que necesiten una subvención permanente.

Descuentos

La referencia al abaratamiento de los servicios portuarios no es baladí, y probablemente tampoco casual o carente de intención. Mientras funcionó operada por LDLines, la autopista del mar tuvo importantes descuentos y facilidades con repercusión en los costes. Por una parte, los puertos pueden, sin perjuicio de los precios públicos o tasas que rigen para todo el Estado, establecer bonificaciones, acordadas con Puertos del Estado, para captar o mantener tráficos de especial interés. Así ocurrió con la autopista del mar asturiana.

Cabe pensar que la misma consideración sería aplicada a cualquier otra naviera interesada en el mismo servicio, pero las bonificaciones a las tasas no son realmente costes de servicios portuarios, a los que se refiere José Llorca. Practicaje, remolque, amarre y estiba son o pueden ser los «cuellos de botella» sobre los que el presidente de Puertos del Estado insta a «trabajar» a El Musel. En ese sentido, cabe citar que, como es natural, los prácticos, por ejemplo, aplicaron precios inferiores a los de las tarifas que tienen aprobadas cuando un cliente tiene que meter y sacar el barco tres veces por semana, caso de la autopista del mar. Eso ya ocurrió en el pasado y no hay razón para pensar que no volvería a ocurrir en las mismas circunstancias. Otro ejemplo es el de la estiba, cuyos trabajadores facilitaron el abaratamiento, por ejemplo, del tráfico de vehículos sin matricular.

Hay que tener en cuenta, no obstante, que asumir esos costes, aunque ya estén rebajados, puede tener para Balearia una dificultad no sólo económica, sino también psicológica. La razón es que esta naviera especializada en cruceros se presta a sí misma los servicios portuarios en algunos puertos en los que hace escala. Es algo que, al menos en relación con alguno de esos servicios, permite la normativa, en función de las circunstancias de la explotación de la terminal.

Quiere decirse que un capitán que atraca y desatraca todos los días en un puerto, por estar de servicio en una línea de alta frecuencia, puede optar por prescindir del asesoramiento del práctico, por seguir con el mismo ejemplo. ¿Es imprescindible conceder una gran autoprestación para hacer viable la autopista del mar Gijón-Saint Nazaire?. Se puede interpretar que ayudaría a la recuperación de la línea, según el hilo argumental del presidente de Puertos del Estado, pero lo que sí está claro es que ese tipo de funcionamiento provoca tensiones con los prestadores habituales de los servicios portuarios.

De momento, los «cuellos de botella» en la negociación con Balearia, si es que ha comenzado, no han trascendido.

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