«Este fue el gran sueño de mi padre, su obra culminante»

Luis Chillida. / ARIENZA
Luis Chillida. / ARIENZA

Luis Chillida, presidente de la Fundación Eduardo Chillida: «Llegando a los 30 años la pieza está en ese punto de velar para que sus marcas no vayan a más, pero quitarlas de forma artificial sería dañino»

A. AUSÍN GIJÓN.

Luis Chillida Belzunce (San Sebastián, 1962), séptimo de los ocho hijos de Chillida y albacea de su obra, se fotografía para EL COMERCIO ante una obra que no duda en calificar como «el gran sueño de mi padre». Así ve el 'Elogio'.

-¿Qué ha sentido ante el 'Elogio? ¿Hacía mucho que no lo visitaba?

-Hace año y medio de la última vez. Con el documental 'Lo profundo es el aire' estuve bastante tiempo, pero después también he pasado. Cuando me acerco por aquí me encanta venir. No me lo pierdo.

-¿Cómo evoluciona la pieza?

-Yo la veo estupenda. Esas pequeñas marcas, mientras no vayan a más, no me parecen nada reseñable, dada la escala de la obra. Creo que sería en muchos casos más dañino tratarlas con pegotes artificiales para quitarlas. Yo tengo una gran confianza en este proyecto tan interdisciplinar en el que se va a trabajar desde tantos puntos de vista (técnicos, químicos, físicos). Llegando a los treinta años, está ya en ese punto de velar por que conserve esta pátina que da el tiempo sin que el deterioro vaya a más. Pero la pieza está estupenda.

-Sus casi tres decenios, ¿consolidan la idea de que fue la obra más monumental y querida de Chillida?

-Sí. El 'Elogio' tiene algo muy especial, es un proyecto que llegó en una madurez, que fue buscando su lugar hasta llegar aquí. En su obra en hormigón, es la culminación. Llegar a esa escala soñada y a esa relación con el horizonte. El horizonte fue algo que aita llamaba la patria de todos los hombres, ese lugar que es de todos. ¿Y dónde se ve mejor que desde este Cerro? ¿Cuántos sitios hay donde tengas este dominio? Para aita fue una ilusión tremenda. Es un acierto la relación con la naturaleza, con el entorno... Ese final de la ciudad, ese irnos al infinito más allá del horizonte son temas muy presentes en toda su obra que aquí llegan a un momento muy especial.

-¿Recuerda aquel proceso creador inverso (la pieza antes que el lugar) de finales de los ochenta?

-Según avanzaba su vida mi padre cada vez estaba más obsesionado con buscar el lugar adecuado. Cuando nace el 'Elogio' él tenía los primeros aromas (las tres versiones iniciales en acero), pero necesitaba el lugar. Buscando sitios en Francia, donde tenía un encargo, empezó a ver que todos los adecuados eran fortalezas militares. Fue cuando nos llamó Paco Pol, el arquitecto que estaba haciendo esta remodelación del Cerro.

-¿Les conocía?

-No. El había oído hablar de la búsqueda. Le llamó y le contó que esto era una fortaleza militar, de defensa de la ciudad. Entonces mi padre me llamó y me dijo 'vámonos a ver este sitio de Gijón'. Vinimos y hubo flechazo, le pareció una maravilla. Solo ha habido dos obras en las que buscó el lugar y la otra no está hecha; la montaña Tindaya, que también estuvo buscando muchos años. Ahora está durmiente. Pero es complicado y ¿costoso? Lo del coste siempre es relativo. Como le dijo a un periodista, 'hacer un Falcon cuesta muchísimo más dinero y solo sirve para matar'.

-¿Frecuentó Chillida Gijón desde 1990 hasta su muerte en 2002?

-Sí. Vino bastantes veces a ver cómo estaba, a una exposición en el Revillagigedo, a filmar documentales... Lo disfrutaba mucho porque no era algo habitual como 'El peine de los vientos', que tenía debajo de casa. Él era un poco vergonzoso. Al 'Peine' se iba a las seis de la mañana cuando solo estaban los pescadores. A veces decía que la ciudad había ganado el 'Peine', pero él había perdido su lugar.

-Para un hijo, perdido el padre, contemplar su obra es una evocación.

-Claro. Es una relación de hermandad, algo que es tan tuyo, que lo has vivido tanto, que es estar con él, es estar con su trabajo, es recordar algunas cosas que hemos pasado juntos.

-Y ahora, tras siete años cerrado, revive el Chillida Leku...

-Sí, no hay una fecha, pero está previsto para el segundo semestre. Hombre, la gente llamaba y venía bajo cita. El año pasado tuvo 8.000 personas. Ahora estamos muy contentos de la nueva relación con la galería Hawer & Wirth. De hecho, el 30 de abril estaremos en Nueva York para la primera exposición.

-Plantean iluminar el 'Elogio'...

-El horizonte no necesita ser iluminado, máxime en un lugar donde se ha acabado la ciudad. Es un lugar para observar y de noche es una maravilla. Quien lo quiera ver bien siempre podrá ir de día.

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