«En la magia no todo es truco»

Santiago Retes ejecuta uno de sus números. / JOAQUÍN PAÑEDA
Santiago Retes ejecuta uno de sus números. / JOAQUÍN PAÑEDA

Mago clásico y 'laserman', lleva de ciudad en ciudad su repertorio de nuevas y viejas artes de la fantasía

P. A. MARÍN ESTRADA GIJÓN.

Lo vemos con nuestros propios ojos: la chica se tiende en una gran urna transparente y comienza a levitar sobre unos chorros de agua. Es una mañana calurosa de verano y si hay truco o no, da igual: la envidiamos, no nos importaría sustituirla como voluntarios para refrescarnos de la ducha mágica. Aplaudimos el número y Santiago de Retes (Madrid, 1971), ilusionista vocacional y profesional, con una larga carrera a sus espaldas, antes de asombrarnos con un nuevo milagro, asegura que «el mago tiene que nacer, hoy muchos se hacen y algunos muy rápido, pero los verdaderos maestros, la élite del ilusionismo mundial, nacen o les hace el destino, como es mi caso».

Lo afirma sin vanidad ni falsa modestia este madrileño de raíces cántabras que ahora tiene la cabeza introducida en una pecera a la que un ayudante va vertiendo cubos de agua. Tiene las muñecas esposadas y el agua ya no invita a refrescarse: los casi tres minutos de inmersión son tan reales como la angustia que siente el que lo ve y el alivio al verlo finalmente liberarse de las esposas y salir de la pecera. Respira hondo y no le coge desprevenido nuestra pregunta: «¿Dónde está el truco?». Santiago, sonríe, secándose el pelo: «No lo tiene. Se trata de aguantar la respiración y concentrarse al máximo para que nada falle. Hay juegos realmente peligrosos, en la magia no todo es truco». En este caso fuimos testigos de un primer intento en el que algo no funcionó y el artista hubo de abandonar a mitad del número: «No estaba a lo que tenía que estar», explica ahora.

Luego lo veremos cortado en dos, con medio cuerpo para cada lado de la caja en la que se introdujo: la espectacular sierra que lo tronzó es creación del mismísimo David Copperfield, una de sus referencias en el mundo de la magia. Aguantar sin respirar bajo el agua y liberarse es posible, aunque requiera entrenamiento y concentración. Ser partido por la mitad y seguir charlando no parece que lo sea. Ahí está el juego. El mago lo argumenta, llevándonos a su terreno: «Mucha gente cree saber cómo se hace, aunque la sorpresa puede estar a años luz: el cerebro rechaza lo que no entiende y en materia de ilusionismo es una lucha que tiene perdida». Aquí quien gana es el asombro y la capacidad de fascinarnos, aún hoy, de estas magias.

Las nuevas tecnologías, lejos de preocupar a los magos, son herramientas que han incorporado a sus números artistas como Santiago y quienes le acompañan en el espectáculo que presenta en nuestra ciudad: 'Los Ilusionistas'. Él mismo es una prueba: «Soy mago clásico, pero trabajo desde hace dos décadas con el láser». En el show ofrece un buen repertorio de las nuevas magias: El Hombre Invisible juega con elementos audiovisuales y teléfonos móviles, Katia practica el 'quick change' (cambio de ropa en segundos) y El Escapista reinventa lo propio, y todo en una quincena de números «sin un solo tiempo muerto», detalla. Al mago le agrada saber que la pista en la que actúan cada noche fue la de la discoteca Rocamar: «Algo quedará de la energía de los que bailaron aquí». Y nos vuelve a sorprender con un juego de los que poco importa dónde está el truco.

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