«Manuela regresa a los 102 años a Cimavilla, su origen y raíz»

El primer banco, con María Veiga (hija política) y los hermanos Conchita, Belén e Ignacio García-Arango; junto a ellos sobrinos, hijos y amigos durante el funeral.
El primer banco, con María Veiga (hija política) y los hermanos Conchita, Belén e Ignacio García-Arango; junto a ellos sobrinos, hijos y amigos durante el funeral. / JOAQUÍN PAÑEDA

Políticos, representantes institucionales y técnicos arropan a la familia Cienfuegos-Jovellanos en la despedida a su matriarca en San Pedro

R. MUÑIZ GIJÓN.

El respeto y cariño abarrotaron ayer la iglesia de San Pedro, donde cerca de doscientas personas participaron en el funeral de Manuela Cienfuegos-Jovellanos González-Coto. Respeto por los 102 años alcanzados, «una edad casi bíblica», según anotó el párroco Javier Gómez Cuesta. Cariño por «los frutos de su vida, vosotros, que habéis sido educados por ella, que se ve que era una mujer de convicciones firmes y gran personalidad», destacó el religioso, apuntando a los deudos.

En la primera bancada escuchaba el primogénito, Ignacio García-Arango, ex ingeniero jefe de la Demarcación de Carreteras del Estado en Asturias, hoy presidente del Foro Jovellanos. A su lado, las hermanas Conchita y Belén y su esposa María Veiga. Hijos, nietos y sobrinos, continuadores todos de la matriarca del clan, les secundaban en una tarde en la que no estuvieron solos.

La presidenta del PP, Mercedes Fernández, acudió para respaldar a la familia. También el vicepresidente del Foro Jovellanos y ex director general de FCC, Avelino Acero, Orlando Moratinos, secretario de la organización, y otros miembros del patronato. Ingenieros de caminos, vecinos y representantes de las instituciones locales y regionales también se preocuparon de dar su pésame a los deudos desde que Manuela se fuera, mientras dormía, en la noche del viernes al sábado.

Ocurrió en Oviedo, pero el funeral tenía que celebrarse en San Pedro. «Regresa a sus 102 años a Cimavilla, su origen y raíz; nació en el corazón del barrio, fue bautizada en la antigua iglesia parroquial, se casó aquí el 19 de abril de 1941», recordó don Javier. El párroco observa en su ejemplo la prueba de que «la vida no es un vaivén, tiene un sentido, una meta, una recompensa aquí y en el más allá».

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