Mariano Marín: «Estoy profundamente halagado por esta distinción inesperada»

Mariano Marín recibe el premio Castelao de manos de la decana del Colegio de Arquitectos de Asturias, Sonia Puente Landázuri. / AURELIO FLÓREZ
Mariano Marín recibe el premio Castelao de manos de la decana del Colegio de Arquitectos de Asturias, Sonia Puente Landázuri. / AURELIO FLÓREZ

El arquitecto de 91 años recibió el premio Castelao por «el esfuerzo profesional y emocional que han dejado un legado en la ciudad»

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Rodeado de amigos, familiares y compañeros de profesión, Mariano Marín, de 91 años, recibió emocionado el premio Castelao que el Colegio de Arquitectos de Asturias concede a las más notables trayectorias profesionales de la región. La entrega fue, precisamente, en el Club de Tenis de Gijón, su primera obra como profesional y una buena muestra de sus preferencias arquitectónicas. «Me produce cierta emoción el reencuentro de lo que queda de mí como arquitecto, con lo que queda de lo que fue mi primera obra. En los dos es patente la herida del tiempo y nos contemplamos con profundo afecto», afirmó el homenajeado nada más arrancar su discurso. El galardón, reconoció, «me produce una enorme felicidad y me hace sentirme profundamente halagado por esta distinción tan inesperada».

Durante la entrega del premio, Marín hizo un repaso a su trayectoria e influencias profesionales. «En el Instituto Jovellanos me esperaba entonces un excepcional cuadro de profesores. Con su esfuerzo me hicieron fácil el acceso a conocimientos más complejos, necesarios para ser recibido tanto en la Universidad Central de Madrid como en el prestigioso MIT», explicó. También quiso destacar la influencia de la música en su obra. Destacó entre sus compositores favoritos a Igor Stravinsky, del que aprendió a utilizar una «economía de medios expresivos» necesaria para eliminar el exceso de ornamento.

El panorama arquitectónico que se encontró en la ciudad cuando empezó a ejercer, según reconoció, le incomodó de inmediato. «No compartía los criterios de aquella época en los años 1959 y sucesivos. Me encontré con ordenanzas que empobrecían el diseño de los edificios y prohibiciones arbitrarias de cualquier elemento de coronación», lamentó. Su obra, sin embargo, se mantuvo siempre fiel a sus principios como autor, una tarea en la que «siempre me he visto apoyado por el Colegio de Arquitectos».

La decana del colegio, por su parte, también intervino para destacar las virtudes que han llevado a Marín a recibir esta primera edición del premio Castelao. «Nos dejas, Mariano, una muy buena herencia sobre la manera de entender la arquitectura que construye la ciudad», sostuvo Sonia Puente Landázuri. Su trayectoria, añadió, «está marcada por un esfuerzo profesional y emocional que ya han dejado un legado en la ciudad». En este sentido, anunció que la aportación arquitectónica de Marín estará recogida a partir de enero a través de una exposición y de un catálogo conmemorativo.

Más allá de su obra, Landázuri destacó los valores humanos del veterano profesional como otro de los factores decisivos a la hora de decidir el fallo del premio. «También nos dejas una gran herencia con tu integridad ética y tu forma de entender la profesión. Por eso es un honor hacerte entrega del primer premio Castelao, arquitecto además con el que trabajaste y os unía una misma actitud al enfrentaros al plano en blanco: la pregunta de los científicos sociales», concluyó.

«Grumete» en muchas facetas

En representación del equipo de gobierno de Foro acudió el concejal de Movilidad y Seguridad Ciudadana, Esteban Aparicio, mientras que por parte del Principado asistió el director general de Ordenación del Territorio y Urbanismo, Juan Fernández Pereiro. El primero destacó la gran labor que Marín ha dejado en la ciudad, destacando su estilo «sencillo a la par que elegante» que se integra en la concepción artística del autor. Apeló, por otra parte, a la responsabilidad de urbanistas y arquitectos a la hora de concebir la ciudad del futuro. «Tienen que enfrentarse a retos de importante implicación social. Por ello, quiero agradecer la labor del Colegio de Arquitectos a la hora de difundir la calidad de la arquitectura asturiana», subrayó.

Javier Calzadilla, arquitecto y amigo personal de Marín, también quiso dedicar unas palabras al homenajeado, con el que trabajó en varias ocasiones. «Yo fui un grumete suyo en muchas facetas. Me acuerdo que recorriendo el Mediterráneo en su velero, en una ocasión, me dejó al timón y se puso a leer un libro. Cuando llegó una situación que creía que no podía controlar bajé a pedirle ayuda y él, sin levantar la vista del libro, me dijo que yo podía encargarme del asunto sin darle mayor importancia. Con su trato te hacía ver que eras capaz de hacer cosas en las que no creías. En el trabajo y fuera de él», concluyó Calzadilla.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos