«Germán está mal pero cada día va mucho mejor»

Marina ayuda a su hermano a beber un zumo de naranja. La chica ha dejado temporalmente los estudios para estar a su lado. / MARTÍN BENET
Marina ayuda a su hermano a beber un zumo de naranja. La chica ha dejado temporalmente los estudios para estar a su lado. / MARTÍN BENET

El día a día del joven gijonés en el Instituto Guttmann transcurre entre el gimnasio, la cafetería de la clínica, el logopeda y los paseos con su hermana y su madre

CRISTIAN REINO BARCELONA.

Cinco meses han pasado desde que Germán Fernández, gijonés de 25 años, recibió una brutal paliza en la zona de ocio nocturno de Fomento a manos de un grupo de jóvenes que buscaban pelea. Una agresión que a punto estuvo de costarle la vida. Superó el coma, pero los daños cerebrales son severos. Su familia está con él, acompañándole en el duro día a día de la recuperación en el Instituto Guttmann, en Badalona, muy cerca de Barcelona. Se trata de un centro especializado en lesiones cerebrales y en rehabilitación neurológica. Su madre Yolanda y su hermana Marina están con él desde hace un mes, cuando fue ingresado en el hospital barcelonés. No quieren hacerse falsas esperanzas, pero son conscientes de que los daños cerebrales pueden ser irreversibles.

«Va mejorando», afirma su madre. Cuando estaba en coma, los médicos les advirtieron de que nunca caminaría y nunca hablaría, pero su madre y su hermana están convencidas de que lo conseguirá. «Hablará y andará», asegura la madre. «Puede recuperarse y despertar del mundo en el que está instalado», dice, agarrándose a la esperanza, que es lo que da fuerzas en una situación tan dura como ésta. Aunque sabe lo complicada que es una lesión cerebral. Las cicatrices en la cabeza de su hijo se lo recuerdan a todas horas. «El otro día hablaba con una madre que lleva dos años aquí por su hijo, que también recibió una paliza en una pela y no se ha recuperado», admite con tristeza.

El día a día se hace muy duro para Yolanda y Marina. También para Germán. Se despierta sobre las 9.30 horas. Desayuna y se prepara para su primera sesión de rehabilitación. Es en el gimnasio, donde le están enseñando a andar, a que coja fuerza. «Es empezar de cero», dice su hermana. En el gimnasio, en una especie de circuito, también les instruyen en hábitos cotidianos para cuando vaya a casa. El otro ejercicio diario es con el logopeda, con quien tiene que aprender a hablar. Antes de nada, saber respirar y modular la lengua. «Trabaja mucho, es muy disciplinado», apunta su hermana menor. Tras los ejercicios, sale a pasear, siempre con su silla de ruedas, con su familia por el recinto hospitalario o incluso más allá de él. Junto al Guttmann, está el hospital Germans Trias i Pujol.

Come sobre las 13.30, descansa en la habitación, que comparte con otro paciente, y ya por la tarde no tiene muchas ganas de hacer la rutina de ejercicios. Paseo con la familia, cena hacia las 19.30 y suele acostarse temprano. Algún día quieren ir a ver al Barça, equipo del que Germán es fiel seguidor desde pequeñito, cuando jugaba a fútbol. ¿Te gusta Messi? Germán responde con el pulgar hacia arriba, de momento, su medio de comunicación habitual. ¿Y el Sporting?, ahí no contesta. Su otra pasión son los zumos de naranja. «¿Está bueno?», le pregunta su hermana, en la cafetería del centro hospitalario. Otra vez el pulgar hacia arriba. «¿Quieres más?». Ahora hacia abajo. La televisión no la mira, porque le molesta el ruido, según relata su hermana. Y lo que peor lleva es cuando los suyos no entienden lo que quiere decir. En ese punto se frustra, se pone nervioso y se enfada. Eso sí, cuando se despide, da la mano.

«Al pie del cañón»

En principio, en el Guttmann les han dicho que el proceso de neurorehabilitación durará dos meses más (lleva uno) y a partir de ahí, según Yolanda Fernández, tienen previsto desplazarse a Madrid para seguir con la rehabilitación motriz. Les dicen que la estancia en la capital de España podría prolongarse un año. Madre e hija también tienen previsto instalarse allí. Marina tiene 17 años y ha dejado los estudios. Estará «al pie del cañón hasta que se recupere mi hermano», señala. «Está mal», admite, «pero cada día mucho mejor y no está tan mal, según cómo lo compares, porque estuvo a punto de morir», trata de positivizar la hermana. Como elemento positivo, Marina apunta que su hermano ha ganado casi siete kilos desde que está en Barcelona y que incluso come cosas que antes del accidente ni probaba, como las manzanas asadas.

La familia -la otra hermana, se ha quedado en Gijón al frente del negocio familiar de hostelería- apenas tiene ganas de hablar de la brutal paliza que recibió en la fatídica madrugada del 14 de julio y de momento no le han contado nada a Germán. «Lo entiende todo», dice la madre, que ya tiene decido que no le contará lo sucedido y que quien deberá hacerlo son los médicos. «Sabe que tuvo un accidente, pero nada más», apunta. «Esto es muy jodido, nos ha cambiado la vida», relata la madre, que evita los asuntos de la investigación. «Los abogados llevan el asunto», dice. Cuatro presuntos agresores permanecen en prisión preventiva.

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