El Mercado del Sur busca reinventarse

Algunos clientes del mercado, en la planta baja del mismo.
Algunos clientes del mercado, en la planta baja del mismo. / A. FLÓREZ

Comerciantes de la plaza del Seis de Agosto piden cambios tras el acusado descenso de clientes | Verían con buenos ojos la implantación de un modelo en el que convivan los productos autóctonos y la hostelería, como en Madrid o Barcelona

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

El Mercado del Sur -o plaza del Sur para los que aún lo recuerdan con su antigua denominación- se encuentra estancado. Después del duro golpe de la crisis, los negocios que pueblan el histórico edificio han notado que el volumen de público y de ventas no logra remontar a niveles del pasado. Cada uno con sus medios y basando su apuesta en «producto de calidad y mimo al cliente», los negocios miran hacia el futuro conscientes de que se necesitará aire fresco para mantener una propuesta atractiva en el futuro. «Yo resisto. Y por lo general, los que estábamos en el mercado antiguo hacen lo mismo. Sí que es cierto que se instalaron tres o cuatro negocios que acabarían cerrando al poco tiempo, pero más o menos aguantamos», explica Luis Martín Tessier, presidente de las seis comunidades que componen el mercado. Desde que el mercado se constituyese como tal en pleno cambio de siglo -«empezamos en pesetas y a los catorce días nos tuvimos que reconvertir al euro»-, algunas zonas del edificio no se aprovecharon tal y como fueron concebidas. Así, rodeando el perímetro del edificio, un gran número de oficinas se construyeron para que todo tipo de negocios pudiesen operar desde allí. «Instalaron la última tecnología del momento, pero nunca llegaron a ocuparse», lamenta Tessier.

San Miguel y San Ildefonso

¿Qué solución puede haber, entonces, para un edificio con tanta solera y espacio disponible? Por similitud, uno de los primeros modelos que se presta a la comparativa son los mercados gastronómicos que triunfan en Madrid o Barcelona. Ejemplos de ello son el Mercado San Miguel o el de San Ildefonso, que aúnan productos tradicionales con locales de hostelería. «Sí, podría ser una solución. De todas formas, eso tiene que venir desde la iniciativa privada y no ha habido nada en firme», sostiene Tessier.

Actualmente, el conjunto del edificio se gestiona desde la iniciativa privada. Así, las seis comunidades en las que se divide el mercado son los sótanos, el espacio ocupado por una cadena de El Corte Inglés, los comercios interiores del edificio, el Mercado de Aldea, las oficinas y los comercios exteriores. Para tratar de aprovechar el espacio en el futuro, sería necesario poner de acuerdo a los distintos propietarios.

La promotora inmobiliaria del Banco Popular, asimismo, es propietaria de buena parte de los espacios que actualmente no tienen uso. Las oficinas, en concreto, se anuncian en internet con precios que oscilan entre los 9.400 y los 127.000 euros en función de su tamaño.

Clientela envejecida

Panadería Geli acumula «más de sesenta años» en la primera planta del mercado. Actualmente es regentado por la segunda generación familiar y, preguntados sobre el estado del negocio, afirman que «la situación está estable, ni mal ni bien». «Notamos que los clientes, por lo general, son personas mayores, personas pensionistas. Por la mañana la gente joven está trabajando y solo el fin de semana es cuando se ve un poco más de variedad», explica Álvaro Cuetos. Esta ausencia de variedad en los clientes, explica, hace que sea necesario pensar en otro modelo de cara a una supervivencia futura. «El tema de los mercados gastronómicos podría ser una salvación. Es lo que te pide este espacio, venir a comprar y de paso tomar un vino o una cerveza», asevera. Una de las causas a las que achaca esta falta de inversión privada es al tipo de turismo que llega a la ciudad, «escaso durante la temporada baja aunque cada vez más numeroso en Navidad y verano».

Ana Villa, de La Frutería, se muestra pesimista a la hora de valorar el futuro del mercado. «Creo que está muriendo poco a poco, la gente que viene es muy mayor y no hay relevo generacional», sostiene. En época estival logran aumentar las ventas «gracias al turismo», pero la solución es coyuntural. «Habría que mirar lo de los mercados gastronómicos, puede ser una solución. Lo que está claro es que se necesitan cosas nuevas y que den pie a comprar. El espacio es bonito pero necesita nuevos estímulos», concluye Villa.

Pese a que ninguna propuesta ha llegado a cuajar, algunas iniciativas privadas ya se han interesado por darle un uso alternativo a los espacios. En concreto, una conocida empresa cervecera inició contactos hace más de un año para dinamizar el mercado. La situación, sin embargo, no llegó a concretarse. El mercado, por tanto, sigue a la espera de encontrar una fórmula que recupere el interés sin perder la esencia.

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