400 metros de túneles en el refugio antiaéreo de Cimavilla

Toño Huerta, en el interior del refugio de Cimavilla. / PALOMA UCHA
Toño Huerta, en el interior del refugio de Cimavilla. / PALOMA UCHA

VIOLETA DE LA PUENTE GIJÓN.

Por primera vez en muchos años ayer se accedió al refugio antiaéreo de Cimavilla. Fue construido durante la guerra civil española para proteger a los gijoneses de los ataques aéreos que se habían iniciado ya en 1936. Cuando se produjeron los primeros bombardeos aún no existían refugios propiamente dichos, la población se ocultaba en portales y sótanos. Así, se decidió construir lugares lo suficientemente seguros para salir ileso del impacto de una bomba. El refugio de Cimavilla es el más grande los treinta que se encontraron en un estudio elaborado en 2010 y ayer la Asociación Lázaro Cárdenas 'reabría' este refugio, que quiere convertir en un reclamo turístico más y que estudia con una subvención de la concejalía de Cultura. «Son más de 400 metros cuadrados de superficie, con capacidad para 1.200 personas», explica Toño Huerta, coordinador del proyecto, en el que toman parte una arqueóloga, un geólogo y un ingeniero de minas.

«Si todo sale bien, nosotros mismos podremos caminar por esta larguísima red de túneles y conocer las circunstancias en las que sobrevivieron los asturianos a los ataques aéreos durante la guerra civil», destacaron en la presentación de esta iniciativa.

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