Miguel, el guardián de la Feria

Miguel García Barro en la exposición de los carteles feriales. / PETEIRO

Su perseverancia en guardar los tesoros de la Feria de Muestras posibilitó la actual muestra de carteles

GIJÓN.

Miguel es uno de esos personajes capaces, por sí mismos, de generar estusiasmo, de crear lo que ha dado en llamarse «energía positiva». No lo tuvo fácil. De niño, como tantos en aquellos años sesenta del pasado siglo, tuvo que salir de su casa, con 15 años y pantalón corto en ristre, a buscarse la vida y unos duros con los que colaborar al erario familiar. El destino hizo que Miguel García Barro, aquel pequeño tímido nacido en Villaviciosa al que, eso sí, nada se le ponía por delante, recalase en la Cámara de Comercio de Gijón, en tiempos en los que, ya casi nadie se acuerda, la institución tenía su sede en un pequeño local de la calle de Felipe Menéndez. Allí estaba su ubicación física, pero su alma la tenía en la personalidad de Luis Adaro Ruiz Falcó, el «eterno» presidente cameral y «alma mater» de la actual Feria Muestras de Asturias.

Miguel se jubiló como director del Área Técnica de la Cámara de Comercio hace cuatro años y medio dejando el relevo a su amigo y admirado Juan Bautista Alonso, pero, aunque se resiste a reconocerlo, no se fue del todo. No puede irse porque las huellas de su paso por el recinto ferial del Piles, mal que le pese, siguen y seguirán estando en pie. Y nunca mejor dicho porque, por mencionar un ejemplo, fue quien se desvivió por proteger y cuidar al máximo la riqueza de los árboles y otros elementos ornamentales naturales que jalonan el recinto ferial y que en muchas ocasiones pasan, por lo cotidiano, más que inadvertidos. Apasionado del «teatro de la naturaleza», de la astronomía, la botánica o la fauna, trasladó sus experiencias a la que, durante casi 50 años, fue su «casa», el recinto ferial.

DETALLES

Villaviciosa
Aunque nacido en la villa maliaya, de niño ya vino con su familia a vivir a Gijón.
Mayo de 1964
En esa fecha, con 15 años, empezó a trabajar en la Cámara de Comercio de Gijón. Jubilado en diciembre de 2012, casi llegó a los 50 años camerales.
Familia
Casado con Manuela Acebal, tiene dos hijos, Miguel y Carolina.
Mercaplana
Fue gerente del certamen 36 años, además de director del Área Técnica entre numerosas responsabilidades.

Ahora, desde la tranquilidad de la jubilación y en sus paseos con Silvano Mba, el popular rey Baltasar, lo reconoce: «Sin el entusiasmo de aquellas primeras ediciones, la Feria nunca hubiera sido posible».

Pero es que antes de llegar a la máxima responsabilidad técnica del recinto ferial, Miguel García Barro pisó casi todos los 'charcos' que se pueden pisar en los terrenos de la vera del Piles. Y es que le 'tocó' lidiar con unos tiempos en los que su mentor, el recordado Luis Adaro, se enfrascó en la difícil tarea de recuperar las ferias de muestras en Gijón siguiendo el modelo de sus antepasados, allá por los años veinte y treinta del siglo XX. No había nada, ni recinto ni nada que se le pareciese. Solo un grupo de entusiastas trabajadores, entre ellos el propio Barro, pero también otros como Pedro García Rendueles, Tomás Salvador, Carmen Uría o Carmen Fernández y, más tarde, Álvaro Muñiz, capaces de hacer lo nunca visto: crear una feria de muestras de la nada, en la misma calle, en la carretera y las aceras del entorno de la, por entonces, avenida de Fernández Ladreda.

Cada cual tenía su cometido. El joven Miguel García Barro recuerda que no tenía tiempo de ir a dormir a su casa (por la noche había que limpiar el recinto), y lo hacía en el stand de Casa Viena. Daba igual. La nostalgia le embarga recordando aquellos episodios, como cuando iba a «vender» la feria y el Pueblo de Asturias por todo el Principado en un coche destartalado, casi como un titiritero. ¡Cómo han cambiado las cosas!

Recuerdo para los presidentes

Pasaron los años y crecieron las responsabilidades. Miguel, lo admite, siempre tuvo 'in mente' que estaba inmerso en un proyecto de ciudad con perspectiva de futuro y que el legado del trabajo de Luis Adaro («habría que inventar una personalidad como la de Luis Adaro cada 20 o 30 años», dice, a la vez que recuerda con cariño y máximo respeto al también expresidente Claudio Fernández-Junquera) y de todos quienes afrontaron el reto de crear y desarrollar la Feria de Muestras había que conservarlo, en lo posible.

De forma callada, a la par que llevó la gerencia de Mercaplana durante 36 años o creó, de la mano de Guillermo Quirós como presidente, el primer punto limpio ferial de España, fue guardando material, planos, papeles, documentos, carteles y, en fin, todo lo que pudiera tener valor para generaciones futuras.

Lo apiló en lugares de lo más pintorescos hasta conservar parte de la historia ferial en su propio domicilio. En la Feria no tenía todo cabida. Y es que, ya se sabe, quien guarda... Eso sí, siempre tiene una palabra de recuerdo para su «escudero» José María García y el hermano de éste, Alfonso que, como jefe de taller, fueron y son esas manos tan oscuras como necesarias para mantener vivo un proyecto. «Si todos no empujan», enfatiza, «no es posible conseguir los objetivos».

La Feria de Muestras de Asturias estuvo el año pasado de cumpleaños redondo: sesenta años. Un buen momento, pensó su presidente, Félix Baragaño, y su ejecutivo, para recordar tiempos pasados, para dar lustre al trabajo de los valedores del certamen. Pero, ¿cómo hacerlo? Surgió la idea de rescatar la cartelería de la Feria desde sus inicios, un ejercicio histórico peculiar ya que, así se reconoce, cada cartel y cada momento tuvo su propia personalidad. En cincuenta años el mundo ya no es el mismo. El diseño, por supuesto, tampoco. No hay más que ver la cartelería de entonces y la actual y es que, además, una amplia relación de importantes pintores e ilustradores asturianos forman parte de la nónima de los autores de los carteles feriales. Pero esa es otra historia.

Mención de Baragaño

Luego, surgió la duda: ¿dónde están esos carteles?, ¿cuántos existen?, ¿cuántos han desaparecido? En suma, dónde estaba esa documentación necesaria para concretar la deseada muestra. En la cabeza de todos un nombre: Miguel García Barro. Y, como siempre, no defraudó. Cuando el presidente de la Cámara de Comercio de Gijón, Félix Baragaño, hizo expresa mención de agradecimiento a García Barro en el acto de inauguración de la exposición aún abierta en el Palacio de Revillagigedo, Miguel esbozó una sonrisa tras la incipiente barba tras la que se esconde el infantil personaje de Gaspar. Otra vez más, seguro pensó, misión cumplida.

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