Adrián Arias, militancia vecinal desde la cuna

Adrián Arias, en La Camocha./JORGE FERNÁNDEZ
Adrián Arias, en La Camocha. / JORGE FERNÁNDEZ

Activista desde muy joven, atesora una trayectoria marcada por su capacidad de movilización. Repite al frente de la Federación de Asociaciones

POR ÓSCAR PANDIELLOGIJÓN.

Aunque iba para periodista y aún recuerda con una amplia sonrisa su breve paso por la radio local, la trayectoria vital de Adrián Arias (Gijón, 1988) le acabó llevando a las calles y no a las ondas. Y eso que a la hora de decidir su futuro académico, Arias ejerció su «derecho a la inmovilidad» -término que rescata del activista y escritor ovetense Eduardo Romero- para quedarse en la villa de Jovellanos. Así, escogió estudiar Derecho y, en paralelo, fue alimentando el gusanillo del activismo social. Hasta el punto de convertirse en el presidente más joven de la Federación de Asociaciones de Vecinos de la Zona Urbana (FAV).

Criado en La Camocha, su padre Joaquín participó activamente en los comités de empresa de Astilleros del Cantábrico y de Ensidesa. Su madre Irene, también con pasado sindicalista, trabajó en la lavandería del Sanatorio Marítimo. Si a eso se le suma el pasado minero de sus abuelos, se puede decir que la educación en la lucha social le llegó casi de serie, marcada en el ADN. Durante su adolescencia, Arias se volcó a la hora de darle vida al barrio. Tanto que estaba casi más interesado en organizar las fiestas del barrio que en disfrutarlas.

Formación:
se formó en La Camocha, en el colegio Jacinto Benavente, antes de estudiar Derecho. Actualmente cursa una FP en Prevención de Riesgos Laborales.
Movimiento vecinal:
comenzó apenas siendo un adolescente en la asociación de vecinos de La Camocha. En la FAV, fue integrante de la directiva de Tita Caravera hasta coger las riendas de la federación en 2016.
Fútbol:
jugó en el Atlético Camocha, Roces, La Braña, Manuel Rubio e Inmaculada, donde ahora entrena en categorías inferiores.

Durante la década de los años 90, varias circunstancias despertaron decisivamente su militancia. Primero, el círculo de amistades y la influencia de varios docentes del colegio Jacinto Benavente, donde estuvo varios años antes de acabar los estudios en la Laboral. Allí, las reivindicaciones por el mal estado de las instalaciones del instituto, contra la guerra de Irak o ante el cierre de Mina La Camocha llevaron a Arias a intensificar su militancia. Las Juventudes Comunistas e Izquierda Unida se convirtieron en sus escuelas políticas.

Más allá del asociacionismo y de los estudios, en los que todavía sigue inmerso -estudia una FP en Prevención de Riesgos Laborales- otro de los pilares sobre los que vertebra su vida es el fútbol. Como jugador militó en el Atlético Camocha, el Roces, la Inmaculada, La Braña y el Manuel Rubio. En la actualidad sigue ligado al Atlético Camocha y a la Inmaculada, en este último como entrenador en las categorías inferiores. Y sigue con pasión al Sporting, Real Madrid y Unión Club Ceares, uno de los clubes gijoneses con mayor personalidad, al que ha acompañado en varios desplazamientos a lo largo de toda la geografía asturiana.

Inicios en La Camocha

Dentro del movimiento vecinal, sus primeros pasos fueron en la asociación de La Camocha, donde se juntó con «un grupo de gente muy activa y comprometida» para revivir las fiestas del barrio y luchar por los intereses de una población marcada profundamente por su pasado minero. Después de unos años, estrecharía lazos, entre otros, con Tita Caravera y Manuel Cañete, líderes vecinales de La Arena y El Polígono de Pumarín. Ellos fueron quienes le animaron a integrarse dentro de la directiva de la FAV en una época en la que el consenso y la relación entre las asociaciones federadas eran más distantes que en la actualidad. Esta «enorme escuela de vida» que supone el mundo vecinal, según ha destacado en más de una ocasión, le hizo seguir creciendo hasta que, con 28 años, lideró una candidatura para coger las riendas de la federación en un momento en el que muchos barrios clamaban por un relevo generacional en las asociaciones de toda la ciudad. Tal ha sido la acogida, que a partir de mañana comenzará su segundo mandato gracias al aval de veinticuatro asociaciones. Uno de los valores de Arias al frente de la federación, según destacan varios líderes vecinales, está en su capacidad de movilización. Mensualmente, la entidad se reúne para departir sobre los pormenores de cada barrio, los problemas comunes y las líneas de actuación. Y en ellas, a lo largo de estos dos últimos años, no ha sido extraño ver a «22 o 23» asociaciones de las 27 federadas. Una buena tendencia ratificada en su primera asamblea al frente de la FAV, que respaldó de forma unánime la gestión de su directiva.

A corto plazo, las dos líneas de trabajo que se marca Arias -que también es responsable de Urbanismo y Medio Ambiente de la Confederación Estatal de Asociaciones de Vecinos- son rescatar del olvido el papel de la mujer en el movimiento asociativo, iniciativa para la que ya hay un documental, y la búsqueda de soluciones al «exilio juvenil».

De momento, tres de sus incorporaciones en la nueva directiva que empieza mañana tienen menos de 40 años. Las listas, además, seguirán contando con la experiencia de los que impulsaron el movimiento desde los 70. Toda una declaración de intenciones.

Temas

Gijón

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos