Muere el catedrático Moisés Llordén, impulsor de la Extensión Universitaria

Moisés Llordén Miñambres, en septiembre de 2015, en una de sus últimas intervenciones como presidente de la Fundación Foro Jovellanos, cargo que abandonó ese mismo mes. / PALOMA UCHA
Moisés Llordén Miñambres, en septiembre de 2015, en una de sus últimas intervenciones como presidente de la Fundación Foro Jovellanos, cargo que abandonó ese mismo mes. / PALOMA UCHA

Gijonés y sportinguista hasta la médula, su delicada salud le obligó a retirarse hace ya tres años de la docencia, su auténtica pasión

LAURA MAYORDOMO GIJÓN.

Moisés Llordén Miñambres, un hombre «trabajador, íntegro, respetuoso, dialogante y siempre dispuesto a ayudar», catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Oviedo -de la que fue también vicerrector de Extensión Universitaria de 1996 a 2000-, falleció ayer en su domicilio de Gijón a los 73 años. La delicada salud que arrastraba en los últimos cinco años motivada por una insuficiencia renal y varias cardiopatías le había apartado hace tres de la que, junto con su familia, había sido durante toda su vida su auténtica pasión: la docencia. Una tarea que ejerció, hasta su jubilación, como profesor de Historia Económica de la Universidad de Oviedo.

Desde los cargos de vicerrector y director de la Cátedra de Extensión Universitaria promovió y dirigió numerosos cursos de verano y de extensión universitaria en los que participaron destacados profesores de universidades españolas y extranjeras, dándoles «un empuje fundamental» y consolidando así un foro de debate y de contraste de las diferentes líneas de investigación seguidas por éstos. «Con él, la extensión universitaria experimentó un despegue. Me atrevería a decir que fue cuando más cursos se hicieron. Los llevó a todos los rincones de la región», destacó el exrector Vicente Gotor, con quien compartió equipo rectoral bajo el mandato de Julio Rodríguez.

Era también Llordán un experto del urbanismo gijonés. No en vano fue éste el tema que escogió a la hora de realizar la tesis tras licenciarse en Historia, con el Premio Extraordinario, y sobre el que años después publicaría varios libros, como el que aborda el desarrollo económico y urbano de Gijón en los siglos XIX y XX o el que hace lo propio con la producción del suelo urbano en Gijon entre 1860 y 1975.

Reconocido jovellanista, desempeñó varios cargos en el Foro Jovellanos, del que fue patrono desde sus inicios y presidente circunstancial tras el repentino fallecimiento de Juan José Plans, en 2014, y hasta que Ignacio García Arango tomó las riendas de la entidad. Para entonces, septiembre de 2015, su ya delicado estado de salud empujó a dar ese paso a un lado.

El Ridea (del que fue secretario y miembro de número), el Archivo de Indianos (del que fue miembro del patronato) o la Real Academia de la Historia Portuguesa (de la que fue académico) fueron otras instituciones que también contaron con su implicación a lo largo de estos años. Su participación en la organización de cursos de historia se dirigió también al estudio de la historia de Portugal y sus relaciones con España, lo que le valió que la República del país vecino lo distinguiera como Comendador de la Orden de Don Enrique el Navegante.

«Si fue apreciada la actividad que desarrolló desde los cargos que ocupó y en las instituciones que participó, en lo personal lo fue más, si cabe. Siempre receptivo y con la mejor disposición, con un talante abierto y positivo... Los que con él nos relacionábamos sabíamos de antemano que podíamos contar con su colaboración y su ayuda», recuerda su amigo José Ramón García, profesor jubilado de Historia Económica y actual director del Museo Marítimo de Luanco.

Una bonhomía en la que ayer incidía el exrector Vicente Gotor. «Hacía favores a todo el mundo, tanto amigos como enemigos. Era muy buena persona. Muy colaborador», destacó. De aquellos cuatro años en los que compartieron equipo rectoral recuerda Gotor las distendidas y siempre interesantes conversaciones que mantenían en almuerzos de trabajo «en los que él, que era un experto, solía aconsejarnos a la hora de decidir qué vino pedir. Eso sí, siempre a precios moderados», bromeó.

Además de su labor docente, Moisés Llordén fue autor de más de una veintena de libros de divulgación y desarrolló una importante investigación en la temática de la emigración a América, concretamente en lo referente a las sociedades asturianas en el Nuevo Continente y su obra benéfica en el Principado, en lo que Moisés Llordén era «un respetado especialista», recordaban ayer sus compañeros de docencia.

No habrá funeral

Nacido en 1944 en la localidad zamorana de Santibáñez de la Tera, de la que era natural su madre, Moisés Llordén Miñambres se crió y vivió toda su vida en Gijón, donde estudió primero en el colegio San Vicente y posteriormente en el instituto Jovellanos.

Sportiguista acérrimo, mientras la salud se lo permitió «no falló ni un solo domingo a su cita en El Molinón», recordaba ayer su primogénito, Rodrigo, quien también lo definía como un padre «cariñoso y hogareño». De su matrimonio con Josefa Troncoso tuvo otros dos hijos, Gonzalo y Beatriz.

Por la capilla ardiente, instalada en el tanatorio de Cabueñes, pasaron ayer por la tarde numerosos amigos que quisieron trasladar su pésame a la familia. No habrá celebración religiosa ni ningún acto de despedida. Moisés Llordén será enterrado, en la más estricta intimidad familiar, en el cementerio de Deva. Su recuerdo perdurará por siempre.

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