Muere Erundina Fernández, decana del folclore regional

Los allegados de la fallecida la recuerdan «siempre alegre». / E. C.
Los allegados de la fallecida la recuerdan «siempre alegre». / E. C.

«La danza asturiana era su vida, siempre se dedicó a ella y viajó por todo el mundo enseñándola», destaca el director del grupo Jovellanos | Comenzó a bailar a los doce años en los campamentos veraniegos de Poo

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

El folclore asturiano está de luto por la muerte de Erundina Fernández López-Bataller (Gijón, 1929), que falleció ayer en su ciudad a los 88 años, aquejada de alzhéimer desde hacía poco más de año y medio. Decana del baile regional, para el que tenía un don, se dedicó a él por completo hasta hace unos cinco años, aunque nunca se alejó del todo del mundo de la danza.

Pese a que siempre le había gustado bailar, su interés por la danza regional se despertó a los doce años, cuando en los campamentos veraniegos de Poo de Llanes niñas de toda España enseñaban los bailes típicos de cada región. A partir de ese momento, su vida comenzó a girar en torno al folclore español y, en especial, al asturiano. Su interés por el baile era tal que ella misma reconocía hace años, en una entrevista a este diario, que la danza era su vida. «Siempre ha sido así. Otras se iban echando novio, marido, familia... Yo me casé con el baile y, aunque a muchos les parezca extraño, me ha hecho la mujer más feliz del mundo», afirmaba entonces.

Su destreza en este arte la llevó a dar clase en colegios y a particulares y llegó a dirigir una academia de baile en la calle San Bernardo. Durante las más de siete décadas que se dedicó a aquello para lo que había nacido, su fama traspasó fronteras y se convirtió en embajadora internacional del baile asturiano. Moviéndose al ritmo del sonido de las gaitas y el tambor, el baile de Erundina llegó a toda Hispanoamérica, donde la incansable bailarina transmitió sus conocimientos de música y danza a los socios de los centros asturianos repartidos por el mundo. De clase en clase y actuación en actuación pasó largas etapas en México, Cuba o Puerto Rico, donde, al finalizar su contrato de profesora, esta amante de todos los folclores regionales aprovechaba para recorrer hasta el último kilómetro de los remotos países que visitaba y empaparse, durante un par de meses, de su cultura.

«Siempre con alegría»

En sus bailes y en sus viajes la acompañaba en toda ocasión su carácter risueño, y en muchos de ellos iba también con amigos del grupo de Coros y Danzas Jovellanos. Cuando en 1955 Roberto Casielles llegó a la agrupación folclórica -de la que hoy es director-, Erundina ya estaba allí, «siempre con alegría». «Era una señora fenomenal», rememoraba ayer. En el recuerdo de sus allegados quedará su carácter «animoso, alegre», así como una cercanía que la llevaba «hacer amistades con todos los grupos en cualquier viaje, fuera en Gales, Egipto o Puerto Rico». «El baile siempre fue lo suyo y siempre se dedicó a ello. Se va un referente del folclore, es una pérdida irreparable para el grupo». También fue la primera maestra del grupo de baile Les Xanines, fundado en 1976 por Conchita Álvarez en Quintes.

Fernando Ruiz, otra destacada figura del folclore regional, recordaba ayer con mucho cariño a Erundina, con la cual formó «una pareja de baile muy conocida», en la década de los años cincuenta. «Era, además de simpática, una gran bailarina». Su funeral tendrá lugar hoy lunes, en la iglesia de San Lorenzo, a las doce del mediodía. A continuación, recibirá sepultura en el cementerio de Ceares. La capilla ardiente está situada en la sala 11 del tanatorio de Cabueñes.

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