«Tabacalera debe ser el Museo de Gijón»

«Tabacalera debe ser el Museo de Gijón»
La antigua fábrica de tabacos, aún en obras. / ARNALDO GARCÍA

Los directores de la red museística municipal piden no renunciar a ese uso

I. VILLAR GIJÓN.

Los futuros usos de la antigua fábrica de tabacos de Cimavilla siguen siendo objeto de debate. Y a él han querido sumarse ahora los directores de los museos municipales, que coincidiendo con el Día Internacional de los Museos han hecho público un manifiesto en el que piden no renunciar a la idea original de convertir el edificio en un referente museístico de la ciudad. «No debemos perder una vez más la oportunidad de crear el Museo de Gijón, un gran equipamiento que, desde enfoques nuevos y perspectivas abiertas, ponga en auténtico valor las colecciones públicas», reclaman en su escrito Paloma García (directora de los museos arqueológicos de la Campa Torres, las termas y la villa romana de Veranes), Lucía Peláez (Museo Casa Natal de Jovellanos), Javier Fernández (Museo del Ferrocarril), Juaco López (Muséu del Pueblu d'Asturies) y Alfonso Fernández (Museo de la Gaita).

Recuerdan que la idea de un museo de la ciudad «se remonta a finales del siglo XVIII, dentro del programa que diseñó Jovellanos para hacer de Gijón una urbe a la altura de la civilización de su tiempo» y fue también «una firme aspiración de muchos ciudadanos» a lo largo de del siglo XIX y la primera mitad del XX. Ponen como muestra de «ese anhelo» las múltiples donaciones de particulares y artistas, entre las que citan «los ejemplos de pintura europea de los siglos XVII y XVIII del Legado Lledó Suárez, algunas de las mejores piezas salidas de las fábricas de vidrio 'La Industria' y de loza 'La Asturiana' y las obras más representativas de nuestros artistas, que en muchos casos también han donado sus archivos».

Advierten de la «urgente necesidad» de buscar una alternativa a la Casa Natal, con «problemas»

Añaden que «desde hace décadas» las instalaciones del Museo Casa Natal de Jovellanos son «insuficientes» y están «claramente anticuadas». Según explican, «este equipamiento tiene serios problemas para cumplir sus funciones básicas y no puede exponer con normalidad sus fondos, ni asegurar el crecimiento de sus colecciones y conservarlas adecuadamente». A ello se unen las carencias en materia de accesibilidad, cuestiones por las que los directores de los museos municipales consideran «una necesidad urgente buscar una alternativa razonable a ese espacio».

Esa alternativa «se encontró en el edificio de la fábrica de tabacos», motivo por el cual se redactó «un detallado plan museológico» al que siguió el correspondiente proyecto arquitectónico «para hacer de este inmueble el Museo de Gijón». Explican que esa instalación «ofrece varios beneficios, pues soluciona los actuales problemas de conservación y exposición de las colecciones artísticas, abre posibilidades a su presentación e interpretación y garantiza un uso adecuado del edificio acorde a su valor histórico». En la actualidad, sin embargo, «su destino final se muestra incierto», lamentan.

Ni obsoletos, ni elitistas

Atribuyen el rechazo de varios colectivos a esta posibilidad, en el marco del proceso de participación abierto para definir el plan de usos de Tabacalera, a que «muchas personas siguen considerando los museos como espacios obsoletos elitistas». Pero aseguran que esa visión «está muy alejada de la realidad. Pocas instituciones culturales se han transformado en las últimas décadas tanto como los museos para adaptarse a enfoques y públicos nuevos. Han evolucionado y hoy funcionan como espacios de encuentro, desarrollo personal y social, cooperación y dinamización, con gran incidencia en la vida cultural, social y económica de la comunidad».

En ese sentido, consideran que «muchas de las propuestas formuladas para la fábrica de tabacos por quienes se oponen a darle un uso museístico, tienen cabida en el actual concepto de museo como una institución cultural abierta a la participación, en la que se fomenta la integración de la sociedad, tanto en sus actividades como en sus contenidos, discursos y programación». Concluyen su manifiesto señalando que si se logra que la fábrica de tabacos cumpla como museo «con su verdadera función, se convertirá en un nuevo motor de dinamización social y económica, así como en una de las señas de identidad de la ciudad».

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