Navidades a toda máquina

Niños estrenando el carrusel del mercadillo de Begoña. / J. PETEIRO

La exposición del 'Titanic' hace escala en Gijón para desvelar los secretos del 'buque de los sueños'

EUGENIA GARCÍA GIJÓN.

La Navidad gijonesa superó ayer con creces su ceremonia de botadura. Con el inicio de diciembre, se abrió al público uno de los platos fuertes de las fiestas, la exposición 'Titanic: The Reconstuction', organizada por la Fundación Titanic con el patrocinio de EL COMERCIO. El 'buque de los sueños' ha llegado a la ciudad cargado de emocionantes secretos. Una de las primeras en embarcarse en él fue María José, estudiante de Museística que trabaja en la exposición. «Es una de las tragedias históricas más emotivas, y la audioguía cuenta historias personales que te hacen pensar madre mía, de ahí salían mil películas», adelantó. Para Jesús Ferreiro, director de la Fundación Titanic, la visita es «muy entrañable, muy emotiva». Con él coincidieron Andrea Neira y David Fernández, gijonesa y ovetense que se acercaron a la carpa de los Jardines del Náutico ayer por la tarde. Ambos destacaron la interactividad de la muestra: «Resulta fascinante poder ver y tocar cosas originales del barco». También aconsejan no quitarse la audioguía, que «cuenta historias muy interesantes». Lo que más llama la atención de los pequeños como Nicolás, de cinco años y fascinado por el tamaño de la hélice del barco, es la reproducción del buque a escala 1:30. Su padre, Juan Manuel Moreno, afirmó que «es una exposición muy completa» y tiene claro que volverá a verla, pero «con calma, para escucharlo todo».

Tobogán de doce metros

Y de los Jardines del Náutico al 'solarón', donde desde ayer los más valientes desafían al vértigo bajando en trineo por un tobogán de doce metros. Sin embargo, «aquí triunfa sin duda la pista de hielo», contaba la encargada de las instalaciones, la cordobesa Ana Martí. «A la gente de Gijón le encanta patinar, y la gran mayoría sabe cómo hacerlo, no como en otras ciudades donde se caen mucho más». Ya es tradición que los expertos -y jóvenes- patinadores de los clubes Astur Patín y 360 inauguren la pista de patinaje sobre hielo. Las gemelas Claudia y Helena Álvarez-las más pequeñas de Astur Patín, con cinco años-, llevaban toda la semana deseando que llegase el viernes para calzarse las botas y echarse a la pista. «Todavía no sé patinar bien con éstos», lamentaba Helena. «Cambia bastante, sobre todo por las botas, aunque como tienen equilibrio acaban cogiéndolo rápido», aclaraba su monitor, Marcos Iglesias. Mateo Díaz, también de los pequeños, se estrenó sobre hielo este año, mientras su hermana Daniela, de nueve, ya es casi experta. «Al principio tengo que agarrarme a todo lo que veo, pero me gusta», contaba mientras se ponía los patines.

«A la gente de Gijón le encanta patinar sobre hielo, y además lo hacen bastante bien»

Quien no tenía ningún problema para mantenerse sobre las cuchillas e incluso hacer piruetas era Irina Ríos, de doce años, que casi no sale de la pista desde diciembre hasta enero. «Entreno unas cuatro horas por la mañana y dos o tres por la tarde», contaba en una pausa. Irina empezó a patinar sobre hielo cuando tenía tres años y la pista se instalaba en la Laboral, y como durante el curso no tiene dónde practicar su afición, aprovechará al máximo la pista del 'solarón' hasta el 7 de enero. «Todos los días, de diez a diez, estaremos aquí », apostilló, encantada, su madre.

Talleres infantiles en Menax

«Guirnaldas, espumillón, bolas de nieve o carruseles» son los productos estrella del puesto de adornos de Menax, el mercadillo de Begoña, aunque este año ya están triunfando las bolas de árbol con deseo. «Venimos todos los años a comprar detalles navideños, nos encanta el ambiente», comentaba una de las primeras clientas, Adriana Roces. Roberto López tampoco falla: «Es la apertura de la Navidad, antes incluso de las luces».

Los auténticos protagonistas de estas fiestas son los niños. Para ellos -y sus padres- el mercadillo trae una importante novedad: talleres de cocina gratuitos para que aprendan, durante una hora, a cocinar galletas de colores, 'brownies', y otras exquisiteces. Así, mientras los pequeños chefs respiran ambiente navideño, sus padres pueden dar una vuelta por el mercadillo, hacer compras y tomar un café tranquilos, que «a veces hace falta», afirmaba Bosco Fernández, padre de Inés y Blanca. «Es una inciativa genial».

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