La alta siniestralidad obliga a reparar la autovía minera entre Siero y Gijón

La alta siniestralidad obliga a reparar la autovía minera entre Siero y Gijón

El Principado constata que la calzada desliza y que parte de las marcas están borradas. La obra cortará medio año un tramo de la vía

RAMÓN MUÑIZ GIJÓN.

Las inspecciones realizadas a la autovía minera (AS-I) en su tramo norte, esto es, entre Gijón y el enlace de Mudarri, han constatado un deterioro de la vía, las defensas, las marcas viales, las juntas, los captafaros, y una deficiente señalización en el acceso a la ciudad que induce a los conductores a tomar decisiones equivocadas. Los funcionarios del Principado advirtieron también de una elevada siniestralidad en el segmento más próximo a Gijón. Son defectos con los que lidian los entre 23.800 y 25.700 vehículos que diariamente circulan por la infraestructura.

El coctel ha empujado a la Consejería de Infraestructuras a tomar cartas en el asunto. Hasta el 7 de agosto las empresas interesadas están en plazo para posturlarse a una puesta a punto de la vía que tiene un precio de salida de 1,78 millones, IVA incluido. El lavado de cara implica el fresado y reposición de los 16,67 kilómetros de firmes que median entre Mudarri y la ronda. Para su ejecución será necesario el corte de una de las calzadas, en tramos alternos, durante un tiempo estimado de seis meses. La previsión de la administración es iniciar las labores a finales de este año.

El proyecto en licitación precisa los males que aquejan a la autovía minera, inaugurada el 29 de marzo de 2003, aunque sin enlace directo con la ronda hasta el 23 de febrero de 2007. El uso continuado ha provocado «deterioros del firme que no ponen en duda su capacidad estructural, si no su pérdida de resistencia al deslizamiento». Esa falta de agarre resulta «preocupante», reconocen los técnicos de la consejería, que lo atribuyen a la descomposición de la capa de rodadura. Las marcas viales, prosiguen, «se encuentran muy desgastadas, en algunos puntos casi totalmente borradas, por lo que se hace necesaria su reposición».

Parte de las juntas que unen la calzada a los segmentos de viaducto también se encuentran destruidos. «Existen determinados tramos de barrera de seguridad deteriorados, y hay bastantes captafaros de barrera caídos», anota el proyecto.

La estadística lo avisa

Todos son desgastes apreciables desde el enlace con la autovía del Cantábrico (A-8) hasta el que permite desviarse a la Oviedo-Villaviciosa (A-64). Sin embargo, la estadística advirtió a los especialistas que algo más está fallando en los tres kilómetros más próximos a Ceares. Así lo determina el índice de peligrosidad, esto es, un cociente que relaciona el volumen de siniestros en relación a la longitud de la calzada y el tráfico soportado. Los ingenieros recurren a este indicador para conocer dónde existen más probabilidades de sufrir un percance.

«En los años 2014, 2015 y 2016, el tramo final en Gijón presenta una accidentalidad más alta que los otros tramos en dos de los años, y la segunda más alta en el año restante, casi mostrando el mismo valor que el máximo», comprobaron. De ahí que le dedicaran una análisis más detenido.

El ejercicio ha demostrado que parte de las señales ahora instaladas alientan al conductor a asumir más riesgos de los deseables, a veces incluso incumpliendo las prescripciones de la normativa técnica en la materia. Ocurre por ejemplo en la calzada de sentido hacia Gijón. Las indicaciones «se realizan de manera similar a la normativa», salvo por un problema: «la reducción de velocidad siguiente a la limitación a 100 kilómetros por hora es a 80, en lugar de 70 como indica la norma». La señal siguiente le marca una máxima de 40 kilómetros por hora. La distancia entre los postes de 80 y 40 «es excesiva, y en el tramo intermedio se dan situaciones de bifurcaciones y confluencias complejas que aconsejan limitar la velocidad a 60».

El usuario que haya llegado hasta aquí también habrá superado una anomalía. La normativa indica que por su radio la velocidad máxima de la curva no debería pasar de los 80 kilómetros, algo que el conductor solo descubre por una señal que se encuentra ya en la mitad de la curva. La última advertencia alude a una posible visibilidad reducida, «pero parece razonable indicar también congestión de tráfico».

Hay también equívocos en sentido hacia Mieres. Tras dejar atrás la glorieta el vehículo accede a una vía de un solo carril, que ofrece al inicio una salida a la A-8. El conductor encuentra una limitación a 80 kilómetros por hora que «parece afectar solo al ramal de salida», en vez de precisar que es imperativa también para quien sigue en la vía simple. Quienes no caigan en el error, y avancen a menos de 80, toparán con una confluencia con otro ramal, y 125 metros después otra salida a la A-8 en sentido contrario. Con tanto trenzado «la limitación a 80 kilómetros por hora no es suficiente», consideran. Para colmo, cuando aún se circula por la curva aparece la señal de inicio de autovía «lo que puede inducir a elevar la velocidad hasta 120 kilómetros por hora en una curva de radio escaso».

Resolver todo este escalextric obligará a modificar las indicaciones una vez concluya la obra. El objetivo es minimizar una siniestralidad que en los últimos cinco años ha provocado 31 accidentes en esos tres fatídicos kilómetros.

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