Ocho minutos para frenar el glaucoma

Ocho minutos para frenar el glaucoma
Los doctores Alonso y Alfaya Muñoz, durante una de las intervenciones. / E. C.

El Hospital de Cabueñes ha operado a medio centenar de pacientes desde octubre con una novedosa cirugía mínimamente invasiva

AIDA COLLADO GIJÓN.

Sus beneficios se han revelado tan incontestables, por tantas razones, que la previsión es que cada vez más pacientes sean operados con esta técnica. El servicio de oftalmología de Cabueñes es el único de la sanidad pública asturiana que desde octubre opera a los enfermos de glaucoma con una novedosa cirugía mínimamente invasiva, con la que tanto el tiempo de la intervención -que se reduce de 50 minutos a entre ocho y doce, una vez se domina la técnica- como los riesgos para el paciente se minimizan de forma drástica.

Pronto no estará solo. El Hospital San Agustín se ha metido ya en harina. El centro sanitario avilesino se encuentra en la fase inicial para incorporar esta técnica, con la que en Cabueñes ya han operado desde octubre a medio centenar de personas. Esto es el 20% del total de pacientes que han sido intervenidos de una dolencia que hoy supone la segunda causa de ceguera.

Se trata de «una cirugía microincisional, con pocas complicaciones y pronta recuperación, que provoca una bajada tensional equiparable a la de la cirugía tradicional», explica el jefe del servicio de oftalmología del hospital gijonés, Crisanto Alonso. En su equipo, cuatro cirujanos realizan esta técnica, que consiste en la colocación de un pequeño tubo de seis milímetros de un material biocompatible, procedente del cerdo. El tubo de gelatina porcina comunica el interior del ojo con un espacio donde este puede drenar con más facilidad, reduciendo la presión intraocular y frenando así el avance del glaucoma y la pérdida de visión.

Esta técnica, novedosa en la sanidad pública asturiana, ya se realizaba en el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega y en otros países europeos, donde los estudios realizados hasta el momento la sitúan al mismo nivel en cuanto a efectividad que la cirugía convencional, mucho más larga en la intervención y lenta en la recuperación. «Además del abaratamiento del tiempo quirúrgico, que es muy grande», todas las complicaciones relacionadas con la cirugía clásica -desde las hemorragias a los procesos infecciosos o la pérdida importante del tono ocular- «se reducen, sin excepción».

En definitiva, este nuevo proceder supone «muchos menos riegos para el paciente». Lógico: «Cuanto menos agresiva sea una cirugía, menos secundarismos va a tener».

Tiene otra gran ventaja, que el Servicio de oftalmología de Cabueñes no pasa por alto. Esta intervención «permite realizar en un futuro la técnica clásica y, por lo tanto, nos deja manejar al paciente durante más tiempo», ahonda.

Esto significa que si la operación fracasa o, pasados los años, el enfermo necesita pasar por quirófano de nuevo, «tras la mínima incisión inicial hay mucho más espacio y oportunidades para reintervenir». Algo que adquiere cada vez más importancia, debido al envejecimiento de la población. El glaucoma afecta al 4% de la población a partir de los 50 años, pero su frecuencia aumenta con la edad. Tiene un componente genético, pero también está profundamente relacionado con el envejecimiento. «Las cifras se han disparado en los últimos años, porque vivimos más. Antes, algunos no llegaban a desarrollarlo», resume Alonso. Sin embargo, cada vez es más habitual que personas que se han operado en la cincuentena o la sesentena, tengan que volver a hacerlo pasados los setenta u ochenta años.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos