El okupa de Pumarín destrozó un piso de la plataforma antidesahucios

Portal de la calle Álava, en 'Las Mil Quinientas', donde el hombre okupó una vivienda. / ARNALDO GARCÍA
Portal de la calle Álava, en 'Las Mil Quinientas', donde el hombre okupó una vivienda. / ARNALDO GARCÍA

Hubo que desparasitar la vivienda y tirar todos los muebles tras su marcha. La PAH subraya que está en contra de la invasión de domicilios particulares

P. LAMADRID / O. SUÁREZ GIJÓN.

A Joaquín F. B. le tendieron una mano cuando vivía con su familia en un trastero. El hombre que okupó una vivienda en 'Las Mil Quinientas' de Pumarín y facilitó esa dirección para cumplir un arresto domiciliario, había sido desahuciado en su día por no pagar el alquiler. Al conocer su situación, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) estudió su caso. «Cumplía todos los requisitos para entrar en el bloque y, al principio, no había problema», explicó ayer el portavoz del colectivo, Miguel Ángel García.

Los conflictos se precipitaron a raíz de que la compañera sentimental y madre de los dos hijos de Joaquín F. B. abandonase el hogar -situado en el edificio que gestiona la PAH en la calle Adolfo Vega, en El Llano- para iniciar otra relación. Al parecer, él empezó a descuidar la atención de los hijos. «Una día la niña, menor de edad, le dijo a un vecino que no había comido nada y eran las seis de la tarde», relató García. Era frecuente que Joaquín F. B, que tiene un abultado historial delictivo, dejara a sus hijos solos en casa. A esto se sumó su problema con las drogas. En ocasiones, recibía a malas compañías en el domicilio, que perturbaban la tranquilidad del edificio. Ante esta conducta, los coordinadores de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca hablaron con el inquilino. «Le invitamos a abandonar el bloque. Se lo dijimos en marzo de 2017 y nos fue dando largas hasta mediados de julio, cuando nos dijo que había encontrado un piso», indicó el portavoz. Se trataba de la vivienda que una vecina de Gijón llamada Rosa había heredado de sus padres en Pumarín, que semanas después se encontró con la desagradable sorpresa de tener a un okupa en casa.

También experimentaron estupor los miembros de la PAH cuando abrieron la puerta del piso en el que se habían alojado Joaquín F. B. y su familia. La basura llenaba todos los rincones de la vivienda, de tal modo que incluso había restos de comida junto a los colchones que utilizaban para dormir. «Los muebles estaban destrozados. No se pudo aprovechar absolutamente nada, ni la nevera», explicó García. Por si todo esto fuera poco, vivían con un gato al que tampoco prestaban los cuidados necesarios y tenía pulgas. «Tuvimos que desparasitar el piso en dos ocasiones», añadió.

Caso excepcional

En un año y medio, el okupa dejó el domicilio destartalado. «Se le intentó ayudar por todos los medios y, al final, tuvo un comportamiento incívico», lamentó García, quien quiso subrayar que «la PAH en ningún momento está a favor de la okupación del piso de una persona particular. Sí de las viviendas que están en poder de los bancos para que sean domicilios sociales». Asimismo, destacó que estos casos son excepcionales para las plataformas antidesahucios. «Las personas a las que ayudamos suelen ser civilizadas», señaló.

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