«Era como un padre en el instituto»

El profesor de Historia Manuel Álvarez abraza a Carmen Ojinaga, viuda de Pedro, en salón de actos del instituto, totalmente lleno. / D. ARIENZA
El profesor de Historia Manuel Álvarez abraza a Carmen Ojinaga, viuda de Pedro, en salón de actos del instituto, totalmente lleno. / D. ARIENZA

El Jimena recuerda a Pedro López, quien no quería flores sino un adiós festivo

E. RODRÍGUEZ GIJÓN.

En septiembre de 1990 se incorporó al Instituto Doña Jimena «un chico de 32 años, guapo y de Zaragoza». Era Pedro López. Entonces, nadie imaginaba que «iba a ser un puntal importantísimo», como señala la que hasta 2009 fue directora del centro, Leontina Alonso. En sus 27 años en el instituto (donde Pedro fue profesor de Geografía e Historia, Historia del Arte, tutor y jefe de estudios del Bachillerato a Distancia, cargo que ocupó entre 1995 y 2010), se ganó el cariño de docentes y alumnos. Prueba de ello es que ayer, como ya ocurrió en la capilla del tanatorio, el salón de actos del Doña Jimena se llenó para rendir homenaje al profesor, fallecido el domingo a los 59 años de un infarto. En un acto guiado por el profesor del departamento de Filosofía Javier Antonio Puente, gran amigo de Pedro, compañeros y estudiantes fueron subiendo al escenario para recordar con poemas, música y proyecciones las facetas de un hombre que «nunca dejó de ser un chico joven, alegre y travieso. Un saltaparedes, como el título que dio a su página web» y con el que ya se baraja dar nombre al departamento de Historia.

Con una «súper demostrada inteligencia», como dijo Leontina, fue un avanzado en el uso de la tecnología. Suyo fue el mérito de que Doña Jimena fuera el primer instituto de toda España en tener una página web o en poner en marcha un sistema de servidores de trabajo en red cuando ni aún la consejería disponía de él.

«Maravillosas clases»

También se le recuerda por «sus maravillosas clases de Arte», una materia que, como confesaban alumnos, antes de conocerle veían «tediosa» y después resultaron ser «las mejores clases de la semana». «Nos contagió su pasión por conocer mundo sin levantarnos de la silla. Era un padre dentro del instituto». Pero Pedro también les levantó de sus asientos y les animó a viajar con él, como bien recordó el grupo que voló con él a Búfalo, al estado de Nueva York. No faltaron en su vida aventuras como «entrar en Irán por la frontera de Irak y salir por Afganistán».

Aficionado a la gastronomía y con gran sentido del humor, Pedro «deja jirones en el alma», señaló la profesora emérita de Lengua María Jesús Rodríguez. A pesar del dolor, su amiga y docente ya jubilada Ángeles Cimadevilla, Marigel, recordó que él dijo en una ocasión que «si le pasaba algo serio que hiciéramos una fiesta. Que no le lleváramos flores, sino chocolate». Y, así, despertando de nuevo la sonrisa entre todos, sonó 'Knocking on heaven's doors' de Bob Dylan.

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