Paella y hermandad por La Soledad

Familias y vecinos se reunieron en el parque de Moreda para preparar la comida del domingo. / ARNALDO GARCÍA

Las fiestas populares culminan con procesiones marineras en Cimavilla y Pescadores | La imagen de la Virgen procesionó en barco por El Musel en una jornada en la que cientos de vecinos se reunieron en torno a la mesa

G. POMARADA GIJÓN.

Las comidas familiares del domingo se convirtieron ayer en multitudinarios encuentros de confraternización entre vecinos en Cimavilla, Moreda y Pescadores. Los barrios celebraban la última de las jornadas festivas de este fin de semana y la buena mesa se encargó de reunir a cientos de habitantes y foráneos en torno a tortillas, empanadas, bollos preñaos y sidra. En Cimavilla, más de cuatrocientas personas plantaron silla y mesas en el auditorio del Cerro de Santa Catalina, donde los habitantes del barrio alto tiraron de hornillo para cocinar desde paellas a manjares de la mar. «Cada uno pone lo suyo y luego pasa lo mítico de que pruebas un poco de la paella de unos o de los calamares de otros», contaba el presidente de la comisión de festejos, Omar López. En Moreda, los manteles se extendieron en el parque, donde la asociación de vecinos repartió 150 bollos preñaos y botellas de sidra entre sus socios. Medio millar de romeros se acercaron hasta el punto neurálgico de un barrio «pequeño donde la gente suele participar mucho».

La buena mesa compartió protagonismo en Pescadores con la procesión de la Virgen de La Soledad. Ataviados con los viejos trajes del oficio, mujeres y niños del barrio procesionaron a la imagen hasta la rula de El Musel, donde el párroco de Jove, José Manuel Álvarez ofició la misa. «Es un día para recordar a aquellos pescadores y familiares difuntos», indicó. Tras la eucaristía, La Soledad cumplió con la tradición y marchó por el puerto a bordo del Salena Tercero, escoltada por otras cinco embarcaciones. Una vez acabados los actos solemnes de la jornada, la fiesta se trasladó al propio barrio, donde doscientos vecinos dieron buena cuenta de una paella colectiva y la persona de más edad de Pescadores, Rufina Rodríguez, recibió un homenaje.

Las procesiones llegaron también a Cimavilla, por la mañana con el desfile a Fleming de niños del barrio disfrazados de sardineros y marineros y acompañados por cabezudos, charanga y coches engalanados. Por la tarde, los actos tomaron un cariz religioso con la procesión de Nuestra Señora de La Soledad. La marcha partió de la capilla y recorrió las calles del barrio alto hasta llegar al edificio de la Comandancia de Marina, donde resonaron los versos de la salve marinera. Con música, esta vez de orquestas, se despidieron también en Moreda y Pescadores. Al compás de los últimos bailes, los tres barrios concluyeron los últimos festejos populares del este verano.

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