«Es una pasada. Nunca había visto tanta gente junta»

El Eurocopter EC-135 de Bomberos de Asturias, en una maniobra realizada a escasa altura.
El Eurocopter EC-135 de Bomberos de Asturias, en una maniobra realizada a escasa altura. / DAMIÁN ARIENZA

La multitud abarrota el Cerro y toda la zona que va del arenal de San Lorenzo a La Providencia para seguir las piruetas y acrobacias de los aviones |Los asistentes destacan la calidad del encuentro y solo ponen pegas al tráfico

E. FERNÁNDEZ / I. VILLAR GIJÓN.

La duodécima edición del festival aéreo de Gijón no ha dejado indiferente a nadie. Los asistentes disfrutaron del espectáculo durante las tres horas en las que los aviones, los auténticos protagonistas del día, llenaron el cielo gijonés. Sus impresionantes acrobacias y piruetas arrancaron gritos de asombro y aplausos a un público más que entregado que disfrutó con el show. La coincidencia del buen tiempo y la marea baja permitieron aliviar el paseo de la avenida de Rufo García Rendueles, despejado de tráfico, y fueron miles las personas que optaron por seguir la exhibición desde el arenal, sobre todo, las familias con niños pequeños.

El Cerro de Santa Catalina, el Club de Regatas -lugar elegido por la alcaldesa, Carmen Moriyón, para seguir el vuelo de las aeronaves-, los autobuses de dos pisos instalados en el Náutico, la terraza del hotel Abba y los establecimientos hosteleros de la Ería del Piles hasta la ladera de La Providencia, se llenaron hasta la bandera al filo del mediodía. Con cámara y móvil en mano, los asistentes no se cansaban de mirar al cielo para inmortalizar a estos pájaros del aire.

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«Es una pasada. Nunca había visto tanta gente junta», reconoció la leonesa Rebeca Elvira Gómez, que acudía por primera vez. «Es un espectáculo de altura», añadió la gijonesa Begoña Álvarez. Habitual de esta cita del verano local, Álvarez optó por seguir las maniobras aéreas desde su hamaca, que instaló poco antes de las once de la mañana en el Tostaderu. «Como hace tan buen día y la marea está baja, me animé a disfrutar del festival desde la arena. Se está genial», dijo. En su opinión, la única nota negativa «es el ruido que nos dejan los cazas, es ensordecedor». La densidad del tráfico en las inmediaciones de la bahía de San Lorenzo y la dificultad para encontrar aparcamiento se llevaron las escasas críticas que los asistentes apuntaron durante el espectáculo, a pesar de que el Ayuntamiento había habilitado el aparcamiento anexo a la Escuela de Marina Civil. «Todas las plazas son pocas», decía la mierense Gema Álvarez. Aurora Rodríguez, de Sama, también se fijó en que «en el Piles no se escuchaba bien la megafonía».

El Náutico fue otro de los puntos neurálgicos. Un simulador de un F-18, con colas todo el día, y un globo aerostático cautivo cumplieron con las ilusiones, de forma gratuita, de los aficionados. La gastronomía también encontró aquí su espacio. El autobús de Panrís y el gastrobús de Pescanova -uno de los patrocinadores de la exhibición, con menús a cinco euros- estuvieron muy concurridos.

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