«Con los planos de las escuelas encontré los exámenes y quejas de salarios del siglo XIX»

Valentín Arrieta con su libro, 'Escuelas rurales'. / CITOULA

Valentín Arrieta publica 'Escuelas rurales', un trabajo de investigación arquitectónica y humana sobre los antiguos edificios educativos

GLORIA POMARADA GIJÓN.

«Las cifras que se forman en provecho de la educación no deben ser consideradas como gasto». Con este enunciado de 1877, plasmado en el proyecto de una escuela rural, arranca la obra de Valentín Arrieta, presentada ayer en el salón de actos de la Caja Rural. 'Escuelas rurales de Gijón. Espacios para la enseñanza en las parroquias del concejo' nace de un artículo de 2016 publicado por el arquitecto en EL COMERCIO, con el que se dio cuenta «de que el tema era interesante e iba a llegar a mucha gente. Sobre escuelas rurales había poco escrito pero mucha documentación inédita».

En la soledad del Archivo Municipal comenzó a forjarse la investigación, que llevó a Arrieta a consultar doscientos expedientes en los cuales los hallazgos técnicos fueron entretejiéndose con el valor humano de testimonios de la época. «Con los planos dibujados a mano, algunos en tela, estaban exámenes de niños del siglo XIX, documentos de los maestros quejándose de los salarios o requerimientos de los vecinos pidiendo al Ayuntamiento que construyese una escuela», explicó Arrieta. Ese factor humano oculto bajo el polvo de los viejos proyectos se convirtió en uno de los pilares de la investigación, que llevó a Arrieta hasta los restos de las escuelas parroquiales. «Gracias a las asociaciones de vecinos he podido hablar con mucha gente, en las propias escuelas, que me han relatado sus experiencias propias y aportado fotografías que han enriquecido el trabajo», agradeció.

El recorrido histórico por los antiguos espacios educativos de la zona rural parte en Carbaínos, donde en 1846 el Ayuntamiento construyó la primera escuela de la que existen registros. En las siguientes tres décadas se edifican con ayuda estatal otras siete escuelas con el mismo modelo. «Eran bastante pequeñas, los vecinos ya decían mientras las construían que los alumnos no iban a caber». Con la llegada del siglo XX el conjunto de las parroquias van dotándose de sus propias escuelas, en las que se extiende el modelo de 1894 «con dos aulas separadas y la casa del maestro en medio». Los criterios de construcción, explica Arrieta en su libro, eran los de salubridad, buena iluminación, espacio y ventilación. «Los niños de campo suelen tener mala higiene» fue la justificación a este última pauta encontrada por el arquitecto en los archivos de la época. «Este libro recoge la historia de las escuelas rurales a través de los edificios, pero es más que eso porque la arquitectura es un reflejo de la economía y la ideología», señaló Arrieta.

El estudio se alzó en el mes de mayo con el decimonoveno premio de investigación Rosario de Acuña, un impulso que, junto al respaldo de la Fundación Caja Rural, ha llevado a su publicación dentro del catálogo de patrimonio de ediciones Trea. «Es un libro de ámbito local que es interesante porque está realizado con mucho rigor, las escuelas son un patrimonio material e inmaterial porque están ligadas a la memorias de los vecinos. Servirá como referente para estudiar el tema en otros ámbitos del país», ensalzó el editor, Álvaro Díaz.

El valor técnico y humano de la obra fue precisamente el factor más destacado por los acompañantes de Arrieta en la presentación. «Es un trabajo hecho con todo lujo de detalles, con fotografías de la época que muestran cómo se han transformado y cómo hoy cumplen con otro cometido tremendamente importante, el de sedes de las asociaciones vecinales», valoró Jesús Fuentes, presidente de la Fundación Caja Rural.

Divulgar el patrimonio

A las asociaciones de la zona rural llegará precisamente el estudio este sábado, ya que Valentín Arrieta repetirá presentación entre los vecinos dentro de las jornadas de la federación Les Caseríes. «En Asturias existen 677 pueblos en los que no consta ningún habitante y 2.238 con entre uno y diez habitantes», lamentó ayer el arquitecto. Unos datos por los cuales, considera, «muchos de los pueblos desaparecerán». «Son cifras demoledoras, igual no podemos salvarlos pero estaría bien dejar constancia de su memoria, de su historia y de su patrimonio inmaterial. Cuando muere la última persona de un pueblo, se pierde parte de la tradición», indicó Arrieta, que anima a los profesionales de los distintos campos del saber a apostar por la investigación. «Todos deberíamos tener la capacidad de aprender de lo que otros han hecho y de divulgarlo a la sociedad. El arquitecto es un buen medio para divulgar el patrimonio», demandó en una jornada que coincidía con el día internacional de la disciplina.

Durante el acto de presentación de 'Escuelas rurales. Espacios para la enseñanza en las parroquias del concejo' Arrieta estuvo acompañado por Carmen Moriyón, los ediles Montserrat López y Manuel Arrieta; el alcalde de Cabranes, Gerardo Fabián; la directora del Museo de la Escuela Rural, Dolores Fabián; el presidente de la Feria de Muestras, Álvaro Muñiz y José Antonio Migoya, de la Fundación Caja Rural.

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