Más de 5.000 artificios para la noche de los fuegos de Gijón

Los trabajadores de Pirotecnia Pablo trabajan en el montaje en el Cerro de Santa Catalina.
Los trabajadores de Pirotecnia Pablo trabajan en el montaje en el Cerro de Santa Catalina. / FOTOS: PURIFICACIÓN CITOULA

Se lanzarán esta medianoche desde el Cerro de Santa Catalina para iniciar por todo lo alto el Día de Begoña

JESSICA M. PUGA

Esta medianoche mire al cielo. No hace falta que esté pendiente del reloj, simplemente vaya a última hora hacia la bahía gijonesa o sus aledaños y, cuando oiga un estruendo, atienda al espectáculo. Verá «más estrellas de las que caben en una noche y muchos más colores de los que es capaz un firmamento», promete Raúl Álvarez, responsable de Pirotecnia Pablo, empresa adjudicataria del espectáculo de los fuegos artificiales de la Semana Grande de la ciudad y de lanzar el Restallón mañana.

En media hora, se lanzarán desde el Cerro de Santa Catalina algo más de una tonelada de explosivos -unos 1.103 kilos- para disfrute de los espectadores y con un único objetivo: celebrar el Día de Begoña, la jornada que pone el punto final a la Semana Grande gijonesa por todo lo alto. Para ello, Pirotecnia Pablo ha ideado un proyecto «exclusivo y personalizado», donde primará «la altura, el ritmo y la calidad».

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'Aurora boreal, arcoíris y terremoto en la Noche de Begoña' se titula el espectáculo, cuya principal novedad es, precisamente, la recreación de esos tres fenómenos de la naturaleza. El primero, más propio de regiones polares, teñirá el cielo de rojo, verde, amarillo y azul mediante secuencias pirodigitales; el segundo, visible durante el día, se disfrutará, de forma extraordinaria, por la noche. Se lanzarán también tres seísmos con la potencia de grandes calibres, siendo con el último con el que se promete «un apoteósico cierre». La empresa responsable, natural de Cangas del Narcea, trabaja 21 posiciones de lanzamiento, siete alturas de fuego y once ángulos de disparo para que nadie se pierda el espectáculo, esté donde esté.

La Noche de los Fuegos de Gijón no termina ahí. No faltarán clásicos como los Huevos de dragón, cuya estela se perderá a nivel de mar, o los llamativos y coloridos Crossettes. Tampoco Átomos ni diversas formas en tres dimensiones, y mucho menos Perlas blancas y Crisantemos, tras cuyo lanzamiento se ilumina la ciudad. Dos de los más demandados por el público, los Estroboscópicos y las Palmeras lloronas de Kamuro, «que gustan a toda la familia», no faltarán a su cita con Gijón, igual que los miles de personas que año tras año acuden al entorno de las playas de San Lorenzo y Poniente para verlos. Las palmeras preceden a los bombardeos finales, repartidos en fases encadenadas y ascendentes previas a la Descarga canguesa. El cielo se teñirá entonces de rojo y blanco, colores que acompañarán las secuencias piramidales de truenos de titanio, previas al terremoto final. La fiesta llegará entonces a su apogeo, esperando ya aplausos y vítores.

Las ganas de fiesta, pese a la resaca de casi una semana de frenética actividad en la ciudad en honor a su patrona, son grandes y tan solo podrían empañarse por el tiempo. Los gijoneses y los visitantes miran las previsiones que, este año, son esperanzadoras. «El frente se ha retrasado», advirtió el concejal de Festejos del Ayuntamiento, Jesús Martínez Salvador, quien anunció los resultados del estudio que encargaron a la Agencia Estatal de Meteorología: «Pedimos información muy concreta, centrada en la bahía y entre las once de la noche y la una de la madrugada y nos remitieron que habría cielo nuboso, que la visibilidad será igual o superior a 5.000 metros y que el viento será de oeste y noroeste entre los 4 y los 12 kilómetros hora».

Pirotecnia Pablo trabajaba ayer en los preparativos de la gran fiesta de luz y sonido de Gijón. Por eso temporalmente no se puede acceder al Cerro de Santa Catalina; porque a pocos metros del Elogio del Horizonte, ocupando 150 metros de largo, se lanzarán 5.007 artificios en 60 tandas; un total de 960 órdenes de disparo se encargarán de colorear el firmamento. En media hora se despachará un trabajo que lleva tres semanas de diseño, otras dos de elaboración y montaje previo y dos jornadas de trabajo sobre el terreno, en el que han participado 18 personas. El Restallón, por su parte, se lanzará desde siete puntos, combinando los truenos con pequeños retazos de la bandera gijonesa. El día de Begoña sonará a lo grande.

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