La «precariedad» de los mejores MIR asturianos

García Pallero con uno de los niños que atendió en Tanzania. / E. C.

Marian García, neurocirujana gijonesa, recibe el premio fin de carrera del colegio de Madrid pero sólo tiene un contrato de guardias y valora abandonar España

GLORIA POMARADA GIJÓN.

La gijonesa María Ángeles García Pallero aprovechó los cinco años de residencia en la unidad de neurocirugía del hospital madrileño de La Princesa para formarse en los tres pilares de la medicina: conocimientos, habilidades y humanismo. Publicaciones en revistas científicas, voluntariados médicos en Tanzania y prostíbulos gijoneses o ponencias en congresos son las experiencias que acreditan sus trece páginas de currículo. Una trayectoria que la ha hecho valedora de uno de los cuatro premios fin de carrera que otorga anualmente el Colegio de Médicos de Madrid.

El galardón que sella la excelencia acumulada durante más de diez años de estudio llegaba la pasada semana a la par que sus primeros pasos como neurocirujana en la sanidad pública. Desde junio, García Pallero cubre las guardias del servicio en el HUCA. Un «contrato precario», cuenta, que la mantendrá hasta el 30 de septiembre en Asturias. «Cuando acabe no sé si podré seguir aquí o me tendré que ir de España o a otra comunidad».

La neurocirugía es una de las «superespecialidades» con menor tasa de desempleo, según un estudio elaborado este año por la Organización Médica Colegial (OMC) y la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM). No obstante, García Pallero recuerda que, cada año, acaban el MIR en neurocirugía «unos cuarenta o cincuenta profesionales y no se jubila tanta gente. O cogemos contratos de guardia o la gente se tiene que ir fuera», lamenta.

Más allá de septiembre, esta gijonesa de 34 años tiene claro que continuará su formación. Desde 2014 cursa el doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid, con una tesis sobre tractografía en cirugía de la epilepsia. «Es una técnica de imagen en resonancia magnética que lleva pocos años, estoy estudiando la utilidad del diagnóstico antes de la cirugía», explica.

Algunas de sus investigaciones se han publicado en cinco revistas científicas nacionales e internacionales, un motivo de «orgullo por el trabajo que llevan». «En la Revista Europea de Columna publiqué dos casos únicos de patología de columna, casos raros que tuve durante la residencia en el hospital», explica.

Voluntaria en Tanzania

Su vocación investigadora se complementa con una vertiente solidaria. A lo largo de sus años de estudio, primero en la Universidad de Oviedo y después en Madrid, Marian ha ejercido como voluntaria en diversas entidades. «Durante la carrera estuve en Médicos del Mundo, enseñándoles a las chicas que trabajaban en prostíbulos de Gijón cuestiones de salud reproductiva», cuenta. Hace dos años, en noviembre de 2015, se desplazó hasta el hospital Mnazi Mmoja, de Zanzíbar (Tanzania) con la Fundación Neurocirugía, Educación y Desarrollo (NED).

«Es un hospital que construyó la fundación y suelen ir misiones desde España casi todos los meses», explica. «Los quirófanos son más rudimentarios, las cosas las tenemos que llevar nosotros desde aquí, hay instrumental que ceden los propios hospitales españoles e incluso las casas comerciales. Nos ayudan anestesistas y enfermeros locales, aunque también también van españoles, se trata de formar a los de allí», relata. En su misión, ella fue una de las dos únicas neurocirujanas que viajaron al país. En total, hicieron frente a una veintena de intervenciones neuroquirúrgicas. «Estuvimos de ocho de la mañana a ocho de la tarde operando, no hubo tiempo para turismo, fue un intensivo».

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