«Toda precaución que se tome en el mar es poca, hay que concienciarse»

Jorge Fernández Alonso, en la base del Helimer Cantábrico en El Musel. / JORGE PETEIRO
Jorge Fernández Alonso, en la base del Helimer Cantábrico en El Musel. / JORGE PETEIRO

Jorge Fernández Alonso, Comandante del Helimer Cantábrico y jefe de la base: «Saboreo mi profesión porque soy consciente del esfuerzo que me ha costado, con años trabajando como buzo y en la construcción»

OLAYA SUÁREZ GIJÓN.

Jorge Fernández Alonso es el jefe de la base del Helimer Cantábrico, en El Musel, y el comandante que pilotaba la aeronave durante la intervención en el hundimiento del pesquero 'Gure Uxua', en la que fueron rescatados los doce tripulantes, con vientos de hasta 100 kilómetros por hora y olas de ocho metros de altura. Este piloto apasionado, natural de Ciaño (Langreo), fue buzo profesional antes de ponerse a los mandos del helicóptero de Salvamento Marítimo.

-¿Lo suyo ha sido vocacional?

-De muy pequeño quería ser astronauta y luego con los años ya me decanté por ser piloto, aunque cuando de joven lo decía por Ciaño me tomaban por loco. Ha sido muy vocacional y para conseguir llegar hasta aquí he tenido que trabajar mucho, pero también tener un poco de suerte para que todo se fuese colocando y avanzando. Me saqué el título de piloto con los ahorros del trabajo de muchos años en el sector de la construcción y como buzo profesional y también gracias a un crédito en el que me avalaron mis padres.

-No ha sido un camino de rosas.

-Saboreo más mi profesión porque soy muy consciente del esfuerzo que me ha costado llegar hasta aquí. Cuando trabajaba como buzo y venía a El Musel a las campañas del ocle pasaba por delante de la base de Salvamento Marítimo y siempre pensaba: ojalá pueda estar algún día aquí. La satisfacción a día de hoy es muy grande.

-Les conocen como 'Los héroes del Cantábrico'.

-Notamos que la ciudadanía nos tiene aprecio y que valora nuestro trabajo. Nos ven como un servicio ligado a los marineros y pescadores que se ganan la vida en la mar, en condiciones muy complicadas, tiene una connotación de esfuerzo y agradecen que nosotros estemos allí para ayudarles. La verdad es que nos sentimos muy queridos y respetados.

-En el último año no han parado de recibir premios y felicitaciones. ¿Se les subirá a la cabeza?

-(Risas). No, para nada. De lo que estamos más orgullosos estamos es de que la intervención en la embarcación 'Gure Uxua' haya sido exitosa, pero no por los premios, sino porque conseguimos rescatar con vida a todos los marineros en condiciones muy desfavorables. Ese es el mayor premio, aunque que una entidad de tanto nivel como la Organización Marítima Internacional (OMI) haya reconocido nuestra labor es un acicate, estamos muy contentos por esa distinción y por todas las que nos han llegado en el último año.

-Alguna intervención que le haya marcado desde que llegó a Gijón en 2006.

-Cualquiera que no tenga un resultado positivo. Hay veces que por mucho que queramos hacer no hay supervivientes cuando llegamos al lugar.

-¿Cómo se distancian de la tragedia para que no le afecte en lo personal?

-En este trabajo no solo pasamos continuamente exámenes técnicos, también tenemos revisiones psicológicas cada año. Y no solo para estar nosotros bien, sino también para saber cómo tratar a las personas que rescatan que se encuentran, probablemente, en uno de los peores momentos de sus vidas.

-¿Ven muchas imprudencias en la mar?

-Hay de todo, pero es indispensable que la gente se conciencie de que hay que estar preparados. Siempre decimos lo mismo: las personas que se encuentran en apuros deben mantenerse con vida hasta que nosotros lleguemos. A partir de ahí, la situación depende de nosotros, pero no podemos hacer nada si por ejemplo van sin chalecos, no tienen bengalas o no permanecen juntos en una lancha salvavidas. Lo que no se entiende es que por ejemplo un pescador de roca se gaste mucho dinero en una caña y luego no lleve un chaleco salvavidas que te cuesta veinte euros... En el mar cualquier precaución es poca.

-¿Cómo lleva la familia el riesgo que entraña su profesión?

-Al final se acostumbran. Además nuestra principal preocupación es reducir los riesgos al mínimo posible. Para ello trabajamos con estándares concretos y con la tecnología más avanzada, para hacerse una idea, el Helimer tiene un coste de quince millones de euros. Y a eso se añade los altísimos sistemas de calidad de Babcock, la empresa para la que trabajamos y que presta servicio a Salvamento Marítimo.

-¿Cuáles son las peores condiciones para trabajar en un rescate?

-Por la noche y con lluvia y viento, donde es muy complicado mantener un punto de referencia. Aunque ningún rescate se puede plantear como fácil porque en cualquier momento se puede complicar.

-¿No piensa en un retiro dorado de piloto de helicóptero de recreo? ¿Algo más cómodo?

-No, mi vida profesional como piloto siempre ha estado ligada al rescate y así seguirá siendo. Me gusta lo que hago y me siento muy afortunado por ello.

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