Preciados, como la cuesta de Begoña

En prensa. La contraportada de EL COMERCIO del 2 de septiembre de 1959 recoge la noticia: «Ayer fue reanudada la ‘Operación Fernández Vallín’». /E.C.
En prensa. La contraportada de EL COMERCIO del 2 de septiembre de 1959 recoge la noticia: «Ayer fue reanudada la ‘Operación Fernández Vallín’». / E.C.

En 1959, Gijón intentó sin éxito implantar calles de sentido único para los peatones | La alcaldesa de Madrid plantea regular la circulación a pie por Sol al igual que se hizo durante unos días en la calle de Fernández Vallín

ÓSCAR PANDIELLO GIJÓN.

Los vecinos de Gijón que paseaban por el centro de la ciudad a finales de los años 50 se encontraron, de un día para otro, con una innovadora, polémica y a la postre, contestada medida que les impedía pasear entre Begoña y la plaza del Seis de Agosto de manera normal. Justo al comienzo de la calle Fernández Vallín, varios agentes de la Policía Local -ataviados con impoluta casaca blanca y pantalones negros- informaban a los viandantes sobre la nueva normativa local, impulsada por el gobierno del alcalde Cecilio Oliver. Para ascender caminando la cuesta de Begoña era necesario hacerlo por la acera de la derecha mientras que la de la izquierda, pegada a la oficina de Correos, era exclusivamente para descender.

Una medida similar, que en la actualidad podría resultar anacrónica, está suscitando polémicas reacciones en Madrid. De cara a la Navidad, la alcaldesa Manuela Carmena plantea que las calles más concurridas de la capital -las aledañas a Sol- tengan un sentido único de marcha. Así, para evitar aglomeraciones y situaciones peligrosas, la calle de Preciados será de salida hacia la plaza de Callao mientras que la del Carmen será por la que se entre en Sol.

Manteniendo las distancia histórica y urbanística entre los dos casos, ¿cómo acogió la ciudadanía gijonesa el cambio en una de las vías más transitadas de la villa? Según recoge la contraportada de EL COMERCIO del 2 de septiembre de 1959, la medida fue bautizada como 'Operación Fernández Vallín' y volvió al centro de la ciudad con «notable éxito de crítica y de público». Dice 'volvió' porque ya se había implantado de forma provisional unas semanas antes, aunque decidió interrumpirse hasta la fecha ya con vistas a mantenerse de manera «permanente».

La medida, según recogen las crónicas de la época, resultó un rotundo fracaso

Pese a las buenas formas con las que se acogió la medida en un primer momento, los problemas para recorrer unos pocos metros se hicieron patentes de manera inmediata. «El ciudadano disciplinado, que quiera excederse en el cumplimiento de su deber, puede verse obligado a notables rodeos. Supongamos, por ejemplo, un caballero alojado en el hotel Hernán Cortés que desea tomarse un café en la cafetería del mismo nombre, situada a pocos metros del portal de dicho hotel. Para no caminar a contramarcha, deberá ascender hasta Begoña, cruzar Fernández Vallín, descender a la plaza del Seis de Agosto, cruzar de nuevo y ascender por Fernández Vallín hasta la cafetería citada», ejemplifica el redactor de EL COMERCIO.

Antología de humor

De esta forma, la normativa de circulación fue perdiendo apoyo popular con el paso de los días. La situación de la calle -que comunicaba los cines de las calles Corrida y Moros (María Cristina, Robledo y Roma) con el Hernán Cortés, Arango, Jovellanos y la sala de fiestas Acapulco- generó aglomeraciones que difícilmente eran controladas por los agentes. Pese a ello, dos días después la medida se hizo extensible a la calle Jovellanos, como se indica en la edición del decano del 4 de septiembre del mismo año.

«La 'Operación Fernández Vallín', que ha conquistado el derecho a figurar en la antología de humor sobre la circulación a pie por las ciudades, no solo sigue su marcha, sino que ha dado un avance hasta extender sus tentáculos a otras calles gijonesas. Se necesitaría más de un Hitchcock para pulsar el estado de suspense que viven los viandantes gijoneses y es que la extensión de la leviatánica 'Operación Fernández Vallín' alcanzó ayer la calle Jovellanos», se relata en la noticia.

Sin embargo, según explica el fotógrafo Juan Martín Merino 'Juanele' al blog Gijón en el Recuerdo, «a la salida de los cines los guardias no pudieron con la gente y aquello duró muy poco». Fue el fin, por tanto, de una polémica medida que en unos días revivirá en la gran urbe.

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