Preparados, listos y... a volar

Once equipos asturianos y sus locos inventos se preparan para competir por el oro en el 'Día de las Alas'. Será el próximo domingo en el Puerto Deportivo de Gijón

Despegue sportinguista Gijón. Miembros: Ismael Arias, Rodrigo Fernández, Héctor Pérez, Eliezer Ortego y Víctor Piñera./E.C.
Despegue sportinguista Gijón. Miembros: Ismael Arias, Rodrigo Fernández, Héctor Pérez, Eliezer Ortego y Víctor Piñera. / E.C.
LAURA SAIZ

Cuenta atrás para uno de los eventos más esperados del verano. Una competición hecha a medida para los fanáticos de RedBull, los aficionados a todo cacharro que se mueva y vuele y, en especial, para todos aquellos que quieran echarse unas risas y disfrutar de un domingo distinto en el Puerto Deportivo de Gijón. Es el 'Día de las Alas', una prueba en la que treinta equipos y sus ingeniosas creaciones saltarán desde una plataforma al mar a partir de mediodía. El equipo que más metros logre volar será el ganador. Una rampa que se eleva seis metros sobre el nivel del mar y un recorrido de veinte metros de distancia separan de ese triunfo, y de un buen piñazo, a los participantes en esta divertida aventura que ya ha conquistado cientos de ciudades por todo el mundo. Asturias, como emplazamiento anfitrión de la competición, tiene altas posibilidades de éxito. Y no lo decimos nosotros, sino la matemática, ya que son once los equipos regionales que compiten por llevarse el oro y conseguir ser el aparato volador que mayor distancia recorra, además de el más original.

Se podrán ver volando por los aires, o intentándolo, un escudo del Sporting, una nave de Power 'Dangers', un Madreñogiro -en su versión 2.0-, una locomotora que vale tanto para el aire como para el agua, una vaca roja a prueba de golpes, un dragón nadador, un cañón, una alfombra mágica, una botella de sidra que emula ser la Saeta del Caballero Furaco, incluso una chalana. Y, para rematar, el avión característico de la patrulla canina. Este último grupo ofrecerá precisamente «espectáculo puro y duro», como afirma su capitán, Ángel Calvo. En cambio, la mayoría han buscado temáticas que representen la región, por aquello de hacer patria.

De entre todos ellos -y los foráneos- no sabremos hasta este domingo quién es el ganador, pero lo que está claro es que estos asturianos están dando lo mejor de sí. Los hay que ya andan «un poco nerviosos, pero con mucha ilusión», como confiesa Alejandro Menéndez de 'Pteronadador'. Para otros como José Ceballos, capitán de 'La Loco Voladora', «ahora ya va costando más dormir». Luego está Raúl Barrera, que afirma tajante que ellos no están nerviosos. De modo que tanto el equipo como su vaca colorada deben estar hechos de otra pasta. Aunque para pasta la que se están gastando en construir los cacharros voladores. Menos mal que muchos de ellos cuentan con patrocinadores por doquier, un par de manos extras y ganas de pasarlo bien. Además, los hay que tienen un arma secreta como Tanais Menéndez, del 'Madreñogiro 2.0', que afirma que «la cinta americana es muy dura», o María de Arquer, piloto de 'La Alfombra Mágica'. «Nosotros pertenecemos a la asociación de drones de la Universidad de Oviedo», asegura. Vaya, que volar es lo suyo.

Los autos locos aún necesitan una última puesta a punto. Son solo remates finales, pero las horas pasan y el tiempo no espera. Algunos tienen que probar y encajar las alas, que, desde luego, es lo que más de cabeza les trae a todos. Otros necesitan pintar su divina creación y, sobre todo, probarla, porque, aunque los pilotos sean conscientes de la caída, nunca está de más ver lo que se avecina y asegurarse de «llegar lo más lejos posible y que el equipo este preparado para empujar al piloto», alerta Daniel Hevia, capitán de los 'Power Dangers'. Dos meses y medio de trabajo llevan todos los concursantes acumulados a sus espaldas, pero, en palabras de Iván Fernández, de la Orden del Caballero Furaco, «no es un trabajo tan duro como parece, pero hay que saber hacerlo». Y es que ya lo dice el refrán: el saber no ocupa lugar, no como los aparatos voladores. De dos a ocho metros de largo es lo que pueden llegar a medir. Un pequeño impedimento para los equipos cuando tengan que transportarlos desde los respectivos talleres hasta el puerto. Menos mal que la organización los tiene bien provistos de energía con esos brebajes suyos, que les dan alas. Y, mientras que los participantes ponen todo su tiempo, su energía y su creatividad, una boya marcará el récord mundial, de 78 metros, conseguido en California. El espectáculo es gratuito.

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